MANUAL DEL USUARIO DE LA NUEVA TEOLOGÍA II

GONZALO HAYA PRATS, gonzalohaya@telefonica.net

MADRID

ECLESALIA, 17/09/04.- Debo esta segunda parte a quienes me han hecho ver que en la primera parte cargaba demasiado las tintas negativas; y se lo agradezco. Ya decía yo que me corrigierais. Trataré de expresar mejor –siempre en borrador- lo que yo siento como evangélico, liberador y ecuménico en los nuevos enfoques de la teología. Lo que yo honradamente siento, aunque naturalmente me equivocaré o me expresaré mal en algunas cosas.

Hijos de Dios. El corazón se me ensancha al recuperar como hermanos e hijos de Dios a budistas, mahometanos, e incluso ateos. Hace poco apadriné en el bautismo a un niño africano de once años. Antes de que recibiera el sacramento, yo me preguntaba ¿es que ahora no es hijo de Dios? Quizás se puedan dar explicaciones especulativas, pero mi comprensión emocional –y creo que evangélica- me dice que ese niño, y otros amigos no cristianos, llevan impresa su imagen y semejanza, y también son hijos de Dios. El centurión Cornelio recibió el Espíritu Santo antes de ser bautizado.

Presencia de Jesús. Es fácil reconocer la presencia de Jesús en la eucaristía porque, de hecho, no nos compromete a nada. Nos resulta muy difícil reconocer la presencia de Jesús en el mendigo de la esquina porque nos comprometería demasiado. Tenemos que percibir también la presencia de Jesús cada vez que nos reunimos en su nombre. En este momento tú y yo –con nuestras limitaciones o errores- estamos reunidos en nombre de Jesús. Su palabra nos dice que él está presente.

Presencia de Dios. Omnipresencia es un término intelectual que se queda en la cabeza. No es que Dios echara a rodar el universo y luego se haga presente. La creación es continua. Dios nos está creando en cada momento; somos algo así como el resplandor de la llama de Dios. San Agustín decía que está mas adentro que mi propia interioridad. Dentro de la flor, dentro del insecto, dentro del huracán, dentro del dictador… Nos resulta un misterio porque Dios no está solamente donde a nosotros nos gustaría que esté. Tenemos la tentación de situar a Dios a nuestro antojo, igual que situamos las imágenes.

Justicia. Es el idioma clave que nos permite entendernos con todos los hombres. Por eso la nueva teología se esfuerza por formular una ética universal. No es que todos la concretemos en la misma medida, pero los cristianos no podemos enorgullecernos del ejemplo que damos. El presupuesto de los países cristianos es vergonzosamente apabullante frente al de los países no cristianos.

Fe. Quizás en esta palabra esté el nudo de los conflictos con los nuevos paradigmas de la teología. Entendemos la fe de un modo intelectual, como un adhesión a unos conceptos o explicaciones sobre Dios o sobre Jesús. Creo que la palabra griega que se ha traducido por fe (pistis) tiene en la mayoría de los textos el sentido de confianza, de fiarse de una persona. (Aceptaré de buen grado si me corrigen los expertos). Cuando Jesús les decía a los enfermos, a la mujer cananea, a la que padecía flujo de sangre, al centurión… “Tu fe te ha curado” , y que no la había encontrado mayor en Israel, no se refería a ninguna aceptación intelectual sino a la confianza que depositaban en él. En consecuencia creo que muchos conflictos se resolverían si, en vez de distanciarnos por las diversas explicaciones, insistiéramos en confiar en Jesús y en su mensaje.

Amor. Es la otra gran clave del lenguaje universal. Es verdad que la palabra amor puede ser vanalizada y falseada, pero eso no le resta nada al amor de verdad.. Hace unos días, en un Congreso sobre espiritualidad, miembros de diversas religiones han coincidido en que el amor es la médula de todas las religiones: “El que ha llegado al corazón de su religión, ha llegado al corazón de todas las religiones”. Y digo yo, si coincidimos en la semilla fecunda ¿por qué hacemos hincapié en las diferencias? ¿Qué comportamiento agradará a nuestro Padre?

Gonzalo Hayagonzalohaya@telefonica.net