HABLEMOS DEL PAPA
JOSÉ LUIS GALLO HIDALGO, cristiano de base
BURGOS.
ECLESALIA, 04/05/05.- Llevamos unos tiempos preocupados y ocupados con la muerte del anterior Papa y el nombramiento de uno nuevo. Nuestra sociedad está atenta y opina desde sectores muy distintos, lo que quiere decir que está viva y que genera en ella una gran esperanza. Quien sea designado el sucesor de Pedro no le es indiferente a nadie, con independencia de la creencia que cada uno tenga. Yo diría que no es tan importante quien sea el Papa sino que este sea un gran servidor del Evangelio, que esté abierto a la realidad de hoy.
Y resulta que ye tenemos Papa, Benedicto XVI, dicen que es el guardián de la ortodoxia católica. Y se comenta a viva voz que es muy conservador y dogmático y muchas más cosas. Creo que tenemos que madurar un poco y pensar que la relación con Dios es personal e intransferible.
En medio tenemos a unas personas, hombres y ¡por qué no! también mujeres, que dirigen o guían a las fieles. Pero bueno, hay que dejarse de zarandajas y pensar que los caminos de Dios son eso, que no siempre coinciden con los designios de los hombres. Seamos sensatos y conviene pensar que la Iglesia, que dicen que somos todos, la debemos hacer entre todos, no solo desde arriba hacia abajo, sino que los creyentes de a pie tenemos que seguir haciéndola cada día y a veces empujando para que vaya cambiando un poco más deprisa, por muy milenaria que sea.
Jesús fue un hombre de su tiempo, plenamente integrado en aquélla sociedad y supo dar respuesta a todos los problemas que aquélla tenía. Más aún, nos habló de presente y sobre todo de futuro. No eludió ningún problema.
Deseamos que esta sea su forma de actuar, que sea un papa evangélico y que encare los problemas que el mundo tiene planteados, sin anclarse en el pasado y en el inmovilismo. El papa tiene que ser un hombre de su tiempo y que junto con el resto de los cristianos sea capaz de que venga para todos el Reino de Dios.
Una Iglesia ajena a los problemas reales del mundo, como la pobreza de tantos hombres, la violencia y las guerras, las profundas desigualdades de todo tipo, la explotación y el tráfico de personas, la inmigración, el papel de la mujer fuera y dentro de la iglesia, la misión de los laicos y su participación activa en la Iglesia, el derecho de todos a la información y educación sexual , la relación responsable , la prevención de enfermedades de transmisión sexual, la planificación de la maternidad, el respeto a la diversidad sexual ,el celibato como opción personal voluntaria de las personas servidoras de la Iglesia, el acceso de la mujer a los ministerios, el dialogo permanente con otras confesiones religiosas, los problemas de la genética y su contacto permanente con la ciencia.
Es necesaria una Iglesia plural y abierta a la realidad social, que muy diversa en el mundo, con una presencia activa de todos a través de las Conferencias Episcopales como un órgano de participación de las Iglesias locales.
Es preciso que la Iglesia se renueve por dentro, que desarrolle el Concilio Vaticano II y que sea capaz de dar respuesta a los grandes interrogantes que cada día les surgen al hombre y a la mujer. Una Iglesia abierta a la vida, y a todos, sin exclusión de nadie.
Bueno, pues creo que hay tarea, y que esta esperanza que suscita este cambio histórico y el nuevo mileno que empieza, estén presentes y que esta etapa que se abre no la matemos antes casi de haber nacido.