LAS MUJERES TAMBIÉN COMIERON
Panes y peces, versión femenina y libre
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@wanadoo.es
“…Sólo los hombres era unos cinco mil” (Jn 1-15)”
“… Los que comieron los panes era cinco mil hombres” (Mc 6, 34-44)
“…Los que comieron era cuatro mil hombres sin contar mujeres y niños” (Mt 15, 32-39)
ECLESALIA, 11/06/04.- A los que nos transmiten los hechos sería injusto tacharles de mala fe o de tergiversar y ocultar datos, sencillamente cuentan la historia dentro de los esquemas de la época.
Situándonos en el paisaje, allí había una multitud y, al parecer, en los tiempos de Jesús se podían contar uno, dos, tres, cuatro… y hasta ¡cinco mil hombres!., pero a nivel de “índices de audiencia” –que diríamos en nuestros tiempos-, una parte de esa multitud era invisible. Las mujeres, que por lo menos eran mil -si las matemáticas no engañan y basándome en los datos de los tres evangelistas citados- y que además con toda seguridad llevaban al pecho o de la mano a los niños, no eran visibles por el simple hecho de que socialmente no contaban.
La mujer ocupaba el antepenúltimo lugar en la escala social junto a los niños que ocupaban el siguiente y que siempre iban con ellas y, cerrando la lista, los leprosos y demás apestados.
Jesús, a quien no interesaban ni los índices de audiencia, ni las estadísticas, ni los esquemas sociales, “levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente”…. que debía ser la misma que le produjo pena en otra ocasión… “pues parecían ovejas sin pastor” , vio hombres, mujeres y niños cansados y hambrientos. Su oración se hizo acción, implicando en ello a su comunidad: los despistados y boquiabiertos discípulos que no entendían como se multiplica la comida cuando es compartida.
Las mujeres ayudaron a recoger los restos, seguro, por puro instinto, era el trabajo de cada día; y como –dada su invisibilidad- no iban a “salir en la foto histórica” continuaron guardando “todas esas cosas en su corazón” pues en algún momento habría que contarlas a sus hijos y sus nietos.
En estos, nuestros tiempos, albores del -creo poder calificar- convulso siglo XXI, veo hombres, mujeres y niños hambrientos, sedientos y cansados; unos por exceso y otros por defecto. Depresiones, hastío, miedo a perder el control, aburrimiento, consumismo, violencia… unos; hambre, miseria, falta de educación, guerras, extorsión, enfermedades… otros; y en medio de todo veo signos actuales de multiplicación de panes y peces: proliferación de ONG’s en el tercer mundo y en las líneas fronterizas del primer mundo; gritos y manifestaciones contra guerras e injusticias; misioneros y misioneras dejándose la piel y la vida en la denuncia y en el trabajo; jóvenes que se plantean otra manera de vivir la vida; vuelta a la simplicidad y a la catacumba de muchos cristianos que creen que hay que volver a las fuentes… Podría llenar algunos renglones más pero lo dejo a quien se haya animado a leer esta reflexión. Todos estos signos son como unas pequeñas flores, cuyo nombre no conozco, que nacen en medio de la basura.
“Había mucha hierba en aquel sitio”, dice Juan en su relato, y al compartir crecieron flores de amor y solidaridad.
¿Alguien duda todavía que las mujeres vivieron en primera persona aquel inolvidable día?. Caminaron, se sentaron, comieron y ayudaron a recoger los restos. Hoy, canalizan su trabajo solidario en asociaciones, ONG’s, hospitales, misiones, centros de acogida, etc., crean y trabajan en pequeñas empresas con ayuda de micro-créditos para alimentar a sus familias en países pobres; las hay que luchan por los derechos humanos. Otras, desde el silencio, sin ser noticia, sacan adelante hogares y familias enteras, limpiando bancos, empresas, hospitales, etc; están también las que dejan sus países de origen para poder mantener a sus hijos… Nuevamente invito a quien lee a que siga la lista.
Jesús se daba cuenta de que estaba bien acompañado porque miraba, viendo.
