LA PASIÓN DE JESÚS, HISTORIA, TESTIMONIO Y VERDAD
MARCELO BARROS, Monje benedictino (Traducción de José María Concepción, del original “A paixão de Jesus, história, testemunho e verdade” publicado en el informativo “REDE de CRISTÃOS” el 05/04/04 cuya dirección de correo electrónico es bolrede@terra.com.br)
BRASIL.
ECLESALIA, 07/04/04.- Ser Cristiano es seguir a Jesús como discípulo/a en las opciones fundamentales de vida y recibir del Padre el Espíritu Santo, energía de amor divino que nos torna capaces de amar como Jesús y que nos diviniza. Los antiguos pastores de las Iglesias definieron esta fe como camino, itinerario espiritual, que puede ser expresado de diversas formas. Cada Iglesia o comunidad recalca más éste o aquel aspecto. Quien asegura que el sol nace a las 6 y se pone a las 18 horas es creíble tanto como quien prefiere hablar del movimiento que la tierra hace sobre si misma a medida que gira alrededor del sol. Ningún lenguaje es absoluto. No se debe absolutizar una forma de hablar. Sería confundir una expresión de la verdad con la propia verdad la cual está más allá de todas nuestras pobres formulaciones. Nadie abarca la verdad total. Uno siempre puede aprender algo con el otro, así como también él puede contribuir.
Si es así, discúlpenme los que interpretan los textos bíblicos al pie de la letra, porque no creo que sea la sangre de Cristo lo que salva la humanidad. No puedo creer que Dios precisase que Jesús sufriese de aquella forma y muriese como un condenado para salvar el mundo. Lo que salva el mundo es el amor. La única pasión capaz de salvar la humanidad es el apasionamiento, que, conforme al Evangelio de Juan, es la clave de lectura más apropiada para entender todo lo que ocurrió con Jesús. “Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que llegaba la hora de pasar de este mundo al Padre, después de haber amado a los suyos del mundo, los amó hasta el extremo.” (Jo 13, 1) Este amor radical, que fue hasta el extremo a donde el amor puede llegar, tomó la forma de la propia entrega. No porque no amara la vida o le gustase sufrir. Menos todavía por creer que Dios es sádico o cruel y se deleita viendo sufrir y morir a su Hijo, como precio para aplacar su ira con la humanidad pecadora.
Desde el inicio de la Iglesia, la cruz de Jesús provoca polémica. Hiere la imagen tradicional de Dios y reprueba cualquier religión que engaña a las personas prometiendo milagros y buenos resultados económicos. La cruz de Jesús denuncia a Dios pues parece no proteger a los suyos. Ya en su tiempo, Pablo escribió: “El hecho de Jesús haber sido crucificado es escándalo para los judíos y locura para los paganos” (1 Cor 1,23)
En estos días, la pasión de Jesús es motivo de debate por causa de la forma como ha sido narrada en el film de Mel Gibson. Respeto a quien le haya gustado pero continúo prefiriendo el viejo “Evangelio según Mateo” de Pasolini. Mel Gibson, al interpretar los Evangelios al pie de la letra y privilegiar algunos pasajes, olvidando otros, atribuye la condenación de Jesús a los judíos e imagina al diablo como un ser andrógino. De este modo se pronuncia contra el mismo Dios, acusándole de utilizar el sufrimiento del justo para salvar al mundo. Así da la razón a los intelectuales que acusan a la religión de ser la causa de la intolerancia y violencia en la historia y en el mundo actual.
Amo mucho a los Evangelios, pero se que fueron escritos al menos 50 años después de los hechos narrados. Nunca tuvieron la pretensión de ser biografías. Fueron dirigidos a diferentes grupos y en contextos culturales distintos. Cada evangelista narra la pasión a partir de prismas tan diferentes uno de otro que no pueden ser armonizados artificialmente. Mateo narra la pasión como sufrimiento de un profeta. Por el contrario, Lucas muestra a Jesús, en su pasión, acompañado por discípulos e mujeres. Cuenta que las mujeres lloran y Él las consuela. Un ladrón pide perdón en la hora de la muerte y, en la cruz, Jesús ora: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”. Según Marcos, Jesús fue crucificado a las nueve de la mañana. Para Mateo y Lucas, fue al medio día. Mateo y Marcos dicen que la última palabra de Jesús fue: “Dios mío, Dios, ¿por qué me has abandonado?” Lucas dice que Jesús oró: “Padre, en tus manos entrego mi espíritu”. Sin hablar de Juan que sigue una lógica totalmente diferente.
Como algunos predicadores en sus sermones, la película de Gibson mezcla relatos evangélicos sin ninguna preocupación histórica ni exegética. Por eso acaba insistiendo en elementos que cualquier fundamentalista puede descubrir en los Evangelios: acusación a los judíos, la justificación de la violencia como necesaria a la realización del proyecto de Dios y la valorización de la culpa como instrumento de conversión de la humanidad.
En los años 80 de nuestra era, los grupos cristianos formaban parte de la sinagoga y los jefes del judaísmo los consideraban herejes y enemigos. Parece que, en las comunidades judaicas de la época, había hasta oraciones que maldecían a los seguidores de Jesús. Muchos cristianos de fe judía entraron en crisis y algunos hasta dejaron el grupo cristiano. En este contexto, los Evangelios entran en la polémica y dicen que aquellos que persiguen a los cristianos son los mismos que persiguieron a Jesús. Narran la pasión de Jesús de un modo que disminuyen la responsabilidad de los romanos en la condenación de Cristo y acentúan una presunta culpa de los jefes religiosos de Jerusalén. El cuarto Evangelio sólo llama “judíos” a los dirigentes del templo, aliados estratégicos de los gobernantes romanos en la explotación del pueblo. A éste, el Evangelio le da el nombre de ‘israelita”. Natanael es un verdadero israelita en el cual no hay falsedad y llama a Jesús ‘rey de Israel”, María y los discípulos son israelitas (Juan 1, 47-49). Me parece deshonesto citar este Evangelio y hablar de los judíos como los que insistieron en la condenación de Jesús sin hacer distinción, principalmente en un contexto político internacional en el cual, al contrario que antiguamente, el Estado que persigue a los palestinos se llama Israel, mientras que el pueblo civil y los grupos religiosos se llaman judíos.
En realidad, la pasión de Jesús fue un asesinato, perpetrado por el poder político romano con la complicidad de la cúpula del poder religioso judaico de la época. No sabemos los detalles. Todo lo que los Evangelios cuentan de la pasión, ciertamente se basa en los hechos, pero tienen más valor parabólico y simbólico. No es una crónica o reportaje periodístico.
Quien es cristiano cree que Dios nos salva a través de Jesús. Esta salvación no es librarnos del infierno, parábola superada de un castigo contrario a la misericordia divina. Jesús nos trae una salvación con plenitud de vida y felicidad. Jesús nos salva al revelarnos a Dios, nos enseña a relacionarnos íntimamente con Dios. Él nos salva porque en Él descubrimos un modo de vivir más humano y feliz, basado en el amor –solidaridad, en la justicia, en la paz y en la comunión con el universo.
