Después de ofrecer desde nuestra Eclesalia mis años de experiencia educativa (Eclesalia, 27/06/11) recibimos multitud de correos, todos cargados de buenos deseos y algunos pidiendo mi currículum. He tenido dos entrevistas de trabajo y en la primera se fraguó el contrato para el próximo curso.

Justamente Jairo del Agua ya ha colgado en su blog la segunda parte del escrito que me dedicó. Este lleva el subtítulo “Las mejores empresas”. Permíteme, Jairo, que se lo dedique yo al colegio de La Presentación en el que empezaré a trabajar en septiembre.

Paz y bien.

¿QUIÉNES SERÁN LOS MEJORES? II
Las mejores empresas
JAIRO DEL AGUA, autor del libro “Meditaciones desde la calle” de ediciones Khafjairoagua@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 15/07/11.-Se viene considerando que el máximo beneficio distingue a una empresa como la mejor. No será así en el futuro. El beneficio no será la finalidad de las empresas líderes, sino la consecuencia de una nueva prioridad: «El servicio al hombre». ¡Claro que el beneficio será necesario! ¡Pobres de nosotros si no somos capaces de merecerlo! Pero no importará tanto la cantidad cuanto la calidad y suficiencia para conseguir el fin primario de servicio al hombre.

A tres grupos de hombres sirve una empresa: a sus trabajadores, a sus clientes y a sus accionistas o propietarios. En la medida en que una empresa, grande o pequeña, consiga satisfacer las necesidades -no sólo materiales- de estas personas, mayor será su solidez.

He aquí el primer factor de éxito: la SOLIDEZ, base de la permanencia, la estabilidad y la seguridad. Hasta ahora se había pensado que la solidez financiera era la mayor garantía de futuro. Los «tiburones» contemporáneos y la experiencia nos harán dudar de ese principio. La auténtica solidez está en las personas, en su adhesión, en su fidelidad, en su fuerza corporativa. Ellas son las autenticas raíces y troncos que alimentan y sostienen las empresas. Los frutos -beneficios- son consecuencia natural de la buena salud del árbol pero pueden circunstancialmente disminuir o faltar.

Otro factor de éxito es la JUSTICIA SOCIAL, imprescindible como la savia que, recorriendo todo el árbol y alimentado cada parte, da vida al todo. Es el factor de equilibrio entre los tres grupos de hombres y sus respectivos intereses. Los de la clientela y los trabajadores son bastante convergentes. Una gran mayoría de clientes da más importancia al «trato» que a los «precios» si no son abusivos. Algunas empresas líderes ya lo han visto. El interés de los accionistas puede ser más divergente.

Harán falta inteligencia e imaginación para conseguir la preferencia de los accionistas por el «valor oro» de la entidad: sus hombres (trabajadores y clientes) y, con ellos, la seguridad y la continua revalorización. La mejor forma de construir una convergencia de intereses es que los accionistas sean al mismo tiempo clientes o trabajadores.

Y un tercer factor de éxito: Que la dirección la ejerzan AUTÉNTICOS LÍDERES. El futuro no está en la «caza de cerebros», ni en los personalismos deslumbrantes de los «yupies» de moda. El futuro está en conseguir mejorar y movilizar a todos los hombres. No se puede fabricar un buen coche sólo con las mejores piezas. Es necesaria una ingeniería avanzada que consiga hacerlas funcionar armónicamente con el menor desgaste.

En los grupos humanos también es imprescindible un buen ensamblaje, sincronía, lubricación y refrigeración adecuados a la naturaleza de sus piezas (personas), para conseguir avanzar hacia los objetivos del grupo. Para ello hacen falta personas capaces, sí, pero capaces sobre todo de servir, entregarse, amar y defender a sus equipos humanos. Y equipos humanos dispuestos a hacer lo mismo por sus clientes. El nuevo directivo será básicamente una persona madura y equilibrada, capaz de convertirse en animador, comunicador y servidor, aunque necesitará, evidentemente, las experiencias y conocimientos profesionales adecuados.

En palabras de Claude ROUYER: «En un porvenir más próximo de lo que se cree, las sociedades (en general) y las empresas (en particular) que registrarán los mejores perfeccionamientos serán las que hayan sabido poner al hombre en el centro mismo de sus preocupaciones».

Jean DENIZET analiza «el milagro japonés» menos en términos financieros o industriales, que en términos de relaciones humanas en la empresa. William OUCHI, en su libro «La teoría Z», recoge el mismo eco. Y Thomas PETERS, en el libro «El precio de la excelencia: Los sectores de las mejores empresas», describe las ocho prácticas fundamentales de las empresas mejor gestionadas, de las que cinco tocan de cerca las relaciones humanas.

Finalmente, para no alargarme, Marc CLAIRVOIRS bajo el título «De oficio: Patrón», escribe:

«Los patronos ya no son lo que eran… Encontramos ante todo unos animadores, que cuidan de la perennidad y desarrollo de su empresa, pero también de la alegría de su gente, comenzando por sí mismos… En esta concepción dinámica y deportiva del oficio de patrón, la gerencia de los hombres tiene un rol esencial… En esas condiciones, todo se juega con la calidad de la motivación que el patrón logre insuflar a su alrededor… El patrón fija la estrategia, pero a continuación debe esforzarse por obtener un consenso, hacer compartir su entusiasmo… No es de extrañar que las relaciones humanas absorban una parte importante del tiempo de los patronos… Se dibuja un universo de valores comunes a todos los patronos modernos:

– La apertura a los otros y al mundo.

– La aceptación de la duda y la humildad ante los hechos.

– Una política de comunicación y de puerta abierta al interior de la empresa: escuchar incluso lo que no se ha dicho; y, todavía más, tener el cuidado de hacerse interpelar.

– El «leadership», noción que significa a la vez carisma, valor de ejemplo y credibilidad: arrastrar a la gente sin aplastarla.

– Finalmente, el coraje necesario para tomar decisiones solo, aceptar los riesgos y, eventualmente, reconocer que se ha equivocado».

Estoy convencido de que todo esto es ya un presente en pañales, pero en el futuro éste será el imprescindible camino de la tan ansiada «excelencia», aplicable también a la denostada política y a la avejentada religión.

Se buscan, con demasiada frecuencia, las apariencias más que la autenticidad. El futuro que describo nos llevará a una mayor autenticidad que será segura garantía de éxito. Pero nunca llegará para las empresas y grupos que no empiecen a construirlo hoy, porque la calidad de los hombres está sometida al factor tiempo y a los mejores no se les podrá comprar con dinero. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Para más informaciónhttp://blogs.periodistadigital.com/jairodelagua.php