¿SE DISTINGUEN LA IZQUIERDA Y LA DERECHA?
Puntualizaciones a un planteamiento peligroso
JUAN LUIS HERRERO DEL POZO, de Comunidades Cristianas Populares
LOGROÑO.
ECLESALIA, 10/03/04.- Me refiero a un planteamiento, de contornos sinuosos y ambiguos, de apariencia moderada, muy extendido en sectores conservadores y eclesiásticos. En aras de mayor concreción me serviré, para plasmarlo de la formulación que he encontrado en un escrito reciente en la esperanza de ofrecer un contrapunto en forma de comentarios a las principales afirmaciones. La escasa y, a mi juicio, deformada conciencia política de buena parte de los cristianos tradicionales justifica un intento de ayuda para la reflexión personal. El voto no es libre más que cuando es con conocimiento de causa. Selecciono, pues, las afirmaciones más erráticas para desentrañar su nula fundamentación en la realidad y en el análisis político serio:
1/ Se afirma la insignificante diferencia práctica, en otros países, entre partidos de uno u otro signo, izquierda o derecha; y se justifica el hecho -que se presenta como inevitable y hasta bebeficioso- con una razón técnica: las «reglas económicas» apenas dejan márgen de maniobra a unos y a otros.
COMENTARIO: Estoy de acuerdo con la escasa diferencia práctica entre ambas orientaciones políticas porque es notoria la tendencia, en los últimos años de la Unión Europea, a la derechización de la izquierda, para desgracia de los sectores más modestos. Pese a tal peligrosa pérdida de identidad de la izquierda europea, al menos en España estimo que sigue existiendo una clara distinción y distancia en los comportamientos socioeconómicos de la izquierda y la derecha; ¡vaya si se distinguen, a simple vista de la política del actual gobierno de la derecha! Basta consultar los datos y análisis sobre la creciente divergencia entre la situación europea (aunque ¡ojo a lo que se cierne sobre Francia y Alemania!) y la española. Repárese para España los siguientes ámbitos: desregulación y precarización del trabajo, caída en picado de la sanidad pública, de la enseñanza, viviendas inasequibles para jóvenes y rentas modestas, manipulación de los medios informativos, ocultamiento tramposo de la realidad (Prestige, Irak, Yacolev 42…), intoxicación de la opinión ciudadana, camuflaje de la inflación real, fiscalidad regresiva para las rentas altas, investigación y desarrollo (I+D) concentrados en lo militar, corrupción generalizada consentida desde la administración, ninguneo del parlamento y de la opinión ciudadana, recorte solapado de los derechos (deterioro democrático creciente) y un largo etc. a cargo de la derecha gobernante. Con ello no afirmo que todo se presente risueño desde la alternativa real. Pese a tal incertidumbre de futuro mantengo mi convicción de la diferencia de ‘sensibilidad social’ práctica entre derecha e izquierda, sobre todo a nivel regional y local, salvo prejuicios interesados.
La explicación que se suele dar de la no diferencia práctica entre derecha e izquierda es el supuesto escaso margen de maniobra que permiten las condiciones económicas reales. Tal explicación tópica encubre, a mi entender, un prejuicio de fondo: el de considerar estas condiciones como imputables a ‘reglas económicas’, inflexibles como una ley física. Es una trampa: priorizar unas variables económicas sobre otras para articularlas entre sí es, en la política práctica, una opción condicionada pero libre y responde por lo tanto a un planteamiento ético. Por mucho que la derecha disfrace su intención, es preciso urgirle sobre cuál es su opción -tal vez inconsciente, tal vez falseada básicamente desde una antropología errada- ¿privilegiar a los ya privilegiados o restablecer el equilibrio a favor de la mayoría? El error antropológico -falsa relación individuo-sociedad o bien particular-bien común- está confirmado por la historia: la famosa copa de la riqueza acumulada, que pretenden tener que llenar para que pueda desbordar sobre los pobres, nunca llega a hacerlo porque los ricos son insaciables y agrandan la copa sin cesar. El correcto despliegue de la política económica tiene, pues, un previo que, casi siempre, o no se tiene en cuenta o se oculta: la ética. Por ejemplo, no es lo mismo priorizar el beneficio de unos pocos que los mínimos vitales de la mayoría, a la hora de combinar las ‘reglas económicas’ para la creación de empleo DIGNO. Y en el terreno de lo público-privado (privatizaciones) es inmoral (anti-ético) la política práctica que socializa las pérdidas y privatiza los beneficios…
2/ «Ningún partido tiene la verdad total ni sabe hacer milagros».
COMENTARIO: Es una obviedad, porque sería Dios. Es un argumento superfluo que ni prueba ni aclara nada. Se lo he oído a muchos clérigos.
3/ La diferencia entre derecha e izquierda es una antigualla».
