GONZALO HAYA PRATS, gonzalohaya@telefonica.net
MADRID.
ECLESALIA, 18/06/04.- Nuestras costumbres están cambiando a velocidad creciente. Las costumbres y sus fundamentos.
Lo indiscutible de ayer, hoy es dudoso o falso. Algo indiscutible ayer:“Madre no hay más que una”. Hoy puede haber dos o quizás más: la biológica -la que dio el óvulo- y la que te trajo al mundo (por no emplear una frase más castiza). Y sin hablar de clonación.
También en el terreno de la teología, o de la fe. Los exegetas están desmontando el puzzle de los evangelios y de las cartas. Son mosaicos montados con piezas de diversos autores y diversas fechas. ¿Qué es lo que realmente dijo Jesús?
Si todo cambia ¿dónde me apoyo?
¿En la fe? ¿Quién ha dicho que tengo que tener fe y en qué tengo que tener fe? ¿Habló Jesús de fe? ¿o de confianza? ¿Propuso ideas en las que creer? ¿o pidió confianza en el Padre? ¿Seguirle es cuestión de ideas o de actitudes?
Durante mi vida he encontrado muchas personas que creían en la Trinidad pero no en nuestros hermanos, y otras muchas que creían en los hermanos y no en la transustanciación eucarística. Tan verdad –o más- es que Jesús está en el necesitado como que está en la eucaristía.
La verdadera expresión del hombre no está en sus ideas sino en su comportamiento. Las ideas son positivas en la medida en que refuerzan los comportamientos positivos; son negativas en la medida en que los falsean. “Las palabras no nos sonrojan” decía Cicerón; “Las palabras no nos comprometen” diría yo.
Experimento una base más firme en la que apoyarme. En la que muchos pueden apoyarse. Lo que dice mi conciencia –su conciencia- y el comportamiento de Jesús. Coinciden como la llave y la cerradura.
Creo que el mismo Jesús nos orientó en esa dirección: “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”. No es que yo me considere limpio de corazón. Mis dudas vienen de mis telarañas. Es que veremos a Dios en la medida en que seamos limpios de corazón, no en la medida en que aceptemos una serie de verdades indiscutibles.
¿Qué hizo Jesús y qué me dice mi conciencia?
Sería muy largo de pormenorizar. Y no se trata de confeccionar un catálogo cerrado sino de experimentar el aliento del espíritu.
Si algo queda claro en los evangelios es la manera de comportarse Jesús ante la gente del pueblo, ante los enfermos, ante los ricos, ante los fariseos, ante los paganos…
La conciencia tampoco es un catálogo – como los penitenciarios medievales- con el que cotejar cada acción. La conciencia es una célula fotosensible: reacciona ante la luz y ante las tinieblas. No es letra sino espíritu.
Sólo destacaré los puntos cardinales que mi conciencia percibe en la vida de Jesús.
– “Pasó haciendo el bien” “los ciegos ven, los cojos andan… a los pobres se les anuncia la buena noticia”
– Practicó la religión de su pueblo, pero se enfrentó a los que anteponían la Ley -o los sacrificios- a la misericordia.
– Arriesgó su vida y fue crucificado por enfrentarse a los poderosos.
– Creyó en una vida después de la muerte aunque no dijo cómo sería.
– Estaba persuadido del amor del Padre y confió en él. Le invocó como Padre aun cuando se sintió abandonado.
Padre, esto es lo que creo que creo… y en tus manos encomiendo mi vida.
