LUCIANO ESTEBAN PERROTTI, lperrotti@topmail.com.ar
BUENOS AIRES (ARGENTINA).
ECLESALIA, 30/07/04.- Me motivaron estas líneas los diversos artículos que recibo, investigo y leo sobre cómo y qué debemos ser, pensar y buscar como cristianos. Asimismo, la desesperanza, la inquina y la lucha que se ven dentro y fuera de la Iglesia entre sus miembros no miden el daño que provocan en aquellos que durante varias décadas fuimos formados en esta Institución: hasta creer por momentos no saber donde uno esta parado, sin poder discernir si lo que plantean derechas e izquierdas es optimismo o pesimismo. ¿Hacia donde caminamos?…
Es una gran confusión que no permite pensar. Considero que la Iglesia de hoy, esta preocupada y ensimismada por reconocerse si pertenece a la ortodoxia o al progresismo, si la teología de la liberación es mejor o peor que la teología pre-concilio Vaticano II. Pregunto: ¿Que hago con todo lo aprendido durante 27 años de vida cristiana? Así fui educado. ¿Es realmente todo igual?
Les cuento que he padecido, si, pa-de-ci-do, tanto progresistas como ortodoxos recalcitrantes; unos me acusaron de inquisidor y conservador y los otros me mostraron su indiferencia, por ser o pensar algunas cuestiones en otro sentido. Ambos me dolieron en lo mas profundo del espíritu, ¿son ellos mi Iglesia? Y aun me digo, ¿dónde aprendí lo que sé sobre la Santa Iglesia Católica, los preceptos, los dogmas, derechos y deberes, el amor de San Francisco, y todo o gran parte de lo que soy?, porque observo que ninguno asume estas enseñanzas y las puertas se dan contra mi nariz. ¿Somos tan hipócritas que si uno escribe el latín es visto con un sesgo despreciante y/o al hablar en demasía sobre los pobres o conflictos sociales y económicos se es un teólogo tercermundista?
Hermanos, deben poner la casa en orden, no pueden salir a las calles gritando y peleando como si la Casa de Dios fuera un conventillo; el Martín Fierro de José Hernández nos enseña: “… los hermanos sean unidos, esa es la ley primera: en cualquier tiempo que sea, si entre ellos pelean, los devoran los de ajuera (afuera)… ”. Todos llenan sus bocas hablando sobre los hijos y hermanos de esta gran familia cristiana, pero se olvidan que poseemos sentimientos e historias personales muy marcadas a fuego en nuestros corazones. La Iglesia, el catolicismo ha caminado con los pueblos junto a Cristo y sus Santos; ellos son los que nos importan, ellos nos cobijaron, asistieron y son nuestros cayados sobre los que nos apoyamos. Los conflictos que gestan los hombres en medio de la humanidad divina nos producen dolor y sufrimientos. Un sufrir entre seguir amando u odiar; aceptar o rechazar.
No soy de derecha, ni centro, ni izquierda (soy consciente que no hay acto sin una impronta ideológico/política) en ese caso pertenezco a los feligreses que creen en Dios (ese que rezamos y alabamos en el Credo), en la factibilidad de ayudar a los desposeídos, en no cargar con las culpas del mundo y menos aun sabiendo que existen responsables, que una misa ordenada (nada de así como mejor salga) y esperanzadora son posibles, que la Fe es la Fe sin tantos rodeos. Si amo o respeto a Su Santidad, a un amigo, a un desconocido es pura Imitación de Cristo, que la tolerancia religiosa no es hacer o decir lo que te venga en ganas, y puedo seguir enumerando miles de hechos… Puedo ser rebelde y conservador porque no esta escrito en ninguna parte (y si lo estuviera, acabo de romper la regla) que son términos excluyentes.
Siento que cada día la Santa Iglesia pierde herramientas y sentidos que le son propios y muchos de ellos son insustituibles, porque ninguna otra institución nos los puede ofrecer. Se pierde en nimiedades o tal vez en una enormidad de tareas que descuidan sus funciones primordiales. Están en guerra y muchos de nosotros no queremos participar de una lucha que no hemos creado; y como siempre, quedamos en medio de este mare magnum horroroso los que buscamos la Paz, la Justicia, la Tranquilidad, y la Espiritualidad. Se que cada uno de nosotros puede justificar e interpretar los términos que cite; pero ustedes comprenden a que me refiero. No necesito una cátedra sobre ellos. Lucho por ellos cada día, desde mi profesión, mi trabajo, con mi comunidad.
Es muy probable que muchos no quieran o puedan entender mis extensas líneas, pero les aseguro que solo Dios sabe las lagrimas derramadas y oraciones dedicadas a Él. Sobre todo no imaginan las maravillosas respuestas reales y vividas que uno recibe del Altísimo. Por eso, detesto y me molestan estos juegos de hombres imperfectos que alzan la voz, la espada y acuñando el escudo de Cristo, se ocultan tras Él, sin poder ver los sensibles y frágiles que somos y el daño que nos causan.
No es, ni fue mi intención haber querido molestar a nadie, simplemente comentarles algo que muchos piensan y no dicen. Es tal vez una realidad que se ve muy a menudo en mi amada Patria (Argentina). Los respeto a todos, pero seamos mas humanos, dejemos ver nuestra naturaleza divina.
Finalmente, les dejo un extracto de una obra de teatro de Armando Discepolo titulada «Babilonia» que dice: «… vivimos en una ensalada fantástica; ¡Jesu, que babilonia!, señores habitantes, que cada cual se agarra con las uñas que tiene, la cuestión es agarrarse…».
[1][1] Comisión Episcopal de Fe y Cultura (1993) Eucaristía: Evangelización y misión, Buenos Aires, pag. 26.
[2][2] Agradezco a José Luis la inspiración (con sus dibujos) y el permiso para utilizarlo en este articulo. Publicada en: Cortes, José Luis (2003) Un Dios llamado ABBA. PPC, Madrid.
[3][3] Según el Diccionario Enciclopédico Espasa Calpe, PATERA: plato de poco fondo de que se usaba en los sacrificios antiguos.
[4][4] Tomado de la edición del diario Clarín del día 18 de abril de 2004, pagina 18.
[5][5] Para esta perspectiva, puede ser interesante el articulo de Andrés Torres Queiruga, “Creer de otra manera”. Publicado enwww.servicioskoinonia.org.
[6][6] Convocatoria de los Obispos al Xº Congreso Eucarístico Nacional. Texto Base, Oficina del Libro. Buenos Aires, 2003.
[7][7] San Juan Crisóstomo, Homilías sobre san Mateo, L, 3-4: PG 58, 508-509.
[8][8] Ver cita 1.
