21/11/03. A pesar de la ferviente oración de Jesús al borde de su muerte “que todos sean uno”, entre la gente mejor informada existe la convicción de que la Iglesia Católica está atravesando en este comienzo de siglo una de las crisis mayores de su historia. Esta crisis, perceptible en todos sus aspectos visibles, se hace más clamorosa en  relación con la cultura actual y la racionalidad empírica. Sin necesidad de describir aquí lo que para todos es manifiesto, resulta particularmente alarmante la divergencia que la Iglesia oficial mantiene con la investigación y las ciencias técnico biológicas. Los sondeos de opinión demuestran hasta la saciedad la distancia que en este aspecto mantienen la mayoría de los cristianos católicos con respecto a la posición oficial de sus representantes. Si a esto añadimos la fuerte crítica que existe sobre la “organización interna” de la misma Iglesia, comprenderemos perfectamente la tesis de que “la Iglesia Católica está seriamente dividida”  y  que los últimos años de este largísimo pontificado de Juan Pablo II están  profundizando esta división. (Muchos piensan que esta crisis ya sólo puede abordarla un “nuevo Concilio” que, en todo caso, ya nunca podrá ser repetición de lo que fue el Vaticano II ni en la construcción del sujeto conciliar ni en la temática que pudiera abordar).

José Comblin, uno de los teólogos de la Liberación más sugerentes del momento, nacido en Bélgica y que ha ejercido su magisterio en varios países latinoamericanos, acaba de hacer público en Latinoamericana 2004 un ajustado “análisis de coyuntura” sobre el “Rumbo del siglo XXI”. Refiriéndose en concreto  a la Iglesia Católica,  describe su actual situación del siguiente modo: “Por un lado, dice, hay una Iglesia triunfante. Es la Iglesia de los movimientos, del marketing católico, la Iglesia que conquista poderes y visibilidad. Esta es la que recibe todo el apoyo y todo el estímulo de Roma. Por otro lado hay una Iglesia que se siente siempre rechazada por la Iglesia triunfante. En esta Iglesia crece la impresión de que las respuestas del mundo católico a los cambios mundiales, sobre todo los cambios culturales y religiosos, quedan siempre postergados. Y crece la impresión de que nada nuevo aparecerá ya en este pontificado”.

La verificación más palmaria de este aserto del analista Comblin la hemos tenido en estos días aquí, en Madrid, concretamente  el sábado día 15 de noviembre. Mientras H. Küng, teólogo del Vaticano II, recibía un merecido homenaje por parte de la Asociación de Teólogos Juan XXIII en le Colegio Chaminade, Kiko Argüello, fundador del Camino Neocatecumenal, se dirigía a la Asociación Nacional de Propagandistas en el marco del Congreso de Católicos y Vida Pública en la Fundación San Pablo-CEU. Decir que ambos llenaron hasta rebosar sus respectivos auditorios no ofrece  novedad alguna, dada la personalidad de ambos protagonistas. La novedad está en la dialéctica de sus mensajes y en el antagonismo del rol que cada uno representa en el seno de la masa católica. H. Küng, sacerdote católico ferviente y hasta fervoroso, represaliado por el ex santo oficio por su teología crítica dentro de la Iglesia, disertó sobre la necesidad y modo de entablar un diálogo franco y abierto entre todas las religiones,  convencido de que “mientras no haya paz entre las religiones no habrá ni justicia ni paz en el mundo”. Su propuesta fue profunda, distendida, tolerante  y no exenta de algunos rasgos de humor. Kiko Argüello,  que cuenta, según confesión propia, “al cien por cien con el apoyo de Juan Pablo II” y que se confiesa “un predicador”, un iluminado en la línea más rigurosa del fundador de Opus Dei,  fue apocalíptico ( “matan a los ancianos con eutanasia en Holanda y hay homosexuales por todas partes, los jóvenes se suicidan, hay 300 millones de abortos en China y los padres tienen dos hijos, cuando por la paternidad responsable que dicen los curas deberían tener once o doce, los que Dios mande”) e implacable con la nueva teología ( “¡Un horror! Sólo el Tercer Mundo y los pobres. Como si el hombre no tuviera espíritu”).

Aunque no está en nuestro ánimo ridiculizar a nadie sino constatar lo que está ocurriendo en la Iglesia Católica actual, no podemos evitar, al hilo de lo que estamos exponiendo, plantearnos algunos interrogantes como los siguientes: ¿Qué hace un iluminado predicador en un congreso organizado por una institución que se supone universitaria, como la Fundación San Pablo-CEU de Madrid? La respuesta la da el mismo Kilo Argüello: “Estoy en una universidad. La culpa es vuestra que me habéis invitado”. Por otra parte,  dirigiéndose a Marcelino Oreja,  el predicador le interpela de este modo: “este hermano, a ver: ¿tiene vida eterna? ¿La tiene? Que lo demuestre. La fe no es de todos. No a todos los encuentra Dios dignos de tener fe”. Al calor de esta increpación uno se pregunta: ¿Qué hace ahí el Sr. Marcelino Oreja oyendo lo que está oyendo, un hombre que ha sido ex Ministro de Asuntos Exteriores y tantas otras cosas importantes en la política española y europea? ¿No cae en la cuenta de que algo muy importante no marcha y hasta avergüenza en esta forma de  interpretar  la religión? Claro  que,  a la vista de lo que está siendo hoy día un Ministro de Exteriores, quizás le baste con el catecismo de Astete.

Existen actualmente, pues, “dos formas” de ser Iglesia Católica que la atraviesan en todas sus dimensiones, desde la dogmática hasta la ética, pasando por la espiritualidad y el mismo esquema de organización interna. Existen “dos estilos” plenamente diferenciados: crítico, libre y comunitario- eclesial el uno y acrítico, sumiso -dependiente, individualista y eclesiástico el otro.  La división en la Iglesia Católica pasa sobre todo por el “diferente talante” como refleja muy bien Comblin al final  de su análisis: “ya no estamos en una época de condenación, sino de misericordia; y hay que distinguir la verdad revelada de siempre y la forma como la presentamos hoy día. Pues muchos creen que la forma como la Iglesia habla hoy no permite una verdadera comunicación” ni con la racionalidad moderna ni con los cambios técnico-culturales del mundo actual.