Lucas 18,9-14
FARISEOS Y PUBLICANOS
Dijo Jesús: dos hombres oraban en el templo
MARI PATXI AYERRA
MADRID.
ECLESALIA 24/03/04.- Uno de ellos decía:
Te doy gracias, Señor, porque no soy como ellos, porque yo no fardo, ni soy un mandón, ni trato a la gente con prepotencia. Te doy gracias porque yo dialogo con la gente antes de comenzar un trabajo, porque soy democrático, porque creo relaciones de igualdad. Te doy gracias, Señor, porque no soy estirado, ni prepotente, por que no me importa nada ocupar los primeros puestos, porque no me molesta que no me reconozcan…
Te doy gracias porque no me interesa las cosas de la gente, no soy cotillo, no me meto en las cosas de nadie y, si no me las cuentan, procuro no enterarme de la vida de nadie, más que de lo que los otros quieran que sepa, y siempre sin preguntar mucho. Te doy gracias porque soy educado, correcto y adecuado.
Te doy gracias por que no me enfado, no grito, no soy violento. No soy dictador ni impositivo y siempre estoy más cerca de los de abajo…
Te doy gracias porque me has hecho sencillo y me enfurezco cada vez que otros usan mal el poder y no hacen las cosas como está claro que se deben hacer.
Te doy gracias porque me sugieres el camino correcto y no cometo tantos errores como cometen los de mi alrededor, sobre todo los de mi institución, los poderosos, los que manejan el cotarro.
Te doy gracias porque me has dado unas formas discretas, no llamo la atención, no me salgo de lo que se espera de mí y me adapto a la mayoría sin estridencias. No soy como esos que hacen lo que les viene en gana, inoportunos, horteras, malas pintas, incorrectos o inadecuados…
Te doy gracias, Padre, por mi mesura en tantos aspectos de mi vida, en el comer, en el beber, en el consumir… en el sexo, en el ocio, en el amor.
Te doy gracias Padre, porque no veo telebasura, porque no soy como esos otros que se tragan cualquier cosa, que se divierten de cualquier manera, que les valen todos los programas y películas.
Te doy gracias, Padre, por mi interés por la cultura, porque me has hecho selectivo y no leo cualquier cosa, por mi desconocimiento de los libros que leen la mayoría, las películas que ve todo el mundo y la televisión que no frecuento.
Te doy gracias, porque me has hecho selecto, no me junto con cualquiera, no puedo estar con todo el mundo, porque la gente es frívola, consumista, vacía, incoherente, radical, chabacana…
Te doy gracias, Padre, por que has puesto en mí una exquisitez que me hace alejarme de los que no me mantienen puro, inmaculado, interesante, intelectual, superior…
Te doy gracias por que se me nota enseguida que soy distinto y me has dado la sabiduría de mantenerme así.
Otro, en cambio, situado atrás decía:
¡Oh Dios!, ten compasión de mí, que estoy lleno de incoherencias, que quiero y no puedo,
me propongo y no llego, digo que voy a hacer y tantas veces fallo.
Ten compasión de mí que me comparo, que no hago florecer todo lo que tú has puesto dentro de mí.
Perdona que no saque bastante tiempo para disfrutar de tu amor, distraído siempre en mil cosas.
Siento que la tarea sea muchas veces más importante que el afecto,
que la prisa y la eficacia la anteponga a la persona, que los agobios me aparten de la felicidad.
Me gustaría no resentirme por lo que hacen otros y dejar a cada uno actuar como crea.
Enséñame a decir el amor, sugiéreme el gesto y la palabra oportuna, que no se me quede nada dentro.
Quisiera no juzgar a nadie, que la queja no gaste mis energías ni desanime a nadie.
Desearía, y no consigo, tener más sitio en mi corazón y más memoria en mi cabeza
para que me quepan todo lo que les ocupa y preocupa a mis hermanos los hombres.
Tú me invitas a vivir pobre, libre de todo tipo de ataduras, prestigios y prejuicios.
Y sabes bien que quiero vivir a tu manera, pero ¡no hay manera! Siempre vuelvo a las mías.
Ten compasión de mi fragilidad, sigue invitándome a tener Vida en abundancia.
Empújame a perdonar y perdonarme las 70 veces 7 que nos hacemos daño.
Envuélveme en tu amnesia para que no recuerde nada del daño que me hizo alguien.
Y gracias porque me has enseñado estas cosas a mí, que soy poco sabio,
nada espabilado, menos lucido y adecuado que otros.
Yo soy pequeño, frágil e incoherente, pero ¡contigo todo lo puedo, Señor!
