PRIORIDAD NACIONAL Y EVANGELIO: UNA INCOMPATIBILIDAD FRONTAL
JUAN ZAPATERO BALLESTEROS, zapatero_j@yahoo.es
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).
ECLESALIA, 04/05/26.- Hay ideas que no son simplemente discutibles: son, desde la mirada del Evangelio, moralmente indecentes. La llamada “prioridad nacional”, defendida por VOX, sostenida por Partido Popular y por otros sectores sociales y partidos de corte autonómico, es, en estos momentos, la más flagrante. Y lo es, porque choca de manera directa, sin posibilidad de maquillaje, con el corazón mismo del Evangelio.
El mensaje evangélico no admite fronteras morales. Jesús no organizó la compasión en función del pasaporte, ni jerarquizó la dignidad según la procedencia. Cuando habla del juicio final (Mateo 25), no pregunta por la nacionalidad del hambriento, del sediento o del preso. Pregunta, simplemente, si lo atendimos. Punto. Introducir el criterio de “los de aquí primero” no solo no es una adaptación imprudente del Evangelio a la política contemporánea, sino que es una verdadera vergüenza. Es negar la esencia más profunda de dicho Evangelio.
Estos señores (lo de «señores» es un decir) presentan la “prioridad nacional” como sentido común, como una defensa legítima de los recursos limitados. Les recordaría a todos ellos, por aquello de considerarse muy cristianos y muy católicos, que ya Santo Tomás de Aquino (S. XIII) defendía que «El fin no justifica los medios». Que, en el caso que nos atañe, significa que no se puede optar por una decisión moral que es perversa en esencia: excluir al más vulnerable, cuando no forma parte de “los nuestros”. Y eso, en clave evangélica, tiene un nombre incómodo: indiferencia ante el prójimo. Un prójimo que, según el relato del buen samaritano, no es el compatriota, ni el correligionario, ni el que comparte cultura o lengua. Es, simplemente, el herido en el camino. Curiosamente, el modelo no es el sacerdote que pasa de largo, cumplidor de normas y respetable, sino el extranjero que se detiene.
Aquí es donde el discurso de ciertos sectores políticos resulta especialmente grave: intentan revestir sus políticas de una supuesta coherencia con valores cristianos. Eso ya no es una opción política; es una instrumentalización perversa del Evangelio. Y, lo peor de todo, es que lo dicen desde el más profundo desconocimiento y desde la ignorancia más supina sobre Él.
Además, la “prioridad nacional” parte de una premisa que el Evangelio desarma, como es la idea de escasez moral. Como si la solidaridad fuese un bien que hay que racionar, como si acoger al otro implicara necesariamente desatender al propio. Jesús nunca plantea ese dilema. Su lógica es expansiva: compartir multiplica, cerrar empobrece. El relato de la multiplicación de los panes y los peces no es una lección de gestión de recursos, sino una denuncia del miedo a compartir.
Esto significa que hay líneas que un cristiano no puede cruzar sin traicionarse. Y una de ellas es convertir la identidad nacional en criterio moral superior a la dignidad humana. Cuando eso ocurre, la patria deja de ser un espacio de convivencia para convertirse en un ídolo.
Es legítimo debatir sobre aspectos técnicos del fenómeno migratorio. Lo que no es legítimo, desde el Evangelio, es cerrar el círculo de la compasión y dejar fuera al que más lo necesita. Porque entonces ya no estamos hablando de política: estamos hablando de una renuncia ética.
Hay que saber que el Evangelio no es cómodo, ni selectivo, ni tribal. Es radicalmente incómodo, porque obliga a mirar al otro, al distinto, al extranjero, como hermano. Todo lo demás, por mucho que se envuelva en banderas o en discursos de orden, es otra cosa. Y conviene decirlo con claridad: no es Evangelio.
Y, dado que estos «señores» no se cansan de proclamar a los cuatro vientos que son católicos y cristianos hasta la médula, además del Evangelio, que lo desconocen e ignoran en su totalidad, yo les sugeriría que leyeran los escritos, cartas y encíclicas de los tres últimos papas sobre este tema (Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco).
Ya para acabar, se me ocurre decir simplemente que su «prioridad nacional'» no es otra cosa que su «desvergüenza nacional» disfrazada (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia. Puedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).
