24/06/03. El Movimiento Internacional de Curas Obreros es un movimiento de Iglesia, de nuestra Iglesia católica, nacido en la segunda guerra mundial “para derrumbar el muro de separación entre el mundo obrero y la Iglesia”, reconocido -gracias a la tenacidad y a la resistencia de muchos curas, obispos y militantes cristianos obreros- por el Concilio Vaticano II y alentado de modo especial por algunos obispos y episcopados comprometidos en favor del mundo obrero. El carismático obispo vallecano, Alberto Iniesta, dirigió estas palabras a los curas obreros españoles reunidos en su segundo encuentro estatal (Pentecostés, 1983): «La opción del cura obrero y todo lo que ella representa debe ser preferencial para la Jerarquía, porque apunta la dirección de toda la Iglesia. Nos orientáis. Sois como los exploradores de la tierra prometida, que nos habláis del lugar donde Dios se encuentra de modo preferencial. La cuestión para la Iglesia no es si hacer o no pastoral obrera, sino al contrario, si hacer o no pastoral burguesa».

La vida de los curas obreros, marcada por su compromiso directo con el mundo y movimiento obreros, es uno de los ejes de evangelización de este modo de ministerio presbiteral. La mía, que he reflejado en un estudio reciente, es la siguiente: en la primera etapa gané el pan como cura obrero repartía productos farmacéuticos, a la par que compartía en equipo la responsabilidad parroquial, más tarde trabajé en una multinacional con 3.000 operarios de toda ideología y creencia y afiliación síndico-política, al tiempo que acompañaba pastoralmente algunas pequeñas comunidades o grupos cristianos en medios obreros; finalmente, al ser alejado de la fábrica, me comprometí en las tareas de enseñanza como medio de evangelización y de ganar mi vida y la de mi hogar, aceptando al mismo tiempo la tarea ministerial que me demanda la comunidad parroquial y una pequeña comunidad de base a la que acompaño como amigo y como presbítero.

PASADO

De 1954 a 1982 se dan las primeras experiencias presbiterales previas al nacimiento del «Colectivo de Curas Obreros de España» y relacionadas con ellos, resaltando en primer lugar las “experiencias de trabajo” de seminaristas, religiosos estudiantes de teología y algún que otro sacerdote, antes de su drástica supresión por parte de la curia vaticana en 1959; en segundo lugar la tarea de los consiliarios de los movimientos apostólicos obreros (JOC, HOAC Y ACO de modo especial); y, finalmente, la configuración inicial de algunos núcleos de curas obreros de zona, dispersos por el territorio español.

Entre los años 1982 y 1987 nace el «Colectivo de Curas Obreros de España». En esta etapa cristaliza la orientación y el tipo de organización del colectivo: el deseo generalizado de que tuviera la mínima estructura posible y solo por el tiempo necesario y que el colectivo fuera un grupo de “acompañamiento” de y desde dentro del mundo obrero -no un grupo específico de presión social o eclesial- al estilo de los que se configuraban en los otros países de Europa. En 1987 comienza la coordinación con los grupos de curas obreros de Europa.

A partir de 1987 se consolida un cambio profundo hacia posturas más conservadoras, tanto en lo eclesial: (menor sentido misionero y mayor centralismo jerárquico), como en lo social (debilitamiento del poder obrero y aumento de los excluidos). Esto obliga a los curas obreros a profundizar en los nuevos retos que se le plantean a la misión obrera: ¿Cómo hablar de Dios hoy, en un mundo secularizado? ¿Cómo ser solidarios realmente al aumentar los excluidos? ¿Cómo compartir la esperanza con un mundo obrero en cambio profundo? ¿Qué hacemos los curas obreros españoles con las nuevas exclusiones que produce el sistema y por qué? ¿Cómo caminar hacia una austeridad solidaria como nueva cultura en favor de los excluidos?

