FRECUENTAR SU AMOR
A propósito de Jn 16, 23-28
COMUNIDAD DE MONJAS TRINITARIAS*, monjasdesuesa@gmail.com
SUESA (CANTABRIA).
ECLESALIA, 18/05/26.- Nosotras lo sabemos porque lo hemos leído y oído muchas veces, y en alguna que otra ocasión lo hemos sentido y experimentado. Pero con todo, nos cuesta vivir en la alegría y la confianza de este amor.
Hay demasiadas cosas que nos distraen y también más de una circunstancia nos hace dudar. Por eso es imprescindible que le dediquemos tiempo a estar en ese amor. En nuestra vida no pueden faltar tiempos y espacios para saborear tranquilamente la certeza de que somos inmensamente amadas.
Siendo monja no es raro escuchar alguna vez algo así: “Reza tú que estás más cerca de Dios”. Y esto es un gran engaño. Nadie está más cerca de Dios que otra persona. Nadie es más amada. Dios ama a cada persona con un amor infinito. No hay categorías.
La diferencia la ponemos nosotras, según nuestro grado de conciencia y confianza en su amor. Si queremos ser más conscientes de ese amor solo tenemos que hacer una cosa: frecuentarlo. Cuanto más tiempo le dedicamos mejor lo conocemos, y así nuestra fe y nuestra confianza crecen.
Además, cuando descubrimos experiencialmente el amor que Dios nos tiene, se abren dos caminos: el que nos lleva a amarnos a nosotras mismas y el que nos lleva a amar a las demás como Dios las ama.
Porque la oración auténtica es compromiso. Si la oración no nos empuja en estas dos direcciones, ¡peligro!, algo funciona mal. Cuando salimos de nuestra oración pensando que somos mejores que las demás, en lugar de orar hemos estado alimentando nuestro ego. Si salimos sintiéndonos culpables por nuestra mediocridad, entonces hemos alimentado al juez que llevamos dentro.
La oración nos tiene que ayudar a ver hermanas y hermanos y a vernos a nosotras mismas como hijas y hermanas amadas (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia. Puedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).
