01/10/03. Los que sí tienen calendario. 11 de septiembre de 2001. No hace falta decir más. El terrorismo contra las torres de Nueva York no ha sido el que ha producido más víctimas ni el más cruel en nuestra historia, aunque ciertamente ha sido el más insólito. Y sobre todo las víctimas fueron estadounidenses. Que fue una barbarie es claro. Campesinos y campesinas de Chalatenango, al norte de El Salvador, escribieron cartas a conocidos y amigos de Nueva York, mostrándoles profunda solidaridad, pues ellos saben de víctimas y desaparecidos. No ha sido “la comunidad internacional” la que mostró verdadera solidaridad -aunque sí aceptó aliarse con Bush por miedo a enfrentarse a él-, sino estos campesinos de El Salvador, y otros de Perú, Nicaragua, etc.

El 11 de septiembre ha hecho historia porque ocurrió lo impensable a quienes se piensan los mejores y salvadores de la humanidad. Se creen intocables como sólo lo es la divinidad. Están más allá del bien y del mal, y, además, ése es su “destino manifiesto”. Sus víctimas tienen nombre, los supervivientes tienen palabra y su dolor es mostrado alrededor del mundo, todo lo cual es justo, si no llega a convertirse en agravio comparativo con respecto a los millones de víctimas y supervivientes de países pobres. Tienen existencia real en el espacio y en el tiempo, y por eso tienen calendario.

Los que tienen calendario a medias. 11 de septiembre de 1973. Allende, elegido democráticamente, es asesinado por los militares con Pinochet a la cabeza. En 17 años de dictadura son innumerables las víctimas, muertos y desaparecidos, de 3,000 a 5,000. Exilados y grupos de solidaridad protestaron durante esos años, pero la comunidad internacional se mantuvo a distancia, disimulando la fecha. Kissinger, secretario de estado de Estados Unidos, apoyó a Pinochet y sus fechorías, y fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz. Cuando han soplado vientos a favor de los derechos humanos, se ha intentado procesar a Pinochet, pero tanto Inglaterra como España se las han arreglado para que eso no llegue a suceder.

Ahora, 30 años después, se recuerda a Allende. Sea cual fuere el juicio sobre su gestión política, hoy se reconoce que su legado humaniza a nuestro mundo, mientras que el de Pinochet lo deshumaniza. Con retraso, pues, con silencios y reticencias -y con la bravuconada de Pinochet de invitar a su finca a 1,500 comensales- , mártires y caídos, demócratas, comunistas y cristianos, tienen ahora calendario, aunque sea muy a medias en comparación con los de las torres de Nueva York.

Los que no tienen calendario. El 7 de octubre de 2001 Bush, con la cohorte de los países democráticos, bombardea Afganistán. El 19 de marzo de 2003, con una cohorte disminuida, bombardea Iraq. En 1991 su padre ya había bombardeado a Iraq con el resultado de más de 100,000 víctimas. Las fechas son desconocidas, y más lo son las de la República Democrática del Congo: hace unos 5 ó 6 años se desató una guerra entre ejércitos africanos, animado y azuzados por potencias occidentales, que ha producido alrededor de tres millones de muertos. Pero para la comunidad internacional esos países no tienen historia ni fechas, no tienen calendario, como tampoco ponen en palabra las razones verdaderas de esas guerras: el control del petróleo, del coltán…

Y nada de eso es de extrañar, si ni siquiera se conocen e interesan las vidas de los habitantes de esos países y su pobreza, el silencio y la mentira que se cierne sobre ellos, sus logros y esperanzas, sus culturas y religiones. No forman parte de los cinco miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ni de los quince de la asamblea del consejo ampliado, ni del grupo de los 7 o de los 8. Tampoco pertenecen -de manera eficaz- a la comunidad internacional, como eufemísticamente se llama al conjunto de países del planeta.

Esto ha sido así durante siglos y lo sigue siendo. Ojalá cambien las cosas. Ojalá los foros y manifestaciones produzcan luz y pongan presión sobre los poderosos. Y si no hay otra solución, que a las potencias les entre el miedo en el cuerpo para que los pobres, por lo menos, tengan calendario.

Sí lo tienen ante Dios, Padre y Madre de niños, mujeres, hombres y ancianos de Iraq, de Afganistán, de Africa. Los que tienen calendario no entienden de esas cosas, pero no por ello deja de ser verdad que los nombres de tantas víctimas que han quedado sin nombre están escritos en el libro de la vida, y que Dios los recuerda todos los días.