LA LIBERTAD POLÍTICA DE LOS CRISTIANOS
Algunos condicionamientos
ESTEBAN VILLAREJO, seglar. Doctor en Ciencias Políticas
MADRID.
ECLESALIA, 29/01/04.- Una de los designios de Dios que nos ha sido revelado por Jesucristo, es que el Creador ha dotado al hombre de autoridad para que decida la organización política que crea más conveniente. A ese respecto, Jesús utilizó unas expresiones de extraordinaria grandeza. En un momento determinado, cuando alguien le pide una decisión en un conflicto de derechos, Jesucristo responde: “Nadie me ha constituído juez entre vosotros”.
En otro momento, cuando unos fariseos y herodianos le preguntan si es partidario de la colaboración con Roma o de la independencia, entabla un diálogo en el que viene a decir: “Si mostráis por vuestros actos que aceptáis al César, dadle aquello que habéis optado por entregarle, y a Dios lo que es de Dios”.
Por tanto, en cierto contraste con la religión judía, y en antagonismo con la mayor parte de las religiones de la Antigüedad, Jesús reconoce al hombre libertad para organizar la sociedad en la que vive.
Hay otro elemento del mensaje de Jesús y de su misma vida que parece guardar cierta relación con lo anterior: Jesús es el Sacerdote por excelencia. Ahora bien, vive como un laico. Los primeros discípulos a los cuales instituye como continuadores de su obra, son laicos, y según parece continuaron teniendo un comportamiento esencialmente laical.
Antes de continuar, conviene hacer una precisión. Hemos empezado a utilizar el término “laico” en una acepción determinada, y en lo que sigue emplearemos la palabra “clerical” en un significado casi simétrico. Precisemos. El significado más descriptivo y directo del término “clerical”, sería lo que es relativo al sacerdocio ministerial. En una acepción contrapuesta, el laico es el no-clérigo. Esos significados son tan concretos que no suscitan discusión.
Cuando hemos dicho que el sacerdocio de Jesucristo fue laical, pretendíamos expresar que vivió esencialmente en el mundo, totalmente integrado en la sociedad ordinaria; no utilizó tratamientos, ni vestimenta, ni atuendos, ni objetos ni habitáculos que le segregaran del conjunto de sus conciudadanos. Además, no ejerció ninguna autoridad formal sobre los mismos. Y parece probable que dedicara la mayor parte de su vida debió al trabajo (y además del llamado “servil” por algunos de sus seguidores posteriores).
En ese sentido, Jesucristo, que ha sido el Gran Sacerdote, que ha consagrado toda la creación y a sí mismo a Dios Padre, llevó una vida totalmente diferente de los sacerdotes judíos y de los propios de casi todas las religiones antiguas. En éstas ha sido frecuente una segregación del clero frente al conjunto de la sociedad; una afirmación de autoridad sobre ésta (y una tendencia a prolongar la autoridad en poder, y el poder espiritual en poder político); una apropiación de los atributos propios de la divinidad, cuya representación se asume; y en todo caso, tratamientos, atuendos y signos que contribuyan a destacar las personas y grupo propios, del conjunto de la sociedad, e incrementar el sentido de jerarquía frente a ella…
En contraposición a esa soberbia y afán de poder, Jesús es Sumo Sacerdote, pero del tipo que “es tomado de entre los hombres, y está puesto a favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza…” La Carta a los Hebreos (5, 1-6) sigue diciendo: “De igual modo, tampoco Cristo se apropió la gloria del Sumo Sacerdocio, sino que la tuvo de quien le dijo: `Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy´”
Cuando Jesús anuncia su marcha de este mundo, ora al Padre por los que van a constituir su Iglesia: “No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo” (Jn. 17, 15-18).
Por su parte, el alto clero judío a ver a Jesucristo como una amenaza y una fuente de humillación. El Evangelio de San Juan relata cómo ese antagonismo va creciendo en forma tan violenta, que el alto clero se convierte en el promotor principal de la pasión y muerte de Jesús. El medio principal que utilizará para conseguirlo, es el recurso al poder establecido. Jesús es presentado como una amenaza para la autoridad romana: “… todo el que se hace rey, se enfrenta al César”
De manera gradual, el sacerdocio ministerial de la Iglesia irá asumiendo unas características y pautas culturales más propias del clero pagano que del sacerdocio creado por Jesucristo. Cuando en los párrafos que siguen, utilicemos el término “clerical”, nos referiremos a esas características sociológicas y culturales.
Lo peor es que, incluso, esas actitudes y comportamientos fueron institucionalizados. La Iglesia de Jesucristo es Santa, pero incluso hoy existen tratamientos, atuendos, procedimientos y degeneraciones litúrgicas que muestran la huella de la soberbia y el afán de dominación, y a su vez estimulan esos pecados en las personas a las cuales se coopta para funciones de autoridad. Es cierto que, en la actualidad, la mayor parte de los comportamientos personales de nuestras autoridades eclesiásticas están por encima de esos residuos institucionales. Ahora bien, esas fosilizaciones subsisten, y algunos de nuestros pastores, no sólo muestran una complacencia manifiesta en esos atributos, sino que pugnan por mantenerlos.
Una de las características de ese “clericalismo” negativo, es que tiende a generar complacencia por el poder y tendencia a su incremento; y eso, no sólo en el plano espiritual, sino también en el temporal. Esto último suele llevar a encontrar siempre pretextos para corregir el designio de Dios en cuanto a la libertad política de sus criaturas.
Los pastores en cuestión suelen posicionarse contra una parte de los cristianos que opinan de política dentro de la Iglesia. Por ejemplo, aquellos que se toman muy en serio lo de “tuve hambre”, o el “Magnificat”. Sin embargo, entienden que su ideología particular es tan sólida y fundada como el “establishment” al cual contribuye.
¿Estamos pintando un maniqueo imaginario, y eso con propósitos subversivos? Veamos algún ejemplo concreto, y referido a España.
En España hay muchos medios de comunicación que son conservadores y pro-gubernamentales. Ahora bien, el medio de comunicación más agresivo de la derecha española, es una cadena de radio propiedad de los obispos. Tiene algunos espacios religiosos, pero los espacios de “prime time” son de propaganda ideológica. En esa cadena, el partido del Gobierno es objeto de preferencia sistemática, pero a veces se le acusa de excesiva tolerancia ante la izquierda. Por ejemplo, los instrumentos de solidaridad existentes en el ordenamiento jurídico y en la política económica, deben desmontarse con más rapidez de la que despliega el Gobierno, pues el motor de la prosperidad es la competencia. En cuanto a la alineación exterior, no hay duda. Todos los que se han opuesto a la Guerra de Irak, son cómplices del terrorismo internacional. Además de eso, su postura se debe a un progresismo que no merece ni perdón ni siquiera análisis, o bien a delicuescencia mental. Se supone que el Papa forma parte de estos últimos.
