DERECHO A DISENTIR

Ante el documento vaticano sobre la Eucaristía

COMUNIDADES CRISTIANAS POPULARES DE GRANADA

GRANADA.

ECLESALIA, 09/06/04.- El Vaticano ha hecho público el documento «Redemptionis sacramentum», en el que se recogen las instrucciones sobre la celebración de la Eucaristía. Aunque, al parecer, el documento suaviza las posturas recogidas en anteriores borradores, que habían generado enfrentamientos entre los sectores conservadores y progresistas de la Iglesia, el texto definitivo contiene normas e instrucciones que desde nuestra condición de cristianos de base no podemos aceptar de ninguna manera. En primer lugar nos parece totalmente inaceptable la postura inquisitorial del documento cuando pide a los cristianos que denuncien ante el obispo a los sacerdotes demasiado creativos

No podemos entender cómo se pretende condenar la creatividad a los seguidores de un tal Jesús que pasó por este mundo dándonos ejemplo de creatividad y derrochando expresividad, llaneza e “innovación” en todos los gestos de su convivencia con los que le seguían. Basta leer los Evangelios para descubrir un Jesús alejado de las normas estrictas («El sábado es para el hombre y no el hombre para el sábado»); un Jesús cercano a la gente, que no le hace ascos a subirse a una barca o a comer en la casa de los pecadores; un Jesús que no respeta al pie de la letra las normas religiosas y es capaz incluso de resucitar a un muerto en un día prohibido por su religión. No podemos entender que la celebración de la Muerte y la Resurrección de Jesucristo tenga que hacerse de la misma forma en que se ha venido haciendo a lo largo de los siglos sin tener en consideración que las sociedades evolucionan y con ellas evolucionan también las palabras y los gestos con los que expresamos nuestros sentimientos. Ya no nos sirven los símbolos y los gestos trasnochados del misal tradicional que la Jerarquía quiere imponernos. Es necesario, si no queremos estar fuera de onda, expresarnos como creyentes de este tiempo y de esta sociedad con el lenguaje oral y corporal propios de nuestra sociedad del siglo XXI.

La jerarquía de nuestra Iglesia considera abusos graves en la celebración de la Eucaristía situaciones que a nosotros, en cambio, nos parecen grandes aciertos. Así, concelebrar con sacerdotes de otras religiones, aceptar en la celebración a los divorciados y admitir en la comunión a los no católicos son actitudes de apertura e integración que la Jerarquía se apresura a prohibir. Es difícil entender, para el creyente de hoy, la prohibición del abrazo o saludo de la paz, que según el documento vaticano debe ser restringido «a quienes estén cerca». ¿Por qué no entender la eucaristía como la celebración de los valores de Jesús en nuestras vidas: de Paz, justicia, solidaridad, libertad y ahí están invitados todos (creyentes, agnósticos, arrejuntados, casados, divorciados…) independientemente de su condición?¿Por qué no entender que quién concelebra es la comunidad con sus diferentes carismas y con toda la creatividad de la que es capaz? «Solo los creativos se parecen a Dios» ¿Y si fuera cada comunidad la que elige quién preside la Eucaristía?

Como cristianos comprometidos con la sociedad y preocupados por la situación de claro retroceso de la libertad en nuestra Iglesia afirmamos nuestro rechazo a estas normas represivas y restrictivas para la celebración de la Eucaristía. Jesucristo en la última cena lo dejó bien claro :»Haced esto en memoria mía». O nos disfrazamos todos con ropajes propios del siglo I cada vez que nos acerquemos a la Eucaristía y hacemos una cena calcada a como lo hacían los judíos en tiempo de Jesús o cada comunidad deberá de buscar conforme a su cultura la forma más auténtica de celebrar la invitación de Jesús.

Si la Eucaristía no es signo de la memoria subversiva del Cristo condenado por los poderes políticos y religiosos de su tiempo se convierte en un acto mágico en el que los prestidigitadores ordenados convierten ilusoriamente pan y vino en cuerpo y sangre.

Si la Eucaristía no significa celebrar la realidad que vamos transformando en comunidad, con los lenguajes, liturgias, símbolos, músicas, textos y expresiones participativas de todos y todas desde la creatividad de cada grupo comunitario, se convierte en un ritual muerto donde los consagrados que están arriba del púlpito dicen y actúan y los te abajo contestan amén. Este es el triste espectáculo de la mayor parte de nuestras iglesias.

Creemos que ya es hora de que surjan otras voces de cristianos que piensan, sienten y actúan de manera distinta al sentir de la jerarquía. Es hora de disentir y expresarlo sin miedos ni tapujos. Es hora de denunciar el alineamiento de nuestra Iglesia con la derecha y con los movimientos más conservadores (Kikos, Opus, etc). Otro mundo es posible y otra Iglesia también.