ECLESALIA, 01/06/04.- En la antevíspera de la solemnidad litúrgica de Pentecostés, me dirijo a Ti públicamente, porque creo que eres Tú quien me está inspirando este sentir y quiero ser testigo de alguna manera de un modo de Presencia tuya.

Esa es la palabra que, a mi parecer, te nombra con más exactitud: Presencia. Como cuando se nombra a alguien, y él o ella responde: presente; porque lo importante no es que nosotros digamos su nombre, sino que él o ella esté ahí, con todo su ser.

Ya sabes que cuestiono las celebraciones rituales de calendario, porque pueden estar llenas de nombres y palabras, sin que exista de verdad la expectante apertura para acoger tu Presencia.

Casi me atrevo a sugerirte que nos muevas ya desde ahora en el centro mismo de nuestro ser, para anhelar tu Gracia fecunda y para llorar tanto Pecado de muerte; para emprender tus caminos de Verdad cotidiana y de Gloria sin espectáculo; para abandonar nuestros senderos de insensatez y muertes fracasadas, para conocer cuándo la vida es humillación y tortura, y cuándo la muerte es el triunfo verdadero de la Vida…

Me atrevo a sugerirte que vengas hoy, aunque todavía es viernes, sin más demora, en el silencio y en la sinceridad profunda y atenta de nuestro anhelo y nuestra necesidad de Ti, y que, si lo deseas, “tomes unas vacaciones” (es un decir, ni se te ocurra tomar vacaciones porque se nos acaba todo) el sábado y el domingo, cuando posiblemente estaremos más entretenidos en nuestras celebraciones, nuestras liturgias, cantos y vigilas, que pendientes de si Tú vienes o no… Pero, eso sí, regresa sin falta el lunes y quédate también el martes y el miércoles y el jueves… y todos los días de nuestra vida y de la vida de nuestro mundo, porque, sin Ti, ya ves lo que hacemos…

¿Sin Ti?… No creo que estemos sin Ti. Pero, ¿cómo reconocer tu Presencia en el ruido incesante de nuestras noches y nuestros días?.. ¿y en las políticas injustas que inspira el Dinero y ejecuta la ambición de unos pocos y la cobarde irresponsabilidad de otros muchos?… ¿y en el consumismo inconsecuente de muchos que nos decimos llamados a saciarnos de Ti y darte a los demás como vida verdadera?… ¿y en la brutal explotación y las marginaciones inhumanas, y las guerras preventivas, y las torturas bestiales, y los espectáculos bochornosos de tantas maldades nuestras?…

¿Vendrás, si te llamamos el día de tu fiesta en el calendario, gritándote a voz en cuello en nuestras asambleas?… ¿Vendrás, si te llamamos cada día, cantando en el susurro o incluso desde el silencio de nuestros corazones todavía asustados, pero siempre anhelantes?… ¿Sembrarás en nosotros el anhelo de Ti, como el más grande anhelo de nuestro ser?…

Tú eres y puedes manifestarte siempre Presencia viva, generosa y fecunda. Pero, no sé si nosotros te queremos de verdad así presente, ni siquiera cuando te decimos que vengas.

En fin, casi me da miedo decir lo que te digo, y sobre todo decirlo públicamente, porque siento que hay poca fuerza y poco fuego en mi corazón, y, quizá, mucho miedo de que vengas realmente y me concedas ser, con autenticidad, testigo de tu Presencia