Una Iglesia «pueblo de Dios», donde por lo tanto lo que concierne a todos y a todas es discutido, y donde todos y todas se comprometan por la paz y la justicia en el mundo, y por una profunda reforma de la Iglesia católica romana. Es todo lo que ha afirmado rotundamente el «Sínodo del pueblo de Dios» que se ha autoconvocado en Roma desde el 4 al 7 de octubre en un «Sínodo sombra» precisamente para hacer oír la voz de los «simples fieles» en el Sínodo de los obispos, que al mismo tiempo se estaba celebrando en el Vaticano. Organizado por varias instituciones, en Particular el movimiento internacional «Somos Iglesia» y la «European network» (red de grupos católicos de base europeos), el «Sínodo sombra» se ha desarrollado en los locales de la Facultad valdense de Roma, hallándose presentes un centenar de representantes de más de trescientos grupos esparcidos por Europa, en las dos Américas, en Asía y en África.

DECLARACIÓN FINAL» DEL «SÍNODO SOMBRA

«Nosotros creemos que todos los que forman el Pueblo de Dios, creados a su imagen, por su responsabilidad bautismal y sobre la base de la tradición de las primeras comunidades cristianas y de las enseñanzas del Concilio Vaticano II. Deben: Hablar claro de los problemas que les conciernen. Asumir las responsabilidades de su Iglesia e invitar a los pastores de la Iglesiacatólica romana a dar razón de sus opciones. El Evangelio nos dice que un ministerio genuino en la Iglesia es servicio (diakonía) al Pueblo de Dios. Este sentido de servicio debe convertirse en una realidad y no quedarse sólo en una afirmación, Considerando la urgencia de la situación en el interior de la lglesia, aunque un diálogo espontáneo encuentra frecuentemente obstáculos, nosotros nos atrevemos a hablar en voz alta porque estamos convencidos de que no se puede reprimir al Espíritu.

La tarea de los obispos en el interior de la comunidad humana

·         Los pastores de la Iglesia católica romana, a los que nos dirigimos directamente, hoy más que nunca deben pedir a los líderes del mundo que renuncien a una guerra de represalia contra el terrorismo. Actuemos de manera que se encuentre una solución de justicia por medio de una política de no violencia. Los líderes políticos deben ser reclamados al quinto mandamiento («no matarás»), rechazando el militarismo y la guerra como instrumentos de política nacional e internacional.

·         Los obispos son invitados a esforzarse para desarraigar del mundo y de nuestra Iglesia católica romana (cada uno por su parte) toda forma de violencia y, por lo tanto, la pobreza, la discriminación y la exclusión de personas sobre la base de motivaciones sexuales o de diferencias de género, del racismo y de la superioridad étnica o lingüística, de la violencia contra la conciencia de la intolerancia ideológica y de la pena de muerte. Promover una cultura de vida comporta la admisión del uso del preservativo para prevenir la difusión del virus HIV/AIDS también como método contraceptivo.

·         La asamblea del Sínodo de los Obispos de 1971,en su documento «La Justicia en el mundo», declaró que quien predica la justicia en el mundo debe ante todo ser justo a los ojos del mundo. Los pastores de la Iglesia deben intentar construir una Iglesia que sea un Sacramento de Justicia y de Noviolencia.

·         Los obispos deberían contrastar el documento vaticano «Dominus Jesus» ( firmado por el cardenal Joseph Ratzinger el 6 de agosto de 2000). Debemos comprometernos humilde y seriamente en un diálogo interrelígioso, abandonar toda concepción de superioridad católica y acoger la intercomunión ecuménica

·         Los Obispos son invitados a señalar con el dedo las escandalosas divergencias entre ricos y pobres de nuestro mundo, a denunciar una globalización opresiva y modelos económicos neoliberales, a sostener los derechos de los trabajadores, la cancelación de la deuda externa de las naciones pobres y la construcción de un orden económico global basado sobre principios de justicia y democracia.

·         Los obispos deberían promover un compromiso activo por nuestro planeta que es creación de Dios. Deben también contribuir a promover políticas de protección del ambiente que modifiquen comportamientos consumistas y que conserven los recursos del mundo para las generaciones futuras. Los pasos hacia una ecología eficaz deben iniciarse en el interior de la misma Iglesia católica romana.

·         Los obispos deben respetar la conciencia y las opciones éticas de los que toman decisiones sobre cuestiones en materia sexual o con respecto a la paternidad y a la maternidad. Los pastores de la Iglesia son invitados a reexaminar las enseñanzas eclesiásticas oficiales sobre tales temas, teniendo presente el «sensus fidelium» (el sentir de los fieles).

·         El gobierno de la Iglesia no debería reclamar la estructura de un Estado secular, y en las organizaciones internacionales la Iglesia católica romana debería tener el mismo «status» que los demás entes religiosos.

