10/04/03. En los últimos días  estoy leyendo en la oración un libro que alguien me regaló antes de volver para aquí de vacaciones, se llama «Orar con los cinco sentidos». Antes de empezar a leerlo ya pensaba en escribir algo relacionado con eso en la misión. Y al final lo estoy haciendo. Los sentidos son imprescindibles para percibir la realidad. Cada sentido es importante y cuando nos falta alguno por supuesto que lo notamos y nos dificulta aunque quizás esto a veces hace que otros se desarrollen más. En la Misión por supuesto también son importantes, ¿por qué? Pues por su ayuda a entrar y percibir la realidad que nos envuelve y responder ante ella.

Podemos empezar con la vista, podemos ver con los ojos biológicos conocer lo que hay a nuestro alrededor percibir los colores, las formas, las personas… Los paisajes, los caminos. Podemos caminar sin caernos porque vemos si hay algún obstáculo…. Podemos quedarnos ahí en sólo ver o bien podemos observar. Observar a quien está a nuestro lado y ver si está necesitado de algo. Ver con los ojos de dentro. Intentar profundizar y descubrir las necesidades que nos rodean e intentar darles respuesta.  Si vemos podemos dar la mano al que no ve e intentar que no se caiga y se haga daño.

Continuamos con el oído. Además de servir para escuchar los múltiples sonidos que se pueden escuchar, algunos agradables otros menos, podemos escuchar a las personas, y digo escuchar, porque muchas veces la gente sólo necesita eso. Podemos escuchar cosas que nos gustan pero muchas veces tenemos que oír unas cosas… que la verdad no nos hacen ninguna gracia. Otras ni siquiera oímos y nos hacemos los sordos. Algunas veces me gustaría ser sorda para no tener que oír cuando llaman al timbre a horas intempestivas o bien cuando me dicen algunas verdades. Pero hay que estar abierto a todo. Y aprovechar este sentido que nos hace entrar en comunicación con los otros.

El gusto. Justo estoy leyendo ese capítulo del libro que mencionaba antes. Aprovecho para hacer un poco de publicidad. Lo escribe una teóloga Mercedes Navarro y, verdaderamente, yo no lo voy a hacer mejor que ella. Además de experimentar este sentido con las cosas buenas que hay para comer, gustos algunas veces diferentes, existen diferentes gustos en la Misión. Ella lo expresa muy bien, sabores dulces, momentos felices en los que parece que consigues hacer alguna cosa, en que te parece que estás entrando y que conoces bien a la gente en que te sientes bien contigo misma y con la misión, en que estás donde debes estar y que Dios lo quiere así. Frente a esto están los sabores amargos, que también lo hay, en los que piensas que qué narices estás haciendo aquí si no sirve de nada, en que las personas en que confiabas no actúan como pensabas o te fallan, en los que te sientes sola y no ves la salida y quieres mandarlo todo a rodar… De esos por desgracia hay muchos. De pensar que no vale la pena seguir… No son sabores agradables, pero están ahí y tenemos que vivir con ellos. Para esos, gracias a Dios, existen los dulces, los sabrosos en los que nos podemos amparar en los momentos difíciles porque, gracias a Dios, tenemos memoria para recordarlos.

Olfato. Olores, sabores, los hay buenos y no tan buenos. Para mí el peor es el de la miseria y el de la ignorancia que a veces no se quiere superar. Tengo buen estómago para los olores desagradables no me molestan tanto como los que he mencionado anteriormente. No me molestan los olores físicos sino los que traen miseria y sobre todo la ignorancia que a veces parece que o se quiere superar. Me encantan frente a estos los perfumes. Quien me conoce sabe que soy presumida y que me encantan los perfumes, como también me encanta el olor de la tierra mojada cuando llueve o el olor de los bebés pequeños que también es el aroma de la esencia de la vida. Los niños son el perfume de la esperanza. Muchas veces pienso que el trabajo con los niños es más fácil, aunque no lo parezca, que con los adultos. Por eso para mi los niños son el perfume de la esperanza.

El tacto. Suave, áspero, aterciopelado, duro, blando, viscoso… así podemos ser y puede ser la misión. Cada uno decide como ser y lo elige unas veces consciente otras inconscientemente. Depende también del momento en que uno/a se encuentre. Podemos ser fáciles de tocar o podemos ser como el erizo que saca las pues en cuanto alguien se acerca y pincha. O bien podemos ser como algo suave, cada uno que imagine lo que quiera.

Y el sexto sentido, cada vez estoy más convencida de que las personas tenemos ese sexto sentido que para muchos es misterioso pero que tantas veces se manifiesta. En algún presentimiento, en algo que piensas que puede pasar, en alguna reacción, en tantos momentos. Al menos a mí me pasa y espero que no me toméis por majara. Puedo estar un poco “tocada” pero todavía conservo la cabeza o al menos no se me ha ido del todo. Ese sexto sentido me advierte en algunas ocasiones y me ayuda a percibir un poco como está la otra persona y me ayuda a veces a cambiar mis reacciones muchas veces en positivo. Me parece que es un gran regalo de Dios, el cual le agradezco con toda mi alma. A veces me ha salvado de determinadas situaciones es decir de reaccionar de una manera y no de otra que fuese peor… Y tantas cosas más que podría decir…

Vivir aquí no es fácil como tampoco lo es estar ahí donde estáis soy consciente de ello. Por eso os invito un poco a pensar y aprovecho para hacerlo yo misma porque muchas veces se me olvida. ¿Cómo estamos viviendo nuestros sentidos?, ¿vemos bien? ¿Somos cortos de vista? ¿Oímos bien o necesitamos una limpieza de orejas? ¿Qué tal esos gustos? Tal vez os pasa como a mi tantas veces, que se olvidan los sabores buenos y me quedo lamentándome de los amargos sin saber como salir. ¿A qué olemos?, ¿a esperanza?, ¿ya la hemos perdido toda? ¿Somos tocables y suaves o nos hemos convertido en erizos o armaduras que no dejan pasar nada a nuestro interior? Y, ¿qué tal llevamos el sexto sentido?

Para acabar sólo decir que al menos a mi todavía me queda mucho que aprender y desarrollar los sentidos para mejorar y hacer más agradable la vida a los otros. Que aún me queda mucho por conocer la misión y la vida de comunidad, que no es fácil estar aquí y después la vuelta ahí aún es peor (lo he sufrido y lo estoy sufriendo desde aquí con personas a las que quiero mucho y están ahí o con algunas que pronto estarán por allí).

Lo vuelvo a repetir la misión no es nada fácil y la opción desde el laicado menos todavía. Es como lanzarse al vacío y si te lo piensas mucho no lo haces, no hay ninguna seguridad de ada. Lo único que me trae la calma son algunas palabras de Jesús en el Evangelio. Sobre todo que él como nosotros, los que llevamos adelante esta opción, también era un laico que no tenia donde recostar su cabeza…

Nada más sólo un abrazo muy fuerte para todos y como siempre ánimo y adelante.