ALMERÍA
ECLESALIA, 19/03/05.- Esta mañana he visto que los tres olivos de la entrada del jardín estaban en flor. Es la primavera. En la parte de atrás, las ramas de los acebuches tenía brotecillos, tiernos, pero totalmente definidos para crecer hacia ramas y pequeñas aceitunas.
Han pasado las heladas, las podas. Toda la fuerza interna de los troncos, concentran su vida para florecer una vez más y ser esperanza de los campesinos.
Las palizas, los zamarreones nuevos, les hicieron soltar sus frutos y convertirse en alimento y riqueza para Andalucía. Hojas caídas, ramas rotas y, ahora, olvidados los malos tratos, vuelven a revestirse de esplendor para ser ilusión de nueva cosecha.
Domingo de Ramos. Como en Andalucía alzan los olivos su brazos hacia el cielo, también los cristianos alzamos nuestras palmas y ramas de olivo para aclamar a Jesús.
El también alzará sus brazos hacia el cielo. No le faltará el maltrato, la paliza, el romperlo, para que suelte su vida y ese sea el fruto que todos esperamos. Su savia tiene que servir para dar vida a los que la busquen.
Como el olivo, reverdecerá, será resurrección, nueva esperanza. Nos dirá que, como la aceituna, como la uva, como el trigo, es preciso morir algo para dar fruto, para sembrar vida. Su savia, esta vez sangre, será vida para quienes queramos hacer las cosas nuevas, distintas.
