CONTRA EL TERRORISMO Y LA VIOLENCIA
Declaración de la Asociación Española de Teólogos y Teólogas Juan XXIII
JUNTA DIRECTIVA
MADRID
La Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII quiere expresar, a través de esta declaración, su condena del terrorismo y de la violencia desde la ética humanitaria en favor de la vida y desde nuestra fe en el Dios de la reconciliación, en los siguientes puntos
1. Consideramos que todos los terrorismos son reprobables, porque atentan contra la vida humana, que es el derecho fundamental del que emanan los demás derechos. No cabe establecer diferencias desde el punto de vista ético y desde la fe cristiana entre distintos tipos de terrorismos.
2. Condenamos los actos terroristas del 11 de septiembre, que han destruido la vida de miles de personas en los Estados Unidos y sembrado el terror en la población mundial. Los actos resultan más condenables, si cabe, porque se han llevado a cabo bajo el nombre de Dios, que, según el decálogo de las tradiciones judía y cristiana, no puede tomarse en vano, y menos aún como justificación de la violencia. En todas las religiones se formula el precepto de «no matarás».
3. Con la misma contundencia expresamos nuestra condena de los bombardeos de Afganistán llevados a cabo por la coalición internacional liderada por los Estados Unidos. La operación «Libertad Duradera» supone un retroceso ético, ya que significa la aplicación de la ley del talión, sin límite ni control, contra un pueblo que no es responsable de los atentados terroristas del 11 de septiembre. Los bombardeos contra Afganistán han desencadenado una espiral de violencia imposible de detener y han tenido consecuencias negativas: muertes de personas de todas las edades; fusilamientos indiscriminados de los adversarios; caza y captura de personas que, por muy culpables que sean, no pueden ser objeto de irracionales instintos de venganza; refugiados que tienen que sobrevivir en condiciones precarias, destrucción de las infraestructuras de un país que se encuentra en permanente estado de guerra desde hace casi un cuarto de siglo. La respuesta violenta a los atentados del 11 de septiembre no nos parece la mejor respuesta al problema del terrorismo mundial. Consideramos que los bombardeos son contrarios al derecho internacional.
4. Nos definimos a favor de los métodos pacíficos, de la no violencia-activa, como cauce más eficaz para resolver los conflictos, en la línea de personalidades religiosas emblemáticas de todos los tiempos: Buda, Jesús de Nazaret, Gandhi, Luther King, Juan XXIII, Dalai Lama, etc.
5. Estamos en contra de la leyes represivas que se están debatiendo en el Parlamento Inglés y de la orden de Bush de juzgar a los terroristas en tribunales militares secretos, ya que abren el camino a a juicios sin garantías e incluso ejecuciones, sobre todo contra la población extranjera. Tales medidas constituyen un recorte de las garantías constitucionales y una negación de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, y son más propias de Estados dictatoriales y policiales que de Estados libres y democráticos.
6. Estamos en contra de la ocupación de Palestina por parte de Israel y de las acciones violentas llevadas a cabo por el ejército israelí, que han causado la muerte indiscriminada de ciudadanos y ciudadanas palestinos: dirigientes políticos, niños, mujeres, jóvenes, etc. Condenamos igualmente el recurso a la violencia de las organizaciones armadas palestinas. La comunidad internacional y sus instituciones deben exigir el cumplimiento de las resoluciones de la ONU y facilitar el camino para la independencia de Palestina. Abogamos por una solución pacífica al conflicto judio-palestino que pasa por la creación del Estado Palestino, su reconocimiento por la comunidad internacional y su protección por la ONU, que no puede ser neutral en esta cuestión.
7. Condenamos el terrorismo de ETA, que carece de toda justificación: política, social, religiosa, cultural, económica y ética, responde a la lógica de la muerte, de la extorsión, está dictado por el fanatismo y golpea indiscriminada y ciegamente a todos los sectores de la población y a todos los pueblos de España. Todos los ciudadanos, sin excepción, estamos en el punto de mira de ETA y somos víctimas potenciales. Por ende, cualquier actitud de legitimación del terrorismo de ETA nos parece un acto de complicidad. Más aún si la legitimación, el encubrimiento o el silencio proceden de sectores religiosos. En ese caso se retrocede a etapas ya superadas de la religión, que se caracterizan por la violencia de lo sagrado y constituyen la perversión y degradación de la experiencia religiosa. Ninguna causa, por muy noble que sea, justifica la destrucción de la vida humana, sobre todo cuando existen cauces democráticos para su defensa.
8. Condenamos la violencia por razones étnicas, raciales y religiosas, especialmente las llevadas a cabo contra las minorías que, por serlo, se sienten indefensas. Son ellas las que precisan de más defensa y protección.
9. Condenamos con la misma energía la violencia de género, especialmente la que se lleva a cabo contra las mujeres en sus diferentes modalidades: a través de los medios de comunicación, de la publicidad, en el hogar, en el trabajo, en la vida cotidiana, en la educación, en el lenguaje, etc. En dicha violencia tienen una responsabilidad no pequeña las religiones con sus estructuras patriarcales y androcéntricas y sus prácticas discriminatorias y excluyentes de las mujeres.
10. Con frecuencia el caldo de cultivo del terrorismo son las situaciones de injusticia estructural del mundo actual, provocadas por el modelo económico neoliberal, que sume en la pobreza a dos terceras partes de la humanidad, ¡más de 4.000 millones de personas! Las religiones han de asumir su responsabilidad histórica en este terreno trabajando por la construcción de un orden internacional más justo y solidario. Sobre todo, en el caso de las grandes religiones, que están extendidas por todo el mundo y pueden influir decisivamente en la mutación de la marcha del mundo en la dirección de la fraternidad-sororidad universales.
11. También se ejerce la violencia contra la naturaleza, a través del actual modelo de desarrollo científico-técnico de la modernidad, que se muestra salvaje al destruir las fuentes naturales de la vida. Proponemos unas relaciones no opresivas y una convivencia pacífica entre los seres humanos y la naturaleza. Las religiones poseen importantes tradiciones que reconocen al mismo nivel y en igualdad de condiciones los derechos de la tierra y los de la humanidad, a partir de que una y otra son imagen de Dios y gozan de la misma dignidad.
12. Las religiones no pueden echar leña al fuego del terrorismo nacional e internacional, atizándolo o justificándolo. Han de utilizar el dinamismo de su voz profética para denunciarlo y condenarlo con palabras y hechos. Han de ser agentes de reconciliación e impulsoras de procesos de pacificación. Con el mismo empeño han de trabajar por la construcción de un mundo donde quepamos todos y todas. El combate contra la injusticia estructural requiere la misma decisión y el mismo empeño que la lucha pacífica contra el terrorismo.
13. Dos son las exigencias que han de cumplir las religiones: a) la renuncia a la guerra entre ellas y la opción por el diálogo inter-religioso e inter-cultural; b) el acuerdo en torno a unos mínimos éticos en favor de la justicia, la paz, la defensa de la naturaleza, la lucha por al justicia y la igualdad entre los hombres y la mujeres.
LA JUNTA DIRECTIVA DE LA ASOCIACIÓN DE TEÓLOGOS Y TEÓLOGAS JUAN XXIII: Enrique Miret Magdalena, Juan José Tamayo-Acosta, Casiano Floristán Samanes, José María Castillo Sánchez y Alfredo Tamayo Ayesterán.

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