TODO TIENE SU MOMENTO DE GERMINAR
Relectura de Mt 13,1-23
IÑIGO GARCÍA BLANCO, Hermano Marista, i.garciablanco@gmail.com
SIRACUSA (ITALIA).

ECLESALIA, 24/07/26.- Aquel día Jesús salió de casa y se sentó junto al mar.

Hoy volvería a hacerlo. No junto a un lago tranquilo, sino a orillas del Mediterráneo. Un mar que fue cuna de civilizaciones y que demasiadas veces se ha convertido en frontera, fosa común y archivo de nombres que nunca llegaron a pronunciarse.

Y comenzó a hablar diciendo: – Un sembrador salió a sembrar humanidad.

Mientras sembraba, algunas semillas cayeron sobre las aguas del miedo. Allí donde las políticas levantaron más muros que puentes, donde el silencio fue más fuerte que el derecho y donde el cálculo político pesó más que una vida humana. Las olas las cubrieron rápidamente y nadie quiso preguntar quiénes eran.

Otras semillas cayeron sobre las cubiertas de embarcaciones de rescate. Allí encontraron manos que no preguntaban primero de dónde venían, sino si todavía respiraban. Encontraron mantas antes que interrogatorios, agua antes que sospechas, nombres antes que números. Y comenzaron a germinar.

Otras semillas cayeron entre la indiferencia. Crecieron durante unas horas en titulares de prensa, pero los discursos del miedo y el cansancio de las conciencias terminaron por ahogarlas.

Pero otras muchas cayeron en tierra buena.

Cayeron en quienes siguen saliendo al mar cuando otros apartan la mirada.

En quienes sostienen un teléfono de emergencia durante la noche.

En quienes ofrecen un puerto seguro.

En quienes acompañan durante años a un menor extranjero para reconstruir una vida.

En quienes abren una casa donde antes solo había incertidumbre.

En quienes creen que ninguna persona es ilegal.

Y dieron fruto.

No porque el mar dejara de ser peligroso. No porque desaparecieran las guerras. No porque terminaran las mafias. Sino porque alguien decidió no dejar morir la humanidad.

Entonces Jesús añadió:

Quien mire el Mediterráneo y solo vea una frontera, todavía no ha comprendido el Reino. Quien mire una patera y solo vea un problema administrativo, aún no escucha la voz del Evangelio.

Quien contemple una operación de rescate y descubra un sacramento de la compasión, empieza a entender cómo Dios sigue sembrando.

Porque el Reino no germina en los despachos donde se calcula cuántas vidas resultan asumibles.

El Reino germina allí donde alguien se niega a aceptar que el mar sea un cementerio.

El Mediterráneo no puede seguir siendo un cementerio de relatos, de nombres olvidados y de vidas silenciadas.

Está llamado a volver a ser un puente entre pueblos, un lugar donde la dignidad llegue antes que las fronteras y donde la solidaridad tenga siempre la última palabra.

Cada rescate es una semilla.

Cada abrazo al desembarcar es una semilla.

Cada voluntario. Cada educador. Cada tripulante.

Cada familia que acoge. Cada ciudadano que se niega a acostumbrarse.

Todo tiene su momento de germinar.

También la humanidad.

Y quizá el Reino de Dios ya esté brotando silenciosamente sobre la cubierta de una embarcación que lleva un nombre profundamente evangélico: SOS Humanity (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia. Puedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).