DOMINGO DE RAMOS

CARLOS HUELIN

ALMERÍA

ECLESALIA, 19/03/05.- Esta mañana he visto que los tres olivos de la entrada del jardín estaban  en flor. Es la primavera. En la parte de atrás, las  ramas de los acebuches tenía brotecillos, tiernos, pero totalmente definidos para crecer hacia ramas y  pequeñas aceitunas.

Han pasado las heladas, las podas. Toda la fuerza interna de los troncos, concentran su vida para florecer una vez más y ser esperanza de los campesinos.

Las palizas, los zamarreones nuevos, les hicieron soltar sus frutos y convertirse en alimento y riqueza para Andalucía. Hojas caídas, ramas rotas y, ahora, olvidados  los malos tratos, vuelven a revestirse de esplendor para ser  ilusión de nueva cosecha.

Domingo de Ramos. Como en Andalucía  alzan los olivos su brazos hacia el cielo, también los cristianos alzamos nuestras  palmas y ramas de olivo para aclamar a Jesús.

El también alzará sus brazos hacia el cielo. No le faltará el maltrato, la paliza, el romperlo, para que  suelte  su vida y ese sea el fruto que todos esperamos. Su savia tiene que servir para dar vida a los que la busquen.

Como el olivo, reverdecerá, será resurrección, nueva esperanza. Nos dirá que, como la aceituna, como la uva, como el trigo, es preciso morir algo para dar fruto, para sembrar  vida. Su savia, esta vez sangre, será vida para quienes queramos hacer las cosas nuevas, distintas.