PRESENTE

Hace diez años comencé el estudio de la experiencia eclesial de los curas obreros con un triple objetivo: recuperar y poner de relieve el testimonio de vida y de sacerdocio de los curas obreros de España, ya que representan una opción muy significativa, tanto por su mística de vida compartida día a día con el mundo obrero como por sus contenidos; resaltar los contenidos sociales, teológicos, pastorales y ministeriales que dan coherencia estructural a esta experiencia sacerdotal que arranca en Francia en el año 1944, es aprobada por Concilio Vaticano II (Presbyterorum Ordinis, 8); y alentar a los militantes cristianos obreros y a los agentes de pastoral, incluidos los sacerdotes y obispos que se sientan llamados a ello, a reforzar en la pastoral concreta lo nuclear de esta experiencia, en las formas concretas que deba tomar en cada momento.

El trabajo de investigación se apoya en cinco pilares básicos: libros clásicos sobre el tema, referidos de modo especial al nacimiento de los curas obreros en Francia y sus primeras vicisitudes: he estudiado de modo especial “Francia, Pays de mission?”, “Les prêtres Ouvriers, 50 ans d´ histoire et des combats”, “Quand Rome condamne” y “Il lavoro manuale et l´spirtualita, l`itinerario dei pretioperai”; mi propia experiencia personal implicada en este tema durante treinta años fecundos, según creo, de mi vida; la experiencia ministerial de otros muchos curas obreros de España y de Europa con los que sigo compartiendo encuentros nacionales e internacionales (como el que acabamos de celebrar en Barcelona el pasado fin de semana, con la participación de diez países); documentos aún inéditos que he debido catalogar y escudriñar y que recogen la profundidad y la riqueza de nuestros Encuentros de zona, nacionales e internacionales. También me he servido de entrevistas específicas para temas concretos relacionados con la vida de los curas obreros; el mensaje especial de la Comisión Episcopal para el Mundo Obrero de los obispos franceses (CEMO) dirigido a los curas obreros del mundo, reunidos en Estrasburgo en Pentecostés del año 2001.

FUTURO

Desde 1997 hasta nuestros días el futuro de los curas obreros se presenta como una realidad viable en sus contenidos y en sus compromisos pastorales y ministeriales, aunque aceptando que podrán cambiar los modos concretos de realizarse, ya que pertenecen a la historia y a Dios. Para el reforzamiento de los curas obreros deben darse cambios de orientación tanto por parte del mundo laboral como del eclesial. Nuestro futuro es similar al de otros ámbitos de Iglesia, de talante aperturista y fieles a la eclesiología profunda del Concilio Vaticano II: vivencia comunitaria, renovación teológica, laicado corresponsable, mujeres en la Iglesia… De cara al futuro estamos todos en el mismo barco.

Los obispos franceses nos alentaron en Estrasburgo los días de Pentecostés del año 2001, con el siguiente mensaje de clausura: «Vosotros, al participar en las organizaciones del movimiento obrero y en sus diferentes asociaciones, estáis recordando que la lucha por la justicia forma parte del anuncio del Evangelio. Además vosotros manifestáis de una manera particular que la primera responsabilidad del ministerio episcopal y presbiteral es anunciar el Evangelio y que este anuncio no debe circunscribirse a las comunidades ya constituidas y que se reúnen. Vuestra auténtica aventura espiritual debería ser fuente de enriquecimiento para toda la Iglesia y, de modo especial, para otros presbíteros. Merece ser compartida… Por todo ello, nosotros queremos manifestar en nombre de toda la Comisión Episcopal para el Mundo Obrero la fuerza que nos une al servicio de Cristo y del Evangelio».

Después de un intenso trabajo de investigación, con treinta años de servicio desde esa opción presbiteral y tras haber escudriñado más de ciento cincuenta documentos aún inéditos, he llegado a la conclusión -compartida por comunidades eclesiales, teólogos, teólogas y obispos- de que los curas obreros son una riqueza para la Iglesia por su profetismo y por sus contenidos ministeriales. Pronto, quizás, todos estos datos, vivencias y reflexiones podrán ver la luz en una publicación completa y actual que plante cara al futuro desde un pasado y un presente profundamente prometedor.

Para saber más: Julio Pérez Pinillos  jppinillo@yahoo.es