MEDITACIONES A LA HORA DEL MATE

GUADALUPE ROMERO, laica catequista

BUENOS AIRES (ARGENTINA).

ECLESALIA, 15/06/04.- Mala costumbre esta de tomar mate por la mañana temprano y leer los periódicos. A veces hace que me distraiga tanto que se enfría la hierba, otras me sabe más amargo por lo que leo y últimamente hasta el dulce de leche tiene sabor agridulce.

Ayer fue uno de esos días en que fue una mezcla de todo eso, sumado a las noticias que conmueven por su crudeza, leo en el matutino Clarín que el sacerdote cordobés José Guillermo Mariani, autor del libro «Sin tapujos, la vida de un cura» fue ovacionado durante la misa que diera después de sus polémicas declaraciones a todo los medios locales y nacionales. Ver tanto apoyo de los laicos debe ser que paraliza aun más a la jerarquía eclesiástica porque no se ha escuchado demasiado al respecto.

Me informo por la misma nota que el arzobispo de Córdoba, Monseñor Carlos Ñáñez, el jueves pasado emitió un comunicado de la Iglesia cuestionando y desaprobando la actitud de Mariani, pero ayer en su homilía dominical no lo mencionó si bien se ocupó de felicitar a los sacerdotes que «cumplen esforzadamente con sus tareas y compromisos…» No he leído todavía el libro dado que se agotó la primera edición que fue de muy poco libros lo que nos indica que no tenían mucha expectativa de venta, porque si no fuera que parte de la prensa le diera más importancia, de la que realmente tiene, el relato de las experiencias sexuales de «Quito», como le llaman al cura que tuvo el coraje de publicar sus vivencias, dentro de una institución, que siempre está poniendo mantos de silencio. Tal vez dentro del contexto se justifica que Mariani cuente lo que es más una confesión de la necesidad de afecto que los curas están obligados a reprimir, por una promesa que no pueden romper, si quieren seguir siendo sacerdotes y sí pueden vivir en la hipocresía de vivir experiencias como las que cuenta este cura que ocultó toda una vida.

Creo que no debemos permitir que «el árbol nos impida ver el bosque», si este escándalo sirve para descubrir un libro que ayude a poner luz sobre partes oscuras de nuestra Iglesia, bienvenido sea este «despliegue» periodístico porque de lo contrario el libro tal vez pasaba a dormir en las estanterías de las librerías cordobesas y nos privaríamos de conocer un Mariani que es querido por su gente por ser el que siempre está con los que sufren, es un gran defensor de la Teología de la Liberación, (mala palabra para muchos) y según dichos periodísticos que pueden ser creíbles el libro hace denuncias muy graves de lo que él sufrió dentro de la Iglesia, de la connivencia de parte dle clero con los militares de la última dictadura en Argentina, proponiendo además el celibato opcional para no verse obligados a vivir en la hipocresía cuando se enamoran. No nos dejemos confundir, si leemos el libro y son importantes la denuncias que este cura tuvo el coraje de publicar, estemos o no de acuerdo con que dé a conocer su intimidad, tendríamos que rescatar que su aporte es importante para sacar a la luz lo que la jerarquía se ocupa de ocultar dañando mucho más la institución.

Formo parte de la gran legión de católicos que luchamos desde nuestro lugar por una Iglesia renovada, que camine junto a nosotros, que nos hagan sentir partícipes y no meros espectadores que aceptan mansamente las lentas decisiones de arriba. Aunque hoy ya los periódicos no mencionan al sacerdote cordobés, y esto pase al olvido en unos pocos días más, si vale la pena el libro, creo que es bueno que lo difundamos y demos nuestro solidario apoyo a este cura que sabemos lo mucho que trabaja por nuestra Iglesia. 

Para no amargarme más todavía, tomo con cierto sentido del humor lo que vivimos dentro de nuestra Iglesia y les digo que no perdamos la esperanza los excluidos por pecados «tan graves» como el enamorarse después de un fracaso matrimonial o de haberse consagrado a la vida religiosa por no tener otra opción, si quieren trabajar para el Reino: Tendremos nuestras merecidas «disculpas» dentro de unos siglos porque en el mismo matutino, en la página siguiente leí que el Vaticano revisa la era de la Inquisición y nos recuerda que el Papa en 1998 consideró «oportuno hacer mea culpa» de esa época tan dolorosa, como verán es sólo cuestión de tener paciencia y seguir esperando.

A esta altura de mis meditaciones, el mate ya estaba helado, el dulce de leche pasó de agridulce a estar amargo y para tratar de remontar el día trato de poner todo esto en manos del Señor y me vienen a la mente tantos relatos lindos del Evangelio y me pregunto si Cristo se hubiera manejado con la lentitud de nuestra jerarquía en los conflictos que se le presentaron, a la adúltera seguramente la hubieran ejecutado mientras el Señor hubiera malgastado su tiempo en emitir documentos donde felicitaría y alentaría a las mujeres fieles a sus esposos y hubiera dado mil vueltas al tema para finalmente dejarlo para que lo resuelvan sus sucesores, así hasta llegar a nuestros tiempos donde seguramente se haría un mea culpa y a dormir con la conciencia en paz, se resolvió un espinoso tema de adulterio que llevaba siglos esperando. Pero los actuales son ignorados, los que aquejan a miles de bautizados excluidos en todo el mundo sin compadecerse del dolor que produce no estar invitado a la Cena del Señor. De lo que se sufre al ser excluidos no por el Dueño de Casa, sino por sus servidores. Por algo no hay escritos del Señor, Él estaba demasiado ocupado en consolar, perdonar, curar, compartir y enseñar como para detenerse a escribir documentos, Él simplemente nos ama y perdona. Al fin, creo que este pensamiento cambió mi día y hasta tengo el coraje de sonreír sintiendo que el Resucitado me acompaña cada día a pesar de mis errores.