A PROPÓSITO DE LA PELÍCULA LA PASIÓN
Apuntes desde el libro ‘Por eso lo mataron’
JUAN JOSÉ TAMAYO, teólogo, director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría de la Universidad Carlos III de Madrid y secretario general de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII
MADRID.
ECLESALIA, 30/03/04.- Hace seis años escribí el volumen 5 de la Colección «Hacia la Comunidad», bajo el título Por eso lo mataron. El horizonte ético de Jesús de Nazaret. Seis años después aparece la segunda edición corregida y revisada, coincidiendo precisamente con la polémica que ha levantado la película de Mel Gibson «La Pasión», que, según su propia confesión, «fue como una especie de mandato divino» y responde a la necesidad de «unir el sacrificio de la cruz con el del altar». Ambas observaciones revelan la falta de objetividad con que Gibson ha acometido el film, el nivel providencialista e iluminado en que se sitúa y el consiguiente desenfoque con que trata cuestiones tan complejas y espinosas como el proceso de Jesús, su condena a muerte y su crucifixión.
La película ha sido elogiada por las autoridades del Vaticano y se encuentra ya en la videoteca personal de Juan Pablo II. La Iglesia Católica, la Iglesia Protestante y la Comunidad Judía de Alemania, empero, han denunciado la violencia que rezuma el film y la nueva ola de antisemitismo que puede despertar en Europa. Todo ello pretende fundamentarlo Gibson en los textos evangélicos, que ciertamente lee con prejuicios antijudíos y sin recurrir a la mediación hermenéutica, cayendo en un fundamentalismo falseador de los hechos.
Mi libro Por eso lo mataron intenta desenmascarar esos prejuicios, todavía muy presentes en el imaginario de no pocos cristianos y cristianas. Voy a exponer muy en síntesis las ideas fundamentales del libro.
De Jesús de Nazaret nadie habla mal. La religión o las religiones han sido siempre objeto de crítica, y muy especialmente a partir de la modernidad. De ellas se ha dicho que fomentan la superstición, el fanatismo y la intolerancia. A Dios o a los dioses y las diosas también les han llovido críticas por doquier. Unas veces se les ha negado la existencia escuetamente por entender que carece de base empírica. Otras se ha atribuido el origen de los dioses al miedo, a la necesidad de consuelo y de protección frente a la naturaleza ciega o a las amenazas de nuestros congéneres.
La crítica toca de lleno en su línea de flotación a las instituciones religiosas que dicen defender los derechos e intereses de la divinidad. A ellas se les ha acusado de pervertir el mensaje auténtico de los fundadores, de alienar psicológicamente a sus adeptos, de generar sentimientos de culpabilidad, de imponer sumisión, etc.
Jesús de Nazaret, sin embargo, se salva de todas las críticas, o de casi todas. Sobre él hay una especie de consenso. Todo el mundo habla bien de él y coincide en reconocer sus valores y cualidades: la gente de dentro y de fuera. Rafael de Andrés ha dejado constancia de ello en un bellísimo libro que recoge mil opiniones sobre Jesús de Nazaret de diferentes personalidades: filósofos, teólogos, artistas, personalidades religiosas, poetas, novelistas, científicos, santos, santas, directores de cine, mártires, papas, obispos, sacerdotes, etc. Son personas de diferentes religiones, e incluso no creyentes, agnósticos, ateos…
Escribe Gandhi: «El espíritu del sermón de la montaña ejerce en mí casi la misma fascinación que la Bhagavad Gita. Ese sermón es el origen de mi afecto por Jesús». Afirma el escritor Albert Camus: «Yo no creo en su resurrección, pero no ocultaré la emoción que siento ante Cristo y su enseñanza. Ante Él y ante su historia no experimento más que respeto y veneración». Observa la filósofa Simone Weil: «Antes de ser Cristo, es la verdad. Si nos desviamos de él para ir hacia la verdad, no andaremos un gran trecho sin caer en sus brazos». J.-J. Rousseau, filósofo cristiano ilustrado confesaba: «Si la vida y la muerte de Sócrates son las de un sabio, la vida y la muerte de Jesús son las de un Dios».
Yo también me cuento, modestamente, entre los admiradores de Jesús de Nazaret y coincido con el testimonio de Laín Entralgo quien, en la presentación de su libro El problema de ser cristiano aseveraba: «El nervio central de la conducta cristiana no es la imitación de Cristo, entre otras razones porque Cristo es inimitable. Lo propio del cristianismo es el seguimiento de Cristo desde y con la propia vida».
El lugar de convergencia de los diferentes testimonios laudatorios hacia Jesús es su actitud ética, su praxis liberadora, su compromiso con las personas y grupos más desprotegidos, su defensa de las causas perdidas, su ser persona en radicalidad, su estilo de vida libre y desprendido, su mensaje humanitario, su actitud solidaria con el prójimo necesitado. Todo el mundo coincide en que Jesús fue una persona éticamente intachable. Es esta dimensión ética, preterida por las cristologías dogmáticas, la que quiero explicitar en la presente obra, analizando con el mayor rigor posible las principales fuentes y tradiciones de los evangelios, preferentemente los sinópticos.
La obra Por eso lo mataron comienza con un estudio detallado sobre algunas de las principales fuentes históricas no bíblicas para el conocimiento de Jesús de Nazaret. No pretendo con ello ofrecer un «adosado» de datos sin más. Lo que me importa es hacer una interpretación de los datos en función de la búsqueda del Jesús histórico, que es la condición necesaria de toda cristología no mitológica, sino históricamente significativa. En el capítulo primero analizo los distintos testimonios de los historiadores judíos y romanos sobre Jesús de Nazaret y me aproximo a los documentos de Qumrán y de Nag Hammadi para un mejor conocimiento del contexto cultural y religioso.
El capítulo segundo se centra en el peculiar género literario de los «evangelios» bajo la pregunta: «Los evangelios, ¿biografías de Jesús, ciencia-ficción o testimonios de fe?». La intención es seguir los pasos de la investigación sobre los evangelios desde el consenso primero en torno a su historicidad hasta los más recientes estudios de antropología cultural, historia social y sociología del Nuevo Testamento y del cristianismo primitivo.
El capítulo tercero analiza una de los rasgos que definen la personalidad de Jesús de Nazaret: su libertad frente a las autoridades religiosas, a quienes acusa de hipócritas; frente a las autoridades políticas, a quienes acusa de dominar a la gente como señores absolutos; frente a los poderes económicos, declarando la incompatibilidad entre Dios y el Dinero. Pero la libertad de Jesús no es narcisista, es decir, no empieza y termina en quien la disfruta. Es una libertad que genera una corriente de liberación en su entorno, tanto en las personas como en las estructuras; una liberación que se traduce en prácticas concretas, como la comida con pecadores y publicanos, el perdón de los pecados, la curación de las enfermedades, la liberación del poder del mal, la incorporación de los paganos en el Reino de Dios y la incorporación de las mujeres en su movimiento, donde recuperan su dignidad y su libertad. De dichas prácticas trata extensamente el capítulo cuarto.
El capítulo quinto y último, que es el central para el tema que aquí nos ocupa, está dedicado a la muerte de Jesús, analizada primero en su perspectiva histórica y, posteriormente, en su perspectiva teológica. La perspectiva histórica constituye la base de la teológica. De lo contrario caeríamos en una mistificación o falseamiento de los datos históricos. La muerte de Jesús de Nazaret no es voluntad de Dios, sino consecuencia de su existencia libre y de su forma liberadora de actuar, de su actitud transgresora y de su permanente actitud conflictiva frente a las autoridades religiosas y políticas. Nada tuvo que ver el pueblo en su condena y posterior ejecución. La decisión de ejecutar a Jesús es de la autoridad política, concretamente de Pilato, suprema autoridad judicial de la provincia de Judea, aun cuando algunos relatos evangélicos lo presenten como una persona insegura que parece no atreverse a tomar decisiones, y carguen todo el peso de la responsabilidad sobre la gente, sobre sus compatriotas los judíos. Según el testimonio de los historiadores, Pilato nada tenía de persona dubitativo; fue un gobernante duro e inmisericorde, inflexible y obstinado, violento y cruel, represivo y depravado, arbitrario e insolente. Así lo atestiguan Filón y Flavio Josefo. Pilato condena a Jesús por motivos políticos, en concreto, por poner en peligro el orden público, por sedicioso. Según el prestigioso biblista alemán Jürgen Roloff, Pilato aprovechó gustoso la posibilidad de calmar con un acto intimidatorio la tensión que reinaba en Jerusalén durante la Pascua. Sólo más tarde la tendencia antijudía del relato cristiano de la pasión llevó a pensar que Pilato fuera un indeciso escrupuloso que quería dejar libre a Jesús pero se vio presionado por la multitud que le pedía liberar a Barrabás y ejecutar a Jesús.
Parece dudoso que las autoridades judías emitiesen contra Jesús una sentencia de condena, pues, según Simon Légasse, autor de uno de los estudios más sólidos sobre el tema, «pues el relato que la menciona (Mc 14,14; par Mt 26,66, es… una excrecencia de origen cristiano elaborada a partir de una sentencia informal en la residencia de Anás, que no tenía personalmente ningún poder judicial».
Jesús fue condenado a muerte por Pilato. En este punto el testimonio del Nuevo Testamento coincide con el del historiador romano Tácito que, cuando narra la persecución de los cristianos bajo Nerón, dice que el nombre de «cristianos» «procede de Cristo, que, bajo el principado de Tiberio, había sido entregado al suplicio por el procurador Poncio Pilato». Otro dato incontestable sobre la responsabilidad de la autoridad romana en la muerte de Jesús es que la forma de ejecución muerte fue la crucifixión, suplicio que entonces no era judío, sino romano.
Creo que merece la pena conocer estos datos para valorar críticamente la película de Mel Gibson.
Tamayo Acosta, Juan José. Por eso lo mataron. El horizonte ético De Jesús de Nazaret. Trotta. Madrid, 2004, 2ª ed. revisada. http://www.trotta.es
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