INTERPRETACIONES

GONZALO HAYA PRATS, gonzalohaya@telefonica.es

ECLESALIA, 05/11/04.- Eduardo Mendoza, en una columna de El País, recoge esta afirmación de un imán: “el Corán no predica los hechos de sangre”. Mendoza comenta: “tampoco los Evangelios propugnaban las Cruzadas o la quema de herejes, ni Marx los Gulag, ni el nacionalismo los tiros en la nuca. Es un problema de interpretación, de ideologías”.

San Pablo sufrió el mismo problema y lo expresó como “espíritu y letra”, espíritu original e interpretaciones. La letra de la Ley divina impedía la propagación del nuevo espíritu de Jesús. “La letra mata, el espíritu vivifica”. La misma Ley que había sido salvación se convertía ahora en elemento de muerte, porque el espíritu ya no estaba en esa letra escrita.

¿Cómo explicar este cambio?

Los fundadores de las diversas religiones, Moisés, Buda, Jesús, Mahoma…, transmitieron el espíritu con su comportamiento. Su conducta encarnaba su espíritu en las circunstancias de cada día. No escribieron. Hablaron en parábolas para explicar sus acciones. Palabras y hechos surgían unidos de su espíritu,  “de la abundancia del corazón”.

Sus seguidores intentaron transmitir por escrito el mensaje de los fundadores: narraron los hechos, transcribieron sus palabras, y las fueron interpretando en los términos culturales de cada época.

Al quedar escrita, la palabra viva  se convierte en letra. La palabra verbaliza en cada instante la presencia del espíritu. Por el contrario, la letra escrita petrifica aquella circunstancia en que se manifestó el espíritu.

Cuando nosotros repetimos “Bienaventurados los pobres de espíritu”, la letra puede transcribir las palabras originales, pero ¿tiene para nosotros el mismo significado? ¿el mismo espíritu? ¿Qué comportamiento queremos reflejar al pronunciar estas palabras?

“El espíritu sopla donde quiere”, es imprevisible, no se deja transportar por los hombres como el becerro de oro. La palabra que quiera manifestar al espíritu no puede ser una palabra indeleblemente escrita con tinta, sino una palabra “escrita en los corazones” , una palabra que descubra al espíritu en la evolución de la vida. “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”.

Espíritu y letra. Si el espíritu es amor y justicia, todo lo que ponga trabas a la justicia y al amor es letra, es una falsa interpretación del espíritu original de cualquier religión. Es letra aunque se trate de antiguas tradiciones, de dogmas, o de libros sagrados.