ECLESALIA 15/03/04.- El Nuevo Diccionario de Pastoral, que tuve el encargo de dirigir, fue editado por la Editorial San Pablo en enero de 2003, dentro de su magnífica colección “Diccionarios San Pablo”. Al poco tiempo de su aparición recibió un varapalo increíble de José Rico Pavés, director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, quien formulaba “diez observaciones serias, cinco metodológicas y cinco doctrinales” que calificaban de negativa esta obra en su conjunto. “En mi ya larga vida de profesor universitario en teología pastoral -nos dice Casiano Floristán, responsable de la obra-, había leído una recensión tan mediocre, pretenciosa y disparatada como la del José Rico. Me mantuve en silencio y dejé que pasase la borrasca y las aguas volvieran a su cauce”. Así ocurrió.

¿Por qué levantó este diccionario una reacción tan furibunda en los medios conservadores? Se acusó al “nuevo diccionario”de no tener aprobación eclesiástica, plantear “nuevas” propuestas que hace años son antiguas, carecer de contenido dogmático, ofrecer “un manifiesto sociopolítico o cultural”, etc. En el fondo molestaba la oferta de una pastoral que tuviese en cuenta la hermenéutica bíblica, la renovación teológica, el desarrollo histórico y la realidad sociocultural, dentro de las nuevas perspectivas cristológicas y eclesiales, imprescindibles en el ejercicio de la vida cristiana, tanto personal como comunitaria.

Asimismo irritó que la obra fuese bien acogida por grupos, comunidades y movimientos eclesiales, dentro y fuera de la parroquia, ávidos de una práctica cristiana más genuina, enraizada en las fuentes del cristianismo y en el compromiso con la realidad social. El nuevo diccionario posee fundamentación bíblica, sensibilidad social, visión global, centralidad cristológica y hondura eclesial. Gracias a la decisión conci­liar de entender la Iglesia como pueblo de Dios en estado de comunidad, al servicio del mundo, en aras del reino, la teología en general, y la teología pastoral en particular, han cobrado una dimensión vital. La relación de la Iglesia con el mundo es fundamental en la comprensión de la teología, enten­dida como teoría crítica y reflexiva de la praxis de la Igle­sia y de los cristianos en la sociedad. A partir del Concilio, la teología se fundamenta en la palabra de Dios, está abierta al diálogo con las teologías protestantes y las grandes religiones, inicia un contacto fecundo con las realidades sociales y centra su reflexión en la vida cristiana.

Esta teología con dimensión pastoral, correspondiente a una espiritualidad misionera, compromisual y testimonial, indaga el sentido cristiano de la vida en los acontecimientos de la existencia, se preocupa en poner de relieve los valores de la persona y su transcendencia frente a cualquier condicionamiento socioeconómi­co o político y relaciona situaciones humanas con el mensaje del Nuevo Testamento. En definitiva, es teología de la existencia humana, dentro de una concepción co­munitaria. Dicho de otro modo, es hermenéutica de la vida teologal, en clave eclesio­lógica, con talante per­sonalista y social.

Tal como se la define hoy, la teología con dimensión pastoral es reflexión sobre la fe en Dios personalmente acogida, comunitariamente vivida y públicamente testimoniada. Vista como experiencia mística, es decir, enraizada en el misterio del Dios de Jesucristo, se entiende como sabiduría global de la vida desde un punto de vista existencial cristiano. Claro está, la fe que analiza la teología renovada pastoralmente es fe en la esperanza, teñida de justicia y caridad, no un mero tener a Dios por verdadero y a Jesucristo como Hijo de Dios. Los teólogos tienen por misión conocer científica y sapiencialmente la Escritura, la tradición y la actualidad social en función de la vida cristiana de los fieles, humana y eclesial.

Las 150 voces contenidas en esta obra, fruto del trabajo de 60 especialistas en las ciencias teológicas, se exponen de forma sencilla, constructiva, rigurosa y fundamentada, con un lenguaje accesible a los no especialistas. En la medida de lo posible, los colaboradores tienen en cuenta un tratamiento interdisciplinar, al incorporar aportaciones de ciencias afines a la teología.

La teología pastoral contenida en este diccionario no es mera consecuencia o corolario de la teología a secas, como si el teólogo dogmático estuviese en un peldaño superior al del pastoralista. Es teología de la praxis, de la acción o de la práctica de la Iglesia y de los cristianos. El punto de arranque es la vivencia personal cristiana, la experiencia comunitaria. No se deduce sino que se induce, en todo caso para deducir después. La razón de la teología pastoral es la “razón práctica”. Sólo de este modo se puede llegar a determinar eso que se llama en este diccionario “pastoral”.

Para más información: Editorial San Pablo editorial@sanpablo-ssp.es