“No tengáis miedo, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo:
Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor”
(Lc 2,10-11).

ES NAVIDAD
CARMEN HERRERO MARTÍNEZ, herrerocarmen63@gmail.com
ZARAGOZA

ECLESALIA, 02/12/24.- Es Navidad cuando descubrimos que todo en la vida es gracia, don gratuito del amor del Padre que nos ama hasta el extremo de enviarnos a su propio Hijo, tomando nuestra propia naturaleza, para salvarnos, para unirnos a él. Dios se encarna en la naturaleza humana, para que los humanos podamos acceder a la naturaleza divina. Como dice san Maximiliano el Confesor “Dios hecho materia, para que la materia sea divinizada”.

Es Navidad cuando renunciamos a nuestros individualismos y egoísmos, a nuestras comodidades y caprichos; cuando tomamos conciencia de la pobreza y soledad en la que viven muchos de nuestros hermanos en humanidad; cuando acariciamos a los niños abandonados sin hogar y maltratados, dejados a su suerte; cuando sabemos acompañar y escuchar a las personas mayores que no cuentan para nadie. Tener un pequeño gesto que humaniza, como es una mirada que reconforta, una palabra que alienta, una mano tendida que ayuda a recobrarla dignidad del ser humano, hijo de Dios, creado a su imagen y semejanza, salvado por Jesús encarnado, es el reflejo de la Navidad, del amor del Emmanuel.

Es Navidad cuando no entro en el mercado del consumismo frenético y soy responsable de mis compras, de lo que consumo pensando en los demás, sobre todo en los más necesitados, cuando pienso en la casa común, nuestra madre Tierra cuidándola y protegiéndola de todo cuanto puede dañarla y destruirla.

Es Navidad cuando nos asombramos al descubrir dónde Dios está presente, dónde se encarna, y en qué pesebre nace, sufre, vive y muere marginado. Es Navidad cuando, ante estas situaciones de miseria, que nos toca vivir diariamente, no nos quedamos con los brazos cruzados; sino que obramos desde el amor, la comprensión y generosidad. La Navidad nos lleva a la acción activa y creativa en favor de los más necesitados y marginados de la sociedad, a ser solidarios.

Es Navidad cuando vivimos en comunión los unos con los otros, cuando superamos las diferencias de raza, lengua, religiones y opciones políticas, y somos acogedores a la diversidad. Cuando el respeto, la tolerancia y la comprensión mutua la vivimos como una ley natural que nos une a todos los seres humanos por encima de cualquier diferencia. Porque la Ley propia del género humano es la LEY de amar y ser amado. ¿No es esta la verdadera Navidad? “Dios es AMOR”, y porque es amor se ha encarnado, para enseñarnos a amarnos los unos a los otros como él mismo nos ama. La Navidad es la construcción de la fraternidad universal, teniendo como guía al Emmanuel, al Dios-con-nosotros, principio y modelo de Fraternidad universal.

Es Navidad cuando recordamos, con amor y gratitud, a las “estrellas” que nos han guiado en el camino de nuestra vida para llegar a donde hoy nos encontramos, y ser lo que ,realmente, somos. Especialmente tenemos presentes a nuestros padres y familiares, educadores, amigos/as que nos han acompañado a lo largo de nuestro camino y de nuestra historia, ayudándonos acrecer en la fe y en sabiduría. Ellos y ellas están presentes, celebrando con nosotros la Navidad. Tanto los que nos preceden en el Reino como los que están lejos y los que están cerca, todos formamos ese coro de ángeles que celebran y cantan: “Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres que ama el Señor” (Lc 2,14).

Es Navidad cuando no nos dejamos llevar por la desesperanza niel desánimo ambiental; sabiendo descubrir y “crear” nuevas estrellas, que iluminen nuestro camino, impulsándonos a vivir con ilusión, con alegría y esperanza renovada en medio de los problemas sociales y económicos que nos tocan vivir.

Es Navidad cuando en medio de las dificultades de la convivencia sabemos poner un poco de humor que ayuden a superar los conflictos, cuando ponemos un poco de bálsamo para suavizar y curar las heridas. Es Navidad cuando no nos dejamos llevar del pesimismo y nos abrimos a la esperanza, confiados en los planes de Dios, porque es él quien conduce la historia personal y congregacional.

Es Navidad cuando nos dejamos conducir por la estrella de lo alto y por la estrella de tantos hombres y mujeres que luchan sin desmayo en favor de los demás para crear una sociedad donde reine la justicia, la fraternidad y la paz.

Es Navidad cuando optamos y luchamos por el cese de fabricación de armas, y somos creadores de paz y de concordia entre los pueblos y las naciones, erradicando toda clase de violencia, injusticia y conflicto armado.

Es Navidad cuando cuidamos a los enfermos, acariciamos y consolamos a los niños; cuando escuchamos a las personas mayores prestándoles toda la atención y respeto que se merecen. Cuando cuidamos de la familia y de los amigos.

Es Navidad cuando vivimos despiertos y conscientes de “a mí me lo hicisteis”, (Lc 25,40) que prolonga el Misterio de la Encarnación en cada persona con la que nos encontramos; más allá de los días de Navidad.

Navidad exige ponerse en camino hacia Belén, hacia el misterio de Amor, de Belleza y de Bondad que anida en lo más profundo del corazón del ser humano. Este es el camino real que la Navidad nos invita a recorrer. No vayas lejos de ti para encontrar a Jesús en un pesebre. Entra dentro de ti y lo hallarás. “Alma, buscarte has en Mí, y a Mí buscarme has en ti” (Santa Teresa de Jesús, poesía 8. Obras Completas, Editorial Espiritualidad, 1963. Madrid). Y san Agustín:“¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Tú estabas dentro de mí, y yo fuera, y por fuera te buscaba”. Tú mismo eres ese establo, ese pesebre en el que, realmente a Jesús le gusta nacer y entablar una relación de amistad contigo. ¿Estás dispuesto a acogerle? Sinceramente, ¿crees que le importas a Jesús y que él quiere ser tu amigo, tu Salvador? Si realmente crees estas verdades de nuestra fe y las vives, ¡es Navidad para ti! Y tú podrás ser Navidad para el mundo.

La Navidad no es, únicamente, unos días que el calendario litúrgico y civil nos proponen; no, la Navidad se prolonga a lo largo y ancho de todos los días del año, de toda la vida. Estamos llamados a descubrir la espiritualidad de la Navidad, el verdadero sentido teológico de la encarnación del Hijo de Dios. Dios se encarna para salvar al género humano en su integridad. Y, a la vez, desea que cada uno nosotros nos impliquemos en esta maravillosa aventura que es la Navidad: regalo, entrega incondicional para los otros al estilo del Emmanuel.

¡Feliz Navidad 2024-25! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia. Puedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

“Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor;
y es su nombre: Admirable, Dios, Príncipe de la Paz”
(Lc 1,13).