RELIGIÓN Y PAZ
Experiencia interconfesional y ecuménica por la paz
JOSÉ RAMÓN CARBALLADA, 09/03/02
NIKKI. REPÚBLICA DE BENIN.
Últimamente ha habido muchos accidentes de coches, el último, la semana pasada, con más de 12 muertos: un camión cargado de maíz subía al mercado de Malenville, trescientos kilómetros al norte, en la frontera con Níger, al borde del río. Los que llevaban el maíz viajaban en el camión encima de los sacos. El camión perdió el enganche que amarra el remolque a la parte tractora y se fue por una cuesta abajo, al final volcó en un riachuelo.
Estando así las cosas las autoridades decidieron convocar un día de oración de todos los creyentes: de las religiones tradicionales, de todas las comunidades cristianas y del los musulmanes. Nos invitaron a ir al patio del palacio real, allí se celebraba el congreso de «Su tii dera» (Ayudémonos a nosotros mismos). El programa preveía una serie de actos que iban a durar desde las 9 de la mañana hasta la noche.
No tendría sentido ir a celebrar una misa para dar gusto a los políticos y que viesen todos que la gente de las religiones les apoyan. Por otra parte tampoco tendría sentido negarnos a participar y despreciar la invitación de una asociación muy influyente que nos invitaba por un problema muy grave. una vez que habíamos sido invitados sería darles un desplante feo.
Así que decidimos vernos con la gente de otros cultos y preparar una pequeña celebración. Pusimos a la cabeza a José Saka, el pastor de la Iglesia Evangélica de Benin y nos pusimos de acuerdo en lo que queríamos hacer: en primer lugar éramos conscientes de que los políticos nos querían utilizar para que la gente nos viese con ellos y nos habían convocado a todos separados íbamos a ir juntos y aprovechar la oportunidad para presentar el evangelio a gente que no tiene ocasión de oír la palabra de Dios.
El pastor se conoce la Biblia al dedillo, trabajó años en la traducción al bariba. Cuando alguien propuso otro texto de San Pablo yo estaba pensando: ese texto no va con los que nos escucharán pero como acababa de llegar tampoco quería intervenir demasiado, pero él salió al quite inmediatamente, había tenido el mismo razonamiento y propuso un texto dirigido hacia los políticos para decirles el sentimiento de nuestras iglesias.
Buscamos un texto y el pastor propuso Isaías 1, 17 en el que el profeta dice: «cesad de hacer el mal, aprended a hacer el bien, respetad el derecho, proteged al oprimido, haced justicia al huérfano, defended a la viuda…». Ese es nuestro culto, esa es nuestra palabra, eso es lo que podemos decirles tanta gente que tiene mucho cuento y vive y hace carrera con él. Completamos con un versículo del Libro de las Crónicas que retomaba el mismo tema.
En la reunión, un pastor de la iglesia bautista de cierta edad, dijo que a él lo que no le había gustado era que, en la lista, pusieran en primer lugar a los de la Religión Tradicional Africana, no veía por qué razón nos relegaban a segundo lugar. Un «pastorcito» de la Asamblea de Dios, jovencito, con una camisa de cuadros azul y una voz muy fina le contestó que a él eso no le parecía mal: «los dejamos ir delante, la fuerza de la sangre de Jesús lo redime todo, tampoco por eso pasa nada».
Decidimos quienes harían las lecturas, que se leerían en francés y bariba; en cambio las oraciones, cada uno la diría en su propia lengua porque Dios entiende todas las lenguas y todas tienen derecho a expresarse.
Cuando un católico, de nombre Todos los Santos, que es el hombre de la parroquia que, por lo que visto y me dijo Satur está en todas las cosas de iglesia, propuso que rezásemos por los muertos de los accidentes otro pastor jovencito, de los metodistas, dijo que él prefería que rezásemos por los familiares de los muertos y que pidiésemos consuelo para ellos para que no fuese a pensar la gente de los cultos tradicionales que los cristianos adoraban a los muertos. Cuando se repartieron las oraciones, tema, orden y persona que la iba a pronunciar… propusieron que fuese el más anciano el que hiciese esta petición de consuelo por los familiares pues estarán tan dolidos que conviene que sea un anciano el que dirija esta oración para no hacerles daño con la misma palabra y saber darles consuelo.
A mí me toco la primera petición, pedir por la paz y la unidad, rezamos también por los gobernantes, por los jóvenes, los enfermos y, otra idea que no quería obviar el «pastorcito» una petición en la que se hablase del temor de Dios, se la dejamos a él y tan contento.
Como hay algunas diferencias en la manera de rezar el Padre Nuestro quedamos en que lo rezaría uno solo en el micro y los demás levantaríamos las manos. Satur se encargó de la introducción y de la oración de conclusión. El pastor Joseph hizo el comentario de la lectura. Después de nosotros los musulmanes hicieron su oración, medio salmodiando creo que en árabe y un bariba retomaba lo que decían en bariba pero el altavoz era tan malo que no se entendía nada.
Cuando el esquema estuvo listo mandamos una delegación al lugar de la reunión, el patio del palacio real, mientras tanto les saqué un racimo de plátanos a los que quedaban en casa para meter algo en el estómago; pronto volvió la delegación diciendo que ya podíamos ir, que nos esperaban. Allí fuimos, yo en la moto con Satur; nos esperamos unos a otros y después nos colocaron a todos en las sillas que nos tenían reservadas. La celebración se pasó bien; faltaron cantos en condiciones pues no hubo tiempo de avisar algunas corales pero fue algo digno y un testimonio interesante, el de vernos juntos y unidos ante retos tan grandes como son los de la miseria y la dignidad de los pobres: miseria es que aquí todos los camiones que circulan son los que ya se han cansado de circular por Europa y llegan aquí procedentes de los desguaces para llevar una vejez por carreteras accidentadas: no es extraño que rompan y haya tantos accidentes. En principio tienen ITV obligatoria pero parece que muchas veces no presentan el camión, van con los papeles y unos billetes en medio de la documentación.
Me llamó mucho la atención el conocimiento que tienen de la Biblia y el razonamiento sosegado de los que estaban en la reunión, lo mismo que la conciencia de pertenecer todos a la tradición de Jesús de Nazaret aunque algunas de las que llamamos sectas tengan credos muy diferentes del nuestro, ante los problemas de los hombres las diferencias pierden consistencia. Se sentía un grupo de gente de muy buena voluntad, habrá que buscar la manera de tener contactos con regularidad.
Por la noche fui a una reunión de los cristianos en el barrio Danri, la información no había circulado bien y la gente no estaba, así que los pocos presentes nos fuimos a visitar a los que no habían venido, pasamos por las casas a la manera de aquí: entras, muchos saludos y bromas, silencio para tomar asiento, traen un vaso de agua para mojarse los labios y después ya se hacen los saludos ceremoniosos, se da la noticia, se comenta el motivo de la visita… y se conversa. Creo que para no poner en apuro a la gente, no estábamos mucho tiempo en cada sitio, lo contrario hubiese significado que como yo iba por la primera vez debían sacar unas cervezas.
En casa de una señora, Berta, que fabrica aceite de cacahuete, comimos galletas hechas con la fibra (pulpa) que queda una vez extraído el aceite, un poco picantes y ricas. El marido de esta mujer y todos sus hijos son musulmanes pero ella participa en todas las cosas de la iglesia y la respetan. Su marido me comentó que le había gustado mucho la reunión de la mañana, que cuando le propusieron al imán participar en esta oración había gente de su consejo que no estaba por la labor de hacer cosas juntos unos con otros pero él lo tenía muy claro y les dijo que, a ver: ¿no es la muerte algo común a todos? No hay que tomar a la ligera estas cosas, así que decidió ir y participar y en su oración dijo claramente que no se podían poner a parte de los demás, que estas cosas son preocupaciones comunes y no se puede dejar a nadie fuera. «Que lo tengan claro los que tienen tentaciones integristas y excluyentes, por ahí no se va a ningún lado».
Los niños de preescolar
Habían terminado la mañana, la mayoría se habían ido a sus casa y solamente quedaba, jugando en un columpio, media docena de chiquillos que esperaban a un hermano o hermana mayor quer viniese a buscarlos. Se peleaban por colocarse en el columpio y enseñarme sus habilidades.
Me llamó la atención uno que se colgaba de una rama de un mango pequeño y se columpiaba solo, haciéndose el mayor que pasa de chiquillerías.
Al acercarme dejaron corriendo el columpio y vinieron a saludarme, «buenos días padre», «hola, buenos días». Se fijan en mi camiseta, les intriga el dibujo y pregunta uno: «¿Qué es eso?» «Una piragua» No hay piraguas en la sabana y el chaval no conoce, creo yo, la palabra ni el concepto pero hay otro dispuesto a explicar.
