POR LA PAZ, EL DESARME Y LA JUSTICIA GLOBAL
Reflexionar, orar y actuar
PERSONAS, GRUPOS, COMUNIDADES Y MOVIMIENTOS CRISTIANOS DE BIZKAIA, bakeam31topaketa@gmail.com
BILBAO
ECLESALIA, 02/06/25.- En un mundo marcado por la creciente militarización, el rearme y la violencia, como cristianas y cristianos llamadas a ser constructores de paz, no podemos quedarnos indiferentes ante la realidad de la guerra y la injusticia. Toda nuestra tradición nos ha enseñado que la paz verdadera no se puede construir sobre los cimientos de la violencia ni de la exclusión. Nos llama a cambiar nuestra mentalidad y a rechazar las estructuras que perpetúan la violencia y la desigualdad, especialmente aquellas que buscan el poder y el control a través de las armas.
En estos días recordamos con agradecimiento y cariño al Papa Francisco, quien ha sido un incansable defensor del compromiso por la paz, frente a los caminos del miedo, la guerra y las armas. Resuenan especialmente sus palabras del Domingo de Resurrección sobre la imposibilidad de la paz sin un verdadero desarme, en contra de una carrera general al rearme y llamando a no ceder ante la lógica del miedo.
En su encíclica ‘Laudato Si‘, el Papa nos recordaba que el sistema económico actual, que prioriza el lucro sobre la vida humana, contribuye a una «economía que mata», donde las armas, el armamentismo y la violencia son vistos como soluciones, mientras que los recursos necesarios para el desarrollo humano y la justicia social se desperdician. Este sistema alimenta una cultura de violencia que sacrifica vidas inocentes y destruye nuestro hogar común, el planeta.
Vivimos en el contexto de una «cultura del descarte» que trata a las personas como objetos desechables cuando no encajan en el modelo económico y social dominante. En lugar de buscar soluciones pacíficas y humanas a los conflictos, el militarismo y la carrera armamentista son vistos cada vez más como respuestas legítimas no ya a la búsqueda de seguridad sino como medios para la reactivación económica. Esto no solo es un pecado contra la justicia, sino una grave ofensa a la dignidad humana que Dios ha otorgado a cada una de sus hijas e hijos.
Hoy estamos llamadas y llamados a reconocer esta lógica destructiva y a denunciarla. Debemos decir «no» al rearme, a la violencia que consume nuestros recursos y a la falsa promesa de seguridad que nos ofrecen las armas. Es hora de invertir en el desarme, en la educación, en la atención a las personas más pobres y vulnerables, en la construcción de puentes de entendimiento entre países y culturas y en la promoción de una cultura de paz basada en el respeto y la fraternidad.
El Papa Francisco nos ha invitado a un cambio profundo: a rechazar la lógica del descarte y del poder militar, y a abrazar una economía al servicio de la vida, donde la justicia social, el respeto por la dignidad humana y la protección del medio ambiente sean la verdadera medida de nuestra prosperidad. La paz no es simplemente la ausencia de guerra, sino el resultado de un compromiso continuo con la justicia y la vida para todas y todos. Este es el camino hacia una paz verdadera, que no solo es la ausencia de guerra, sino la presencia activa de justicia y amor en nuestras relaciones, nuestras decisiones políticas y nuestros compromisos globales.
Levantemos nuestras voces contra el militarismo y el rearme, exigiendo a nuestros líderes que elijan la paz y la cooperación sobre la violencia y la destrucción. Pongamos al ser humano y al planeta en el centro de nuestras decisiones. ¡Que nuestra fe y nuestra acción se unan para transformar este mundo! No podemos esperar más. El momento de actuar es ahora (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia. Puedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).