COMENTARIO: obsérvese que la afirmación favorece sólo a la derecha y coincide con la sensibilidad eclesiástica (no la eclesial). Pero en realidad,
a) «contra facta, nihil»: nada prevalece contra los hechos. Hoy más que hace cien años imperan los mecanismos de exclusión hacia las mayorías empobrecidas del mundo, mecanismos que ahondan el abismo de clamorosa y creciente desigualdad entre pobres y opulentos, entre el Tercer y Primer mundo. Ahora bien ¿cuál es la causa principal de un resultado tan sangrante y explosivo? El único que tiene las riendas reales de la economía, el neoliberalismo, es decir, la ideología y praxis de la derecha. La izquierda sólo participa de la responsabilidad en la medida de su inconsecuencia y pérdida de identidad. Esto es lo alarmante, la creciente nivelación entre izquierda y derecha, no el mantenimiento de su diferencia. Hablar, pues, de antigualla… es una broma pesada.
b) Me apunto al «por los frutos los conoceréis» del Evangelio como criterio de discernimiento. Criterio que, por supuesto, deja al descubierto las vergüenzas de la derecha: ¿qué más nefandos frutos que el sufrimiento y pobreza de la mayoría de la humanidad, resultado de la rapiña de los poderosos? Desde este ángulo, único real, la derecha es radicalmente inmoral e incompatible con el evangelio de Jesús, y su vicio de raíz está igualmente denunciado por el evangelio: «no se puede servir a Dios y a la Riqueza».
4/ La diferencia entre derecha e izquierda… fragmenta la integridad humana, se nos dice, porque uno quisiera adherirse a los valores espirituales del hombre o humanismo cristiano enarbolado por la derecha pero también a la solidaridad proclamada por la izquierda, pero ésta está viciada por el materialismo: insoportable esquizofrenia que fragmenta la integridad humana.
COMENTARIO: Sospecho que esta afirmación constituye la tesis central en el pensamiento de muchos presuntamente moderados. Me resulta curiosa su coincidencia con la valoración eclesiástica tradicional. Lamentable. Es lamentable que la jerarquía eclesiástica -y muchos cristianos por ella modelados- sigan sin enterarse. La izquierda ¿al mismo tiempo solidaria y materialista? Yo creí que la solidaridad jamás podía ser materialista puesto que (vitalmente si no conceptualmente) encarna la verdadera fe en Dios: «¿cuándo TE dimos de comer (nosotros los materialistas y ateos)…? cuando lo hicisteis a uno de esos pobres» (Mt 25).
Los izquierdistas de hoy, cuando menos, no somos más materialistas que lo fue Marx, que tampoco lo fué en el sentido que los viejos manuales de seminario dan al término. Su constatación de una religión «opio del pueblo» -como la de muchos cristianos hoy- le empujó a una interpretación ‘materialista’ de la historia en el sentido de opuesta al ‘idealismo’ de Hégel. Por lo demás, hoy, la mayoría de votantes de la izquierda somos cristianos. Y la izquierda inicialmente fué no anticristiana sino anticlerical, con más que sobrada razón. Pero vayamos a lo nuclear
¿Quién diseñó de modo insuperable los cimientos antropológicos y éticos de la derecha? Su fundador A. Smith: la ‘mano invisible’ del mercado consigue que si cada cual persigue su propio interés lo que resulta es el bien general. Nada más contradictorio y vomitivo: ¡el egoísmo individualista pariendo solidaridad (bien común, altruismo)! ¿Mediante qué fórmula mágica? la mano invisible del mercado. Y ¿quién se lleva el gato al agua en el mercado? evidentemente el más fuerte (la ley de la jungla). Todo el capitalismo, primero, y el neoliberalismo salvaje de hoy no han añadido o corregido un ápice a la declaración programática de A. Smith ¿Cómo es posible que, por notoria que sea su mediocridad mental y espiritual, los prohombres de la derecha y los jerarcas religiosos no caigan en la cuenta de la perversión antropológica, espiritual y evangélica de tal planteamiento aberrante? Es la perversión de la dialéctica persona-sociedad, bien particular-bien común, amor de sí-altruismo…
Se dice que la distinción izquierda-derecha «fragmenta la integridad humana» y que ello instala en la esquizofrenia. Sin duda, es esquizofrenia pura vivir, en una misma persona -¡ténganlo en cuenta los cristianos españoles antes del 14 de marzo!-, vivir, digo, la contradicción egoísmo individualista (derecha) y solidaridad (izquierda). Es cabalmente la esquizofrenia vivida (¿inconscientemente?) por el creyente que dice aceptar el evangelio y vota a la derecha. Esquizofrenia que nos contagian nuestros pastores: el Papa defiende supuestamente a los pobres y da la comunión a su asesino Pinochet; es complaciente con el gobierno genocida de El Salvador y reprende en la visita ‘ad limina’ al defensor del pueblo masacrado por tal gobierno, el obispo Oscar Romero.
Las ideas comentadas -y confío que rebatidas-, en lugar de ayudar al discernimiento, han vertido más tinta en las aguas ambiguas y oscuras de muchos cristianos.
