LAS MUJERES EN LA IGLESIA
Propuestas para mejorar esta situación
MERTXE DE RENOBALES SCHEIFLER & M. DOLORS FIGUERAS FONDEVILA, dolorsfigueras@telefonica.net
VITORIA (ÁLAVA) & BARCELONA

 

ECLESALIA, 22/11/10.- ¿Paridad en la Iglesia Católica? Dicen que una imagen vale más que mil palabras. La foto de las 4 monjas limpiando el altar del óleo derramado durante la ceremonia bajo la mirada complaciente y condescendiente de los muchos concelebrantes que rodean el altar, todos hombres, dejan en total evidencia, lo que para la jerarquía católica, es la mujer.

La participación de las mujeres en la ceremonia fue del todo humillante: además de las que limpiaron el altar hubo otra que leyó un texto breve. En la homilía Benedicto XVI volvió a insistir sobre el papel de la mujer diciendo que desea pueda realizarse en el hogar y en el trabajo…. del hombre ni lo mencionó: ya está realizado.