PASCUA ES FEMENINO
Pascua 2026
JUAN ZAPATERO BALLESTEROS, zapatero_j@yahoo.es
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).
ECLESALIA, 06/04/26.- Con la misma fuerza que llega cada año la primavera para advertir a la naturaleza de que ya es hora de despertar y abandonar el letargo invernal, se presenta ante nosotros, también, la Pascua.
Y lo hace en silencio, sin ruido ni aspavientos, siguiendo en este caso, como no podía ser de otra manera, el estilo que Dios acostumbra a utilizar para manifestar su actitud salvadora, su hacer bondadoso, su presencia de padre-madre rebosante en misericordia y mostrándose como el/la mejor compañero/a de viaje en el caminar de cada día.
Porque la Pascua llega siempre al amanecer, ¡qué curioso!, cuando aún todo duerme y vela, siendo este un momento poco propicio para los triunfalismos, los vítores y los aplausos.
Con ello se nos quiere recordar que la Pascua es, ante todo, un acontecimiento mudo y sin palabras, pues no existen ni podrán existir nunca vocablos capaces de expresar la fuerza y la vida que esta realidad encierra.
Por ello, precisamente, el protagonismo de esta experiencia única no podía recaer en quienes ostentan la fuerza, el poder y la sabiduría, sino en quienes, desde la debilidad que les atribuyen los anteriores, desafían todos los miedos y amenazas que su intrepidez les pudiera llegar a acarrear.
Son, por tanto, ellas, unas mujeres, que se ponen en camino hacia el sepulcro, movidas no precisamente por dogmas y verdades que habían creído sobre que Él resucitaría, sino por la certeza de que las dosis inmensas de amor que de Él habían recibido no podían ser aniquiladas por la merte. Para ello no se hacen acompañar de ningún tipo de armas ni instrumentos con que poder disuadir a quienes les pudieran hacer frente. Llevan consigo, simplemente, unos perfumes y aromas, las mejores de casa o de la tienda del pueblo, con que ungir a Aquel de quien habían recibido tanto amor, cariño y dignidad, mientras le siguieron en vida. Sobre todo esto último: dignidad, mucha dignidad, la que por ser mujeres, precisamente, les habían negado a toda costa quienes ostentaban el «poder, la sabiduría y el orden».
Son ellas las que nos siguen recordando hoy que Jesús continúa vivo en los «sepulcros actuales», donde, precisamente para muchas de ellas, parece que todo es muerte y ya no tiene sentido la vida. Mujeres, entre otras, comprometidas con el mundo de la prostitución y otras tratas para sacar de semejante industria de muerte a quienes están psíquicamente muertas, a pesar de sus portes exteriores y, en apariencia, repletas de vida exuberante.
O aquellas otras que, sobre todo en lugares y circunstancias donde la muerte parece campar a sus anchas, tiran de la familia, no valiéndose precisamente del poder y del dinero, sino de su entrega silenciosa, abnegada y sin descanso.
Estas mujeres y otras muchas más son las protagonistas silenciosas de la Pascua de hoy y de siempre. Una «Pascua» que, curiosamente, es femenino, como femenino es también «vida».
Mujeres a quienes con tanta frecuencia se les hace la «pascua» más cruel e inhumana, sinónimo no de vida precisamente, sino de «muerte», tanto física como psíquicamente.
Por ello, hoy como entonces, sólo se puede comprender verdaderamente la Pascua desde un corazón de mujer. Entendido no como género, claro, sino como actitud vital y existencial de saber fiarlo todo, como antaño lo hiciera también otra mujer, María, aquella joven de Nazaret, al Dios que continúa hablando a través no de grandes discursos intelectuales, avalados por dogmas y verdades, sino de vidas sencillas, humildes y entregadas de cara a erradicar la muerte, promover la vida o, como mínimo, aplicar, al menos, algunas dosis de bálsamo en forma de acogida, comprensión y cariño (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia. Puedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).
¡Feliz Pascua!
-oOo-
