08/11/02. La película mexicana “El Crimen del Padre Amaro” provocó una polémica tan amplia antes de ser exhibida que obviamente era necesario verla para analizarla y hacerse un juicio propio. En este artículo se presentan algunas reflexiones sobre dicha película y sobre el impacto que produjo, porque ambos se volvieron inseparables.

1. La factura de la película

No se qué tan válido es separar la forma del fondo en el análisis de una obra artística , pero en este caso quisiera empezar haciendo unos comentarios sobre la forma. La película me pareció desde este punto de vista, bastante buena. La actuación de los personajes, el manejo de los tiempos, de la fotografía, de los contrastes, del desarrollo de la trama es de buena calidad. Al menos esa fue mi primera impresión. Sin embargo, después de escuchar al Mtro. Jorge Basaldúa, en un panel llevado a cabo en la Universidad Iberoamericana (En el Panel ¿Cuál es el crimen del Padre Amaro? . Universidad Iberoamericana Puebla. 26 de Agosto de 2002), vi con mayor claridad lo que él enfatiza, que la película está conformada por demasiados estereotipos

2. El tema: La crítica al clero

La obra de Eça de Queiroz es una crítica a la sociedad burguesa de Portugal en el Siglo XIX, sociedad plagada de hipocresías, y de una religiosidad nada sana. Vicente Leñero, escritor católico, hace una adaptación al México actual, y a decir verdad no lo logra muy bien, ni el ambiente del pueblo ni el párroco español ni los aspectos de la religiosidad popular ubican al espectador en el contexto de la realidad nacional. En todo caso la película de Carrera es una crítica clara y directa al clero, válida en términos generales, pero que sería injusto y poco honesto generalizarla. Estas críticas están, en su mayoría , representadas por los personajes., y podrían sistematizarse de la siguiente manera:

– Un clero cómplice del poder y que acaba involucrado en las corruptelas

del mismo, representado en la película por el párroco del pueblo, el padre Benito, por el Obispo y poco a poco por el mismo padre Amaro.

– Un clero reprimido sexualmente por la imposición del celibato y que lo orilla a llevar una doble vida. Eso le ocurre al padre Benito y al padre Amaro.

– Un clero que por preservar la imagen de la institución y la propia carrera

eclesiástica llega a crímenes como el caso de la muerte de Amelia.

– Un clero que de todas esas anomalías no rinde cuentas ni a la sociedad ni al conjunto de la Iglesia y que además permanece impune, como ocurre con las acciones de varios de los sacerdotes que salen en la película.

– Un clero que vuelve fanática a la gente, representada ésta última por Dionisia.

– Un clero dividido entre los que están con los poderosos, como el Obispo y el padre Benito, y los que están con los pobres, como el padre Natalio.

Desgraciadamente estas críticas, por muy duras que parezcan, corresponden la una realidad que cada vez será más difícil de ocultar como lo ha sido hasta ahora. Pero también es cierto que no es toda la realidad, y la película no deja ni una sola apertura a otros aspectos benévolos del mundo eclesiástico.

Seguramente la intención de los productores y mis expectativas eran diferentes. Me parece que el tema, importante para nuestra sociedad, podría haberse tratado con más hondura y de manera más analítica. Me pareció que se maneja con mucha superficialidad y de una forma un tanto caricaturesca. El tratamiento de la vida del padre Benito, el párroco español ( de hecho en el Clero Diocesano de México es muy difícil encontrar un párroco español) que recibe limosna de los narcotraficantes a cambio de encubrimiento y servicios religiosos, y construye con esas limosnas un hospital, es muy simplista. Hay suficientes evidencias para suponer que eso existe en la realidad, pero seguramente en medio de muchas tensiones que no aparecen. De la misma manera me pareció pobre el manejo del Padre Amaro, que tal vez por su deficiente actuación , aparece indiferente ante el drama que está viviendo ¿O eso es lo que quiso decir el autor del guión? Incluso el Padre Natalio no sale bien parado, pues aunque representa al sacerdote que, en fidelidad al Evangelio, se ha comprometido con los pobres, que lucha por la justicia y por eso mismo no se hace cómplice de los arreglos entre el obispo y el poder, al final aparece como vinculado con el asesino que obtuvo las fotos del párroco con los narcotraficantes. Se intentan explicitar las tensiones y rupturas al interior de la Iglesia, pero con mucha menos densidad de como ocurren en la realidad. Tal vez me esperaba una película cercana a la tonalidad de la obra de Teatro “ El Candidato de Dios”, de Basurto o de “Romero”.

Sin embargo, en toda la trama y como trasfondo de las críticas, hay algo importante que está implícito, y que me parece de una gran relevancia: que toda institución vertical, con el poder concentrado en la cúpula tiende a desvirtuarse, a corromperse y acaba dañando a sus miembros.

Finalmente, aunque el tema central es la crítica al clero, sale un personaje que de alguna forma representa a los “feligreses”, Dionisia. Esa mujer demente y perversa , que mezcla un fanatismo a ultranza y una falta de ética elemental, poco tiene que ver con la religiosidad del pueblo mexicano. Tal vez se quiso con ese personaje y su entorno, significar la religiosidad subterránea de raíces prehispánicas y coloniales que está presente de manera intensa en nuestra patria, esa especie de religión paralela relacionada con la curandería y la brujería que atraviesa todo el México Profundo. Pero aunque esa religiosidad popular es ambigua, al igual que la no popular, no tiene esa tonalidad perversa que representa esa mujer. Se evidencia un desconocimiento importante en este terreno. Y el asunto de la hostia, que tanto ruido ha hecho y que seguramente aparece en la obra de Queiroz, no era necesario mantenerlo, primero porque no es un hecho representativo y segundo porque lo único que hace es provocar innecesariamente a muchos espectadores y desviar la crítica de fondo hacia la acusación de “blasfemia”.

3. ¿Por qué el escándalo?

Pero ¿por qué el escándalo causado por esta película? ¿Por qué tantos anatemas a ésta y no a otras más dañinas y mas contrarias a los principios cristianos? Yo creo que porque toca un punto central en torno al cual se ha vivido el catolicismo, y que forma parte no solo de las estructuras eclesiásticas sino también de la mentalidad religiosa de muchos: Las sacralización de los curas.

El catolicismo se ha desvirtuado en la medida en la que ha sacralizado al clero y “profanizado” al laico. En la medida en la que al sacerdote se ha visto como un mediador entre el ser humano y Dios. ¿Es sagrado el sacerdote? Yo creo que lo que es sagrado es el ser humano por ser hijo de Dios, y que de alguna forma está consagrado cuando asume esa filiación a través del Bautismo, y no hay mucho más. González Fauss, un teólogo jesuita catalán afirma lo siguiente (Apuntes sobre el ministerio eclesial. Ed. Sal Terrae. Presencia Teológica. Santander 1989): En el Nuevo Testamento, la comunidad de vida que brota de Jesús es lo único “sacerdotal”. Deliberadamente, el Nuevo Testamento evita siempre llamar “sacerdotes” a los dirigentes cristianos, comenzando por los mismos apóstoles. La Iglesia ha de tener y tuvo siempre sus dirigentes, pero esos dirigentes no tienen nada que ver con el hecho religioso del “sacerdocio”, sino con el hecho existencial de la vida entregada de Jesús. La tendencia a sacralizarlos es producto del psiquismo humano. Jesús es el único mediador, y regresar al tipo de sacerdocio sacralizado del Antiguo Testamento es una constante tentación, insiste el teólogo.

Yo pienso que precisamente esa sacralización se ha convertido en un obstáculo a la maduración humana y de la fe del pueblo de Dios, incluido el clero. Por eso lo que lleve a transparentar la vida de la Iglesia es sano. Permite relativizar la inadecuada autopercepción del clérigo como “representante de Dios”, porque más bien es representante de la comunidad, y la incorrecta autopercepción del laico como lo profano de la Iglesia, y como un menor de edad dentro de la misma. Precisamente ese intento de ubicar al clero en su lugar es lo que provoca tanta resistencia en “sacerdotes” y en seglares, porque históricamente se ha construido la religiosidad en esa dicotomía de clérigos-laicos, necesaria de superar como lo dicen numerosos teólogos católicos (Parent, Remi. Una Iglesia de bautizados. Para una superación de la oposiciónclérigos/laicos. Sal Terrae. Santander, 1987. Légaut, Marcel. Creer en la Iglesia del futuro. Ed. Sal Terrae . Presencia Teológica. Santander 1985).

El desafío no es fácil. Con frecuencia la fe de los clérigos está demasiado asimilada a una identidad “sacerdotal” que se alimenta de la minoría de edad del laico. Y cuando el laico se esfuerza por ser adulto en su fe, pone en tela de juicio la identidad del clérigo. Ese es un profundo problema que esperaba apareciera de alguna forma en la película.

Ignoro de qué manera Eca de Queiroz maneja todos estos encuentros y desencuentros en su novela, y me siento invitada a leerla. Pero ciertamente a mi me decepcionó la manera de tratar temas tan necesarios como importantes para los que somos católicos. Digo que necesarios e importantes porque, insisto, todo lo que sea desacralizar al clero, ubicarlo en la humilde condición humana es bueno para toda la Iglesia. La fe de la Iglesia no madurará mientras se resista a dar ese salto que relativice la oposición clérigo-laico.

4. A la escucha de un grito y de un reclamo

En realidad lamento que se haya desperdiciado una buena ocasión de hacer una crítica más profunda, más seria y más honesta, y también lamento que se esté desperdiciando la ocasión de una reflexión autocrítica por parte de la Iglesia En el fondo ¿No es la película un grito y un reclamo a una institución de la que se esperaría transparencia, un mínimo ético, menor distancia entre el discurso y la práctica, y lucidez sobre su vulnerabilidad? Creo que es una interpelación que habla de una hartura de hipocresía y de impunidad. La Iglesia es una institución que tiene que rendir cuentas a sus miembros y a la sociedad. ¿No expresa una demanda actual de transparencia y de fidelidad al Evangelio? ¿De que la Iglesia se preocupe más de seguir a Jesús y menos de predicarse a sí misma? Yo creo que es una interpelación a la madurez de la fe de la comunidad cristiana que no puede estar atada a una religiosidad “natural”.

En resumen, y a pesar de mis sentimientos encontrados.