Cristianos por el socialismo opina
ECLESALIA, 29/12/04.- Ante las reiteradas manifestaciones de gran parte de la jerarquía de la iglesia católica que no soporta las leyes y dictámenes políticos de un Estado a-confesional, el movimiento de CRISTIANOS POR EL SOCIALISMO expresa su sentir en estas líneas.
Esta controversia no es nueva, es más bien la explosión de un conflicto latente que viene de antiguo y ahora sale a la luz. Una serie de realidades sociales que no estaban contempladas ni reguladas por la ley, el Gobierno trata ahora de incorporarlas a nuestro ordenamiento jurídico Se trata de la violencia ejercida sobre la mujer, el matrimonio entre homosexuales, la posible adopción de hijos por los homosexuales, la ampliación de los plazos del aborto, la agilización de casos de divorcio, las clases obligatorias de religión, la investigación científica con células madre embrionarias, la autofinanciación de la iglesia católica sin discriminar a otras religiones, no votar a partidos que estén a favor del aborto, etc.
No vivimos en una sociedad cerrada, sino abierta, es decir, en una sociedad democrática que implica el pluralismo y la laicidad del Estado. Parece ser, según se desprende de las declaraciones de algunos obispos y del presidente de la Conferencia episcopal, que está dispuesta al diálogo si el gobierno se somete al “orden moral”. No hay un único orden moral. La jerarquía no puede imponer a todos los ciudadanos una forma determinada de moral, porque existe el pluralismo y existen muchas formas de moral aun dentro de la iglesia católica.
La jerarquía no tiene la exclusiva. Esta puede ofrecer a los creyentes unas orientaciones morales, pero no imponer a los católicos una única moral para todos. Parece que niega al Estado la capacidad de legislar sobre una serie de temas, como los que hemos enunciado y que se viven en la realidad social. No necesitamos tanto adoctrinamiento. Los creyentes vivimos la fe en un mundo adulto y dentro de este proceso de secularización ejercemos la función crítica. Hay otras voces que deben oír los obispos, que no proceden de los sectores más conservadores del catolicismo.
Tal vez, en lugar de ocuparse tanto por cuestiones “morales” haría bien en manifestar su preocupación por el sufrimiento de las víctimas de este mundo, y denunciar las causas que producen el hambre, la marginación y la exclusión, su total oposición a la guerra de Irak, y a todas las guerras, reconocer dentro de la iglesia todos los derechos, deberes y responsabilidades de la mujer, ser más humilde y pregonar la Buena Noticia a los pobres, desde la independencia económica y política. Podría ser cauce de diálogo, de unión, de paz y no de confrontación. Está demasiado integrada en el sistema económico, social y político establecido para realizar su misión evangelizadora.
La iglesia católica no podrá pregonar el Evangelio de Jesús, no será verdaderamente libre, mientras siga manteniendo su situación de privilegio y siga dependiendo de los poderes económicos y políticos del Estado.
