15/04/03. Lo recordaba en la Cope un periodista famoso. Hay más de treinta guerras en el mundo y los pacifistas sólo se interesan por la guerra de Irak. Y razonaba así: “es porque están los americanos de por medio, que si no, les importa un pimiento”. Otros le jaleaban y añadían: “¡Qué poco denuncian la guerra de Cuba a manos de Castro!”, y seguían recontando miles y miles de muertos en esas treinta guerras silenciadas. Se quedaron tan anchos.

Pero vamos a ver, ¿es que en Irak están los americanos o también está España? ¿Es esto secundario? Sigamos. ¿Es que sus noticiarios, tertulias y columnas le dedican una sola línea a las otras guerras? Cómo creen que la opinión pública se entera y toma conciencia de las otras guerras, ¿viajando?, ¿por inspiración divina? Seamos serios. Si recurrimos a fuentes de información alternativas, no es porque nos guste Fidel Castro, sino porque la otra información es muy deficiente y, a menudo, descaradamente sesgada.

Debe quedar claro poco a poco. Los pacifistas no son los autores de la guerra de Irak, ni callan sobre las otras guerras porque no estén los americanos (todavía). Callan porque cada hecho tiene su urgencia; callan, porque no se les cuenta dónde hay guerra y qué pasa; callan, porque también ellos se equivocan; callan porque su voz queda ahogada en el laberinto de quienes cuentan las noticias. Callan, pero los pacifistas, cuando callan, no son los autores de las muertes en las guerras silenciadas. Si hay más de treinta guerras, y millares y millares de muertos, que vengan a la mesa de los informativos y ocupen las portadas de los diarios. Ya verán cómo reaccionamos y cómo nos importa cada persona y cada pueblo. Lo que no es de recibo, lo denuncio con firmeza, es cargar el silencio sobre las otras guerras a la espalda de los ciudadanos más pacíficos. Si otros están por la paz en todas las guerras, veamos dónde dijeron algo a favor del “0.7% y más”, del problema de la condonación de la deuda externa, de la justicia en el comercio internacional, de la democratización de la ONU, de la injerencia humanitaria reglada y controlada por esa misma ONU, de la implicación diplomática de los Estados en esas guerras que ni amenazan el petróleo, ni generan grupos terroristas contra nosotros, todavía, y así mil cosas más.

De verdad,  vamos a tomarnos en serio unos a otros, y tratemos de ser honestos con la realidad. Si nos dedicamos a hacer el listo, sin cuidado especial por la verdad, la guerra, todas las guerras, serán una cuestión de ideología: cuando amenazan mi modo de vida, intervengo; cuando se matan entre ellos, es cosa de “bárbaros”. Hablemos de las otras guerras, debemos hacerlo ya. ¡A ver quién se implica!