EL DINERO DE LA IGLESIA, DINERO DE LOS POBRES
SOMOS IGLESIA – VALLADOLID, 15/09/01
VALLADOLID.
En la Iglesia de Valladolid nos encontramos con una gran cantidad de inmuebles ( 500 templos y edificios) y recursos humanos (300 sacerdotes) necesitando mucho dinero para mantenimiento de edificios, pago de salarios, gastos de solidaridad local, nacional e internacional, gastos de la acción pastoral, etc. Todo esto implica una administración económica similar a una mediana-grande empresa.
Jesús de Nazaret inició con un pequeño grupo de mujeres y hombres un movimiento religioso renovador dentro del judaísmo. Fue el germen de las iglesias cristianas. Les hizo varias veces las siguientes recomendaciones cuando les enviaba a predicar: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni bolsos, ni pan, ni dinero, ni llevéis dos túnicas» (Lc.9,3s). «No llevéis bolsa, ni sandalias… comed y bebed lo que os sirvieren, cuidad a los enfermos, sed portadores de la paz y decid que el Reino de Dios está cerca»(Lc.10,3s). Cuando un voluntario se ofreció a unirse al grupo le advirtió: «Las raposas tienen cuevas y las aves del cielo tienen nidos, pero yo no tengo donde reposar la cabeza» (Lc.9,57).
Dentro de este estilo de vida evangélica, de austeridad como los más sencillos, y haciendo un esfuerzo por adaptarnos a la realidad actual salvando los veinte siglos de distancia, la CORRIENTE SOMOS IGLESIA de Valladolid proponemos que:
1. Las instituciones y los trabajadores de la Iglesia vivamos de los recursos y cotizaciones entregados por sus miembros y simpatizantes; los medios y bienes que utilicemos sean austeros teniendo en cuenta, además de nuestro entorno inmediato, la realidad de un mundo en que más de la mitad de las personas pasan hambre. Creemos que recibir del Estado presupuestos especiales los gastos de la Iglesia o gozar de privilegios y exenciones fiscales de impuestos a través de negociaciones con el Estado no nos parece ni adecuado al Evangelio, ni respetuoso con los miembros y demás instituciones de una sociedad democrática y plural.
2. El dinero que tenemos en la Iglesia es de todos sus miembros y de los necesitados. La administración tiene que ser trasparente. Todos los pertenecientes a la Iglesia debemos poder participar en la administración, en la elaboración de los criterios de gastos y adquisición de recursos, etc.. Se deben realizar informes de gestión, publicar las cuentas anuales detalladas, hacer auditorías periódicas como sucede en cualquier institución de la sociedad y facilitar a su conocimiento a cuantos lo deseen. Las relaciones de comunión en el interior de la Iglesia tienen que ser más trasparentes y fraternales que en la sociedad democrática.
3. No es suficiente que el dinero recibido para prever gastos y para la solidaridad esté colocado en entidades legales. Todos sabemos que los bancos, cajas y demás entidades financieras destinan el dinero depositado en las inversiones más rentables posibles que con frecuencia coinciden en empresas de fabricación de armamento, o que no respetan el medio ambiente o los Derechos Humanos, evaden gastos sociales explotando a niños, mujeres o presos o hacen inversiones especulativas, juegos en la bolsa, etc.. De esta forma nuestros ahorros y el de nuestras iglesias son utilizados en contra de lo que se predica.
Debemos controlar nuestro dinero ahorrado exigiendo que se destine en inversiones éticas, en empresas que paguen salarios justos, además de respetuosas con el medio ambiente, que creen puestos de trabajo y favorezcan a toda la sociedad. En la Iglesia tenemos razones más profundas para invertir en fondos éticos y no solamente legales.
La Iglesia Anglicana, en Gran Bretaña, desde los años 80 exige a los bancos informaciones comerciales de las empresas y de los fondos en que se coloca su dinero y que se haga siempre en inversiones éticas. Algunas Ongs, organizaciones solidarias e incluso entidades financieras están creando fondos de inversión llamados éticos, verdes o solidarios con una rentabilidad adecuada. De esta manera contribuyen a impulsar una economía más justa al servicio de las personas y no únicamente de la pura rentabilidad.
4. Que se revise y se debata dentro de la Iglesia y con la sociedad cómo mantener nuestro patrimonio artístico-cultural acumulado de tantos siglos. Resulta una pesada carga que obliga a hacer grandes esfuerzos económicos y humanos tan necesarios en la pastoral y en la solidaridad. Nos encontramos muchas veces obligados a ser una sociedad de conservación del mayor patrimonio artístico de la provincia y de España mientras que miles de millones de pobres en el mundo tienen la necesidad, mucho más urgente, del derecho primario a vivir o a vivir dignamente
Gema Muñoz (983-262.950). Goyo González (983-134.527). José Centeno (983-278.383)
