UN TAL JESÚS DE NAZARET
Viernes Santo
MIGUEL ÁNGEL MESA, miguelmesabouzas@gmail.com
MADRID.
ECLESALIA, 03/04/26.- Oh Dios mío, Padre y Madre,
Misterio de bondad, de vida, de ternura…
Todos estos títulos se difuminan
en mi mente y mi corazón
cuando la noche del mundo continúa extendiéndose
como un manto de ti nieblas que todo lo abarca
y los dolores y sufrimientos de tanta gente inocente,
mujeres, hombres, personas ancianas, niñas, niños,
ascienden a los cielos del poder y la divinidad
sin que nada ni nadie responda a la desesperación,
la angustia y el sinsentido de millones de vidas
clamando hasta perder la voz y las lágrimas:
Es el desespero de las madres refugiadas
por no poder alimentar a sus hijas e hijos.
El terror de miles de migrantes
que por su color de piel son acosados
como animales en el país de la libertad.
La persecución y violencia contra las personas LGTBI+
en muchos países de nuestro mundo.
Los seres humanos ahogados en las aguas del Estrecho
o asesinados en tantas fronteras de nuestra tierra.
Las niñas y niños agredidos sexualmente
por personas adultas, muchas de su máxima confianza.
Las mujeres víctimas de violencia física y emocional,
degradación psicológica, injusticia, desigualdades,
incluso el asesinato, en un auténtico feminicidio a escala mundial.
Las guerras infames contra el derecho internacional,
por el control de las riquezas naturales,
por mantener o incrementar la dominación geoestratégica.
Los genocidios, el hambre que sigue matando a millones de personas,
la crueldad del narcotráfico, de las mafias de la trata de personas,
la profanación de los derechos humanos en los países
sometidos a feroces dictaduras,
muchas veces, con piel de corderos democráticos…
Es tanta la vesania que optamos por la ceguera
para no contemplar tanta locura e injusticia.
Aún así un rayo de luz ilumina el horizonte:
miles y miles de personas que no se dan por vencidas
y que en medio de la más absoluta oscuridad
se siguen entregando día a día a los demás,
con una dedicación tan absoluta y gratuita
que llenan nuestros corazones de una nueva esperanza.
Como también lo fue la vida de un tal Jesús de Nazaret.
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