LAS PREGUNTAS DE LOS NIÑOS
NÉSTOR ZUBELDÍA, salesiano, párroco en la basílica del Sagrado Corazón de Jesús
LA PLATA (ARGENTINA).
ECLESALIA, 07/04/04.- Cuando aquella tarde entré en el amplio teatro convertido en sinagoga para la fiesta judía del año nuevo (“Rosh Hashaná”) y vi a los niños ataviados con su “kipá” y jugando ruidosamente con los autitos en los pasillos, recordé enseguida el “patio de juegos” que se forma frente al altar en nuestras misas dominicales y descubrí que judíos y cristianos teníamos otro elemento en común que hasta entonces no había sospechado.
Tal vez por eso el milenario y espléndido ritual doméstico de la cena judía de pascua (el “séder” de “pésaj”) prevé más de una vez la participación de los niños. Una de esas ocasiones, apenas comenzada la celebración, la dan las preguntas que los niños hacen a sus padres sobre el significado de esa noche tan especial. Aunque comenzó allá por la edad media, es una tradición enraizada en el Antiguo Testamento: “Acuérdate de los días de antaño, considera los años de muchas generaciones, interroga a tu padre, que te cuente, a tus ancianos, que te hablen”.
Como ya lo había visto hacer en otras comunidades cristianas que celebran una extensa y festiva Vigilia Pascual durante toda la noche del sábado hasta el alba del domingo de Resurrección, el año pasado me pareció buena idea incorporar las preguntas de los niños a nuestra vigilia pascual cristiana. Las cantaron Julián, Marilina y Almendra, los chicos de Mario, repitiendo con la melodía tradicional judía, aquellas preguntas llenas de simplicidad infantil:
– ¿Por qué esta noche es diferente de todas las otras noches?
– ¿Por qué todas las otras noches nos vamos a la cama, después de haber cenado, pero esta noche hemos ayunado?
– ¿Por qué todas las otras noches nos vamos a la cama pronto, pero esta noche estamos levantados?
– ¿Por qué todas las otras noches no esperamos nada pero esta noche estamos esperando?
La tradición judía ha llegado incluso a “tipificar” a los niños según sus preguntas en la noche del “séder”. Podrían representar al hombre en las distintas etapas de la vida. Así aparecen el niño sabio, con sus preguntas eruditas; el niño rebelde, con sus preguntas irónicas; el simple de espíritu, lleno de inocencia ,y el que no sabe cómo preguntar, que aún está encerrado en sí mismo. Para cada uno habrá esa noche una respuesta apropiada, que a la vez resultará útil a toda la familia reunida en torno a la mesa.
Tres papás respondieron a los tres chicos en la noche de nuestra Vigilia. Y me gustaron tanto sus respuestas que pensé valía la pena compartirlas:
– Mario (Grassi) les respondió que “estamos levantados porque es Pascua. Y Pascua es la fiesta de la vida. Vida que triunfa sobre la muerte y vida más allá de la muerte. Porque Cristo resucitado vence a la muerte”. Y les dijo también que por eso confiaba en que su esposa (María del Carmen, mamá de los tres niños, fallecida de cáncer en diciembre de 1997) estaría esa noche haciendo Pascua con nosotros.
– Silvia (Castillo), cuyo esposo Omar perdió la vista hace cinco años, le respondió a los niños también con pocas y oportunas palabras: “Estamos celebrando porque es Pascua. Y Pascua es la luz que triunfa sobre el dolor y la oscuridad”.
– Por último, Pancho (Arreguy). Le pedí que respondiera a los niños cuando ya había comenzado la celebración. Pancho, que en 1992 sufrió una hemiplejia y desde hace unos años trabaja en el área discapacidad de la municipalidad local, se había quedado sin lugar donde sentarse. Entonces aproveché la ocasión y le cambié una silla por una respuesta a los chicos: “Pascua -les dijo- es un salto a la vida”. Ni que se hubieran puesto de acuerdo.
Cuando llegó el momento de las palabras del sacerdote (esa noche el “patio de juegos” delante del altar estaba en su esplendor, con velitas y todo), casi me limité a comentar las respuestas a los niños. Precisamente la palabra hebrea “Pésaj” (Pascua) quiere decir “paso, salto”, para atravesar el Mar Rojo, para pasar de la esclavitud a la liberación, de las tinieblas a la luz, de la tristeza a la alegría, del pecado a la gracia, de la muerte a la vida. Para liberarnos de todos los faraones, el de Egipto, los actuales, y nuestro propio “faraón interior”.
Esa noche de Pascua, los papás, como saben hacerlo, respondieron a los niños no desde teorías o leyendas, sino desde su propia vida.
Y nos ayudaron a todos a dar “un salto a la vida”, a abrir el corazón a la Pascua que trae el Resucitado.