Los Ministerios en la Iglesia Católica Romana

No debería tolerarse forma alguna de discriminación en los ministerios eclesiásticos. Todo ministerio, incluidos el diaconado ,el sacerdocio, el episcopado y el papado, debería estar abierto, en línea de principio y teniendo en cuenta el bien de la comunidad, a hombres y mujeres, casados o no, independientemente de la raza o del grupo étnico.

La Iglesia local

·         Quien tiene el ministerio de la guía de la Iglesia local debería tener como tarea la de sostener de forma fuerte, profética, pública la justicia, la paz, la libertad y la integridad de la creación.

·         Los «simples fieles» pueden dar grandes contribuciones a la vida y a las enseñanzas de la Iglesia. Los líderes de la Iglesia local deberían partir de este presupuesto. Deberían estar disponibles en contacto con el pueblo, propensos a la discusión, a la escucha y al aprendizaje, flexibles ya abiertos incluso interesados por cada uno individualmente.

·         Los pastores de la Iglesia deberían sostener e intentar de comprender a los jóvenes. Deberían implicarlos en la organización de celebraciones litúrgicas significativas, de especiales ritos de paso, en el poder decisional y en encontrar los modos para difundir el mensaje del Evangelio en nuestro mundo.

·         Nos comprometemos con una Iglesia basada sobre la «colegialidad de todas las personas bautizadas». El poder decisional y la responsabilidad deberían ser compartidos, promoviendo la participación de todos. Los Sínodos o Consejos locales deberían emplearse para realizar estos objetivos.

·         El pueblo de Dios debería poder elegir a sus obispos y a los demás pastores. Estos líderes deberían mantenerse en el cargo por un período de tiempo determinado y dar cuenta de su actuación a la comunidad local de los fieles. Las normativas para la elección, de los pastores deberían tener en cuenta el contexto cultural en el que viven las comunidades locales.

·         El obispo local es un líder que coordina los ministerios y promueve la unidad. Él o ella debe dar cuenta de su actuación a la comunidad, y no asumir posturas de imposición o de dominio.

·         La Iglesia local debería instituir un método para la resolución Imparcial y justa de las disputas a través de una mediación coordinada de terceras personas. El modelo de un «defensor del pueblo» podría resultar útil.

·         Los pastores de la Iglesia deberían acompañar a su pueblo en su camino de fe, sin temores y miedo a los desafíos.

La Iglesia universal

·         las características de la Iglesia local arriba descritas deberían ser propias también de la Iglesia católica romana a nivel universal.

·         El papado debería basarse en la autoridad moral y no en el poder de jurisdicción. Un proceso conciliar permanente es importante en cada Iglesia para favorecer una participación ampliamente compartida.

·         Los pastores de la Iglesia universal deberían acompañar a los fieles en el desarrollo de su comunión de fe. Deberían respetar el papel del «sensus fidelium» en la comunidad y !as opciones de conciencia de cada uno. Los pastores deberían reclamar la unidad en las cosas esenciales, admitir la libertad en las cosas dudosas y favorecer la caridad en todas.

·         En la Iglesia debería prevalecer una postura de abierto debate teológico. Ningún fiel o pastor de la Iglesia debería reprimir o castigar a otros fieles comprometidos en el debate teológico o que se separen de las enseñanzas eclesiásticas oficiales.

·         Y como quiera que Dios es representado tanto en figura masculina como femenina, como Padre y Madre, el liderazgo de la Iglesia universal debería incluir tanto a mujeres como a hombres. Las mujeres son iguales a los hombres por naturaleza y por gracia. Negar esta igualdad es una forma de violencia y una limitación de la imagen de Dios.

·         Los pastores de la iglesia deberían poder compartir las experiencias de vida de las comunidades. Líderes que comparten las experiencias de vida de la gente común pueden más fácilmente comprender la realidad del matrimonio, de la paternidad y de la maternidad. Y al que está casado o tiene hijos le pedimos que ayude a los pastores a reexaminar y reformular las enseñanzas eclesiásticas sobre las problemáticas del matrimonio, de la paternidad y de la maternidad. Nosotros creemos, en todo caso para ejemplarizar, que las personas divorciadas y vueltas a casar deberían tener la posibilidad de recibir la Eucaristía; que los métodos contraceptivos deberían ser dejados a la opción de conciencia de cada uno; y que los homosexuales deberían ser bien acogidos en el interior de la comunidad eclesial..

·         Todos los obispos tienen igual dignidad. En el espíritu de subsidiaridad, los obispos deberían subrayar su rol de representantes de la Iglesia local respecto a la Iglesia universal, afirmando e ilustrando las experiencias de su pueblo.

·         Y ya que la Iglesia universal contiene dentro de sí la multiplicidad, siendo por tanto una «comunidad de comunidades», los pastores de la Iglesia universal deberían actuar con el más profundo respeto a las diferencias culturales en todo aspecto de la vida de la Iglesia.