LOS JÓVENES Y LA CONFIRMACIÓN
Situación, criterios y perspectivas pastorales
JOSEP MASCARÓ, Delegación de CS Salesiana
BARCELONA
ECLESALIA, 24/05/04.- En el marco del Fórum «Jóvenes, Religiosidad y Evangelio» que organiza el Instituto Superior de Ciencias Religiosas “Don Bosco“ de Barcelona, el profesor Secundino Movilla ha presentado el tema “Los jóvenes y la Confirmación: situación, criterios y perspectivas pastorales”.
Secundino hizo sus estudios de Teología y Catequética en Roma y París doctorándose en la Universidad Pontificia de Salamanca. Su actividad se centra de manera especial en Madrid, en ambientes parroquiales, centros universitarios, grupos juveniles y catecumenados de Confirmación y de adultos. Desde 1981 es profesor en el Instituto de Ciencias Religiosas y Catequéticas «San Pío X» de asignaturas relacionadas con la Pastoral y Catequesis de Adolescentes, Jóvenes y Adultos. Formó parte de la mesa de redacción de Misión Abierta. Ahora sigue en la misma brecha con la sólida y comprometida apuesta de Nueva Utopía.
Resumimos aquí su ponencia, a la espera de su publicación entera.
1. Situación actual de la pastoral de la Confirmación
Hablar hoy de la Confirmación no es fácil para quienes la consideramos sobre todo desde el punto de vista pastoral y nos deja en cierto modo insatisfechos. La propia Conferencia Episcopal Española en el reciente documento sobre “La iniciación cristiana” comprobaba que se daban en la práctica pastoral algunos logros, por supuesto, pero que existían también no pocas deficiencias.
Complicado resulta hacer un diagnóstico de cómo se encuentra hoy día la pastoral de la Confirmación dado que ofrece una práctica bastante diversificada tanto en lo que se refiere a la celebración como, sobre todo, a la preparación de la misma. Diversa es la edad que se considera oportuna para administrar la Confirmación, diversa es también la diligencia y duración de la preparación a la misma y diversa es la consideración que se hace de la relevancia que ha de tener ese sacramento. En esas tres facetas existen hoy día notables diferencias. Desde el Concilio Vaticano II para acá se han dado pasos positivos, pero no se puede ocultar que todavía sigue habiendo ambigüedades e insuficiencias. Para destacar algunos pasos se pueden apuntar:
Pasos progresivos
Si se da una mirada al periodo postconciliar, en la pastoral de la Confirmación ha habido como dos etapas bien marcadas. La primera (que abarcaría de los años ’70 a los 90 del pasado siglo) se caracteriza por haber instaurado una serie de pasos progresivos en este campo; mientras que lo que ha hecho la segunda (de los años 90 hasta el presente) ha sido introducir unas consideraciones y actuaciones más bien regresivas, que llevan incluso a situar la Confirmación en una perspectiva diferente.
Como iniciativas pastorales progresivas de la primera etapa se pueden destacar la instauración y puesta en práctica de los catecumenados juveniles como preparación cuidadosa a la celebración de su Confirmación, según marcó el Concilio Vaticano II: “se revisase el rito de la Confirmación de manera que aparezca en él más claramente la íntima relación de este sacramento con toda la iniciación cristiana” (SC 71) en línea con la mejor tradición de la Iglesia.
Otro paso importante fue el de situar la celebración de este sacramento en la edad joven, por entender que era el momento de evolución psicológica y vital para “tomar opciones” y para desarrollar y ejercitar el “sentido de pertenencia”. La razón, de nuevo, la ofrecía el Concilio Vaticano II que presentaba la Confirmación como sacramento que “vinculaba más estrechamente a la Iglesia” y que “enriquecía con una fuerza especial del Espíritu Santo” (LG 11) para conducirse con un estilo de vida nuevo, como había asegurado Jesús a Nicodemo (Jn 3,5-6).
Como tercer paso progresivo de esa primera etapa cabe señalar también el modo de entender la Confirmación como sacramento que induce a “difundir y a defender la fe, como verdaderos testigos de Cristo” (LG 11) y a “practicar la justicia”. Confirmarse significa, en este sentido, disponerse activamente a la realización del apostolado y al compromiso por la justicia con la fortaleza que procura el propio Espíritu (AG 11). De ahí el tiempo de preparación que es preciso tomarse para hacerse bien conscientes del don y de la misión que confiere ramento que en la disposición o preparación de quienes van a recibirlo.
Otra muestra de regresividad se advierte, en el modo como se orienta la catequesis preparatoria. En términos generales se piensa más en una catequesis de orientación para recibir el sacramento que en una verdadera iniciación cristiana, lo que no puede por menos de representar un recorte y un empobrecimiento.
¿Balance? No se valora como positivo. Si hubo un tiempo en que en torno a la Confirmación se abrigaron determinadas ilusiones y esperanzas, ese tiempo parece que ya llegó a su fin. Es un tema que invita a interrogarse qué es lo que se puede hacer.
2. Criterios que deben orientar la praxis pastoral de la Confirmación
Dada la pluralidad y variedad de actuaciones y de modos de proceder debe darse una voluntad de clarificar, dialogar y asumir unos criterios teológico-pastorales que sirvan de inspiración y de referencia.
a) El primero y principal de esos criterios ha de ser el de mostrar fidelidad a lo que, desde el punto de vista bíblico y teológico, se nos presenta como el contenido y el significado primordial de la Confirmación, como “sacramento del Espíritu”, como donación gratuita que se nos ofrece, pero que pide también ser correspondida y acogida. Y un contenido del que no deberíamos hacer recortes ni omisiones a la hora de presentárselo en plan de catequesis a los adolescentes y a los jóvenes.
b) Como segundo criterio, debe darse preferencia de la evangelización sobre la sacramentalización. No se pueden administrar los sacramentos sin más, si previamente no ha habido una conveniente evangelización, que es la que dispone a la comprensión y a la celebración auténtica de los mismos. No se puede caer en la contradicción de fabricar cristianos sacramentalizados que apenas hayan llegado a ser evangelizados.
c) Otro criterio nos debe llevar a dar relevancia a los aspectos de vinculación a la Iglesia, de fortaleza para el testimonio en la práctica de la justicia y de dedicación valiente y generosa a la misión (LG 11). Y para vivir una participación activa y corresponsable en la Iglesia hay que entrenarse con anterioridad; para implicarse de verdad en las causas que conlleva al justicia evangélica. Esta es la razón de por qué conviene dedicar tiempo en la preparación a la Confirmación.
d) Y un último criterio invita a considerar la Confirmación en estrecha relación con el bautismo y con la eucaristía. Es éste un aspecto que no conviene descuidar y en el que insiste particularmente el mencionado documento de “La iniciación cristiana” (IC 47).
Estos cuatro criterios, asumidos en la mayor medida posible por quienes tiene el encargo y la misión de orientar y de acompañar a adolescentes y jóvenes en su preparación a la Confirmación, facilitarían no poco el que la práctica de ese sacramento tuviese todo su sentido dentro de la pastoral de la Iglesia.
3. Perspectivas pastorales en las que conviene insistir en la pastoral de la Confirmación
Con el deseo de dar una adecuada orientación a la pastoral de la Confirmación, Secundino propone impulsar unas perspectivas hacia las que ir caminando. No se trata de presentar cuantas más mejor, sino de poner a la consideración de los agentes de pastoral aquellas que de verdad parece que abren un horizonte de sugerentes perspectivas. Destaca tres:
a) La Confirmación es el don del Espíritu en perspectiva comunitaria y eclesial. El Espíritu Santo, que es el “alma de la Iglesia” (LG 7) enriquece a los miembros de ésta con multitud de dones y de carismas (1 Cor 12,4-7). Por supuesto, también a los que van a ser confirmados. La preparación pastoral a la Confirmación ha de contribuir, entre otras cosas, a que los jóvenes descubran cuáles son sus carismas y a favorecer que los pongan al servicio de la comunidad cristiana y eclesial.
b) Invitar a los jóvenes a que se den cuenta de a qué les lleva el Espíritu de la Confirmación y a que traten de responder a sus inspiraciones. Inspiraciones que, dada su condición de jóvenes y el papel que están llamados a desempeñar en la Iglesia, casi con toda probabilidad les han de impulsara decir su palabra en la comunidad, a ejercer su espíritu emprendedor en tantas cosas y a manifestar, a tiempo y a destiempo, su sensibilidad profética.
c) Cuidar de que la celebración tenga verdadera relación con la vida: llevar la vida a la celebración y la celebración a la vida. Así es como se podrá favorecer mejor la llamada eficacia sacramental propia de la Confirmación, que ha de llevar a que se produzca en la vida de los jóvenes lo que ella significa: vinculación a la Iglesia, valentía y decisión para el testimonio cristiano, y compromiso en la práctica de la justicia (LG 11).
Conclusión
Es verdad que la pastoral de la Confirmación no se encuentra en su mejor momento, como se desprende de la visión panorámica ofrecida. No parece que los pasos regresivos de la etapa más reciente den muchas alas para considerar a la Confirmación como una oportunidad prometedora para la pastoral de jóvenes, ni siquiera para la pastoral de adolescentes. Por otra parte, recuperar el hálito que la Confirmación llegó a tener en el primer tiempo del posconcilio, tampoco parece razonable, puesto que en la pastoral no es bueno vivir de recuerdos o de añoranzas. Hay que saber enfrentarse a lo que toca vivir aquí y ahora.
Con las cosas tal y como se están desarrollando hay que apostar por una actitud posibilista: que al menos entre los agentes más directos de la pastoral de la Confirmación se vayan asumiendo unos criterios que respalden el verdadero sentido que encierra en sí ese sacramento, criterios que pueden y deben ser compartidos también con los propios jóvenes. Y que ofrece también la posibilidad, para los más esperanzados e ilusionados, de abrirse a unas perspectivas en las que se acentúen aspectos tales como el reconocimiento de los adolescentes y de los jóvenes desde sus respectivos carismas y la consideración serena de lo que significa celebrar consciente y responsablemente el gesto sacramental de la Confirmación.
Para más información: josep.mascaro@salesians.info
Nota de la Redacción: A todos aquellos suscriptores de ECLESALIA interesados por el tema, Secundino Movilla acaba de publicar el libro «Pastoral con adolescentes y jóvenes» (ya presentando en nuestro informativo) en la Editorial Nueva Utopía bforcanoc@tiscali.es
