ECLESALIA, 29/12/04.- Estamos asistiendo a diferentes manifestaciones públicas por parte de la Conferencia Episcopal y de diferentes sectores conservadores de la Iglesia, en contra de las reformas sociales del Gobierno. El aborto, el divorcio, o los matrimonios homosexuales son algunas de ellas, pasando también por la reforma de la educación.
Como cristianas y cristianos dentro de la Iglesia, nuestra sensibilidad va dirigida hacia las realidades de opresión e injusticia. Consideramos realidades de injusticia la Ley de Inmigración vigente, en la que se excluye a personas solo por ser de otra nacionalidad. También consideramos injusta la situación de la educación actual, en la que se ayuda económicamente a la enseñanza privada y concertada en detrimento de la pública. Consideramos injusta la ocupación de Irak por medio de la violencia, así como el empleo de la violencia para la resolución de cualquier conflicto. También rechazamos los actos de terrorismo realizados por distintos grupos y países: Al-Qaeda, Hamas, ETA, o las incursiones violentas realizadas por Israel en territorio palestino. Además, otras acciones son injustas, como el enriquecimiento económico en perjuicio de otras personas, la falta de respeto hacia el otro, la desigualdad de la mujer, la precariedad laboral, y tantas otras.
Nos duele enormemente que la mayor preocupación de los representantes de nuestra Iglesia en este momento sea su oposición a temas morales con criterios discutiblemente evangélicos. Solo se ve pecado en actuaciones particulares que muchas veces son expresión de amor, y otras de justicia y de necesidad social. No es de recibo que la jerarquía católica solo se preocupe por mantener una vida personal casta acusando y condenando desde su posición, cuando millones de personas se ven afectados y mueren por la injusticia social.
Nos duele enormemente la contracampaña realizada contra el uso del preservativo para la prevención de enfermedades tales como el VIH/SIDA, que está amenazando nuestra salud con mensajes erróneos y falsos que confunden. También nos duele la condena que se vierte sobre las personas que quieren trabajar en pro de la ciencia para una mejor calidad de vida. Nos duele el machismo implantado en la estructura jerárquica. Nos duele la manipulación que se hace de la asignatura de religión para mantener un estatus de poder en la educación de nuestros niños y jóvenes. Y por supuesto nos duele que se ataque al colectivo homosexual y transexual con declaraciones homófobas y antisociales, que aumentan la crispación social y el desprecio hacia nosotras y nosotros.
Nos duele enormemente decir que la opinión de nuestros representantes no coincide con la opinión de toda la Iglesia, pero es así. El diálogo que se anuncia con el Gobierno, debe primero mantenerse dentro de esta nuestra Iglesia, y los obispos transmitir con humildad la voz de la misma. Defender únicamente la suya propia es dar la espalda a la pluralidad que construye.
Jesús dice: “Amarás a Dios sobre todas las cosas,… y al prójimo como a ti mismo”. Nosotros también somos el prójimo. Como cristianas y cristianos homosexuales, nosotros sí nos sentimos marginados y excluidos dentro de nuestra Iglesia. Pedimos ser escuchados. Nosotros también somos Iglesia.
Por último, dar el apoyo a todas las personas cristianas o no, que trabajan por la defensa de la justicia social, en concreto a D. Victorio Oliver, obispo de la diócesis de Orihuela-Alicante, por las iniciativas de sensibilización y acercamiento llevadas a cabo con inmigrantes.
Un abrazo en Cristo resucitado.
