La precariedad ya no es una excepción, sino un sistema que corroe la vida común. Según el reciente Informe PRESME 2025, el 47,5% de los trabajadores en nuestro país vive bajo algún tipo de precariedad. Esta inseguridad estructural impide planificar el futuro, rompe los vínculos familiares y debilita el tejido social. Como sociedad, no podemos permitir que el trabajo, que debería ser fuente de dignidad, se convierta en una herramienta de erosión humana []

«Es tiempo de un país que cuide» departamentos de Pastoral del Trabajo y Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Española, en conferenciaepiscopal.es