TIEMPO DE ANIVERSARIO
A punto de 25 años de Eclesalia
REDACCIÓN de ECLESALIA INFORMATIVO, eclesalia@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 29/06/26.- En el mes de junio de 2022, el Ministerio de Defensa del Estado español rebautizó al Ejército del Aire como Ejército del Aire y del Espacio; anteriormente, entre 1963 y 1986, existió la Comisión Nacional de Investigación del Espacio, que estaba adscrita al antiguo Ministerio del Aire. Estos son nombres que se dan al objeto de cuidar una realidad propia. Pero, ¿para cuando una Comisión, Ejército o Ministerio del Tiempo? y nunca mejor dicho el «para cuándo».

De las tres nomenclaturas me quedo con la de Comisión, término que tiene que ver con «encargar», «encomendar» o «cometer». Sería, por tanto, un organismo estatal encargado de la investigación del tiempo, de su gestión y defensa.

Habría que definir antes qué es el tiempo y, para empezar, nadie mejor que Agustín de Hipona que, en sus Confesiones, afirmaba «si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo a quien me pregunta, no lo sé». Después, claro está, habría que recurrir al sabio de Königsberg, Inmanuel Kant, para quien el tiempo es una forma pura a priori de la facultad de la sensibilidad, vamos, que es la persona la que lleva el tiempo, no que el tiempo sea algo que esté fuera de la persona. Por último, y por no enredar demasiado, nos quedaríamos con la versión de Edith Stein, para quien el tiempo es la dimensión de la finitud humana, que encuentra su verdadero sentido al ser trascendida por la eternidad, un camino de preparación para definir un destino con dimensión eterna.

Visto así, parece que, efectivamente, se hace necesaria una Comisión para el Tiempo o, incluso, un Ministerio del Tiempo, con funciones claramente definidas por su necesidad y misión.

Hablamos tanto de «ganar tiempo» como de «perder el tiempo» y hasta de matarlo, si llega el caso. Decimos que «el tiempo es oro», por lo que sería necesario ofrecer un «banco del tiempo» (ya hay, de hecho, algunas iniciativas al respecto); también un centro de salud, ya que «el tiempo lo cura todo» y «al mal tiempo buena cara». 

Entre tanto, nos podríamos parar a pensar qué hacemos cada uno con nuestro tiempo, sobre todo, quienes disfrutarán de días de descanso en el hemisferio norte con la llegada del verano; es decir, podríamos «dar tiempo al tiempo».

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Estamos a punto de cumplir 25 años de historia, un cuarto de siglo, las bodas de plata. Llegaremos a sumar cinco lustros el próximo 1 de septiembre de 2026 y vemos que es una buena ocasión para crecer y seguir apostando por una Iglesia al aire del Espíritu, renovada y renovadora, con sabor a pueblo, Dios al fondo y Cristo en medio, nunca excluyente y siempre fraterna y, por ello, por una sociedad humana y humanizadora. «El tiempo lo dirá».

Paz y bien.