¡ENHORABUENA, ÁFRICA!

Premio Nóbel de la Paz para una mujer africana

ANA ISABEL GONZALEZ, Mercedaria Misionera de Bérriz

“Si uno desea salvar el entorno, primero tiene que proteger al pueblo. Si somos incapaces de preservar la especie humana ¿qué objeto tiene salvaguardar las especies vegetales?”

“No podemos esperar sentadas a ver cómo se mueren nuestros hijos de hambre” (Wangari Maathai)

ECLESALIA, 15/10/04.-No suele suceder que al leer las portadas de los periódicos encontremos demasiados motivos para la alegría. Pero el pasado 8 de Octubre, en primera plana de nuestros diarios nos encontrábamos una noticia para ser celebrada: la concesión del Premio Nobel de la Paz 2004, por primera vez, a una mujer africana, la keniana Wangari Maathai.

La mayoría de nosotros/as hemos conocido ahora este rostro de mujer fuerte y sonriente, con una larga trayectoria de compromiso por la democracia, los derechos humanos, el desarrollo de las mujeres y el respeto al medioambiente.

Nacida en 1940 y madre de tres hijos, fue la primera mujer de África Occidental que logró un doctorado universitario en Biología, la primera profesora de su especialidad y la primera decana de la facultad de Medicina de Nairobi. Maatahi ha presidido en Kenya el Comité “Jubilee 2000”, para la condonación de la deuda externa a los países del Tercer Mundo. Su denuncia de la corrupción y defensa de la democracia durante el régimen dictatorial de Daniel Arap Moi, la llevó repetidamente a la cárcel. Amnistía Internacional llevó a cabo múltiples campañas por su liberación. En diversas ocasiones, su voz se ha escuchado en la ONU en defensa del desarrollo sostenible, de la promoción de los pueblos pobres y de las mujeres. Actualmente es viceministra de Medioambiente de su país.

Pero su principal aportación, destacada especialmente por el Comité Nóbel al otorgarle el premio, ha sido la puesta en marcha del Movimiento Cinturón Verde, un proyecto de reforestación de los bosques de África cuyos objetivos son detener la erosión de la tierra, promover la biodiversidad, proveer a las mujeres de madera para cocinar y promocionar su papel en la sociedad, pues ellas mismas gestionan y llevan adelante el proyecto. Este Movimiento ha conseguido plantar más de 30 millones de árboles en África y ha proporcionado trabajo a más de 50.000 mujeres en diferentes viveros.

La vida y la trayectoria de Wangari Maathai nos vuelve a recordar algo importante: que África no es sólo el continente de las guerras tribales, las hambrunas y las pandemias. Es también la tierra de la resistencia, de la lucha por la vida, de la creatividad y la esperanza. Es tierra de hombres y mujeres que, desde abajo, se comprometen y trabajan por un futuro mejor para todas y todos.

La concesión del premio Nóbel de la Paz a una activista a favor de la ecología y del desarrollo sostenible nos habla también de lo unidas que están la causa de la paz y la causa de la ecología, la causa de la Humanidad y la causa de la Tierra: son una única causa, la de la Vida.

El nombre, de hermoso sonido africano, y el rostro sonriente de Wangari Maathai nos traen de nuevo la noticia de que el compromiso de las mujeres a favor de la paz y la vida se extiende como una red a lo largo y ancho del mundo. Los hilos de esta red tienen colores muy diversos y penetran todos los espacios: la casa, la calle, la escuela, las asociaciones y movimientos, el trabajo en la tierra y en las Universidades, la familia, el arte, la música, la política… En los últimos años, varias mujeres de distinto continente, color y religión han dado rostro y voz a este compromiso al recibir también el Nóbel de la Paz: la iraní Shirin Ebadí (2003), la nortemericana Jody Williams en nombre de la Campaña Internacional contra las minas antipersonas (1997), la guatemalteca Rigoberta Menchú (1992) y la coreana Aun San Suu Kyi (1991).

Sí, África nos trae hoy maravillosas noticias. ¡Gracias y enhorabuena!

 “La paz en la tierra depende de nuestra capacidad de asegurar el medioambiente” (Comité Nobel al premiar a Wangari Maathai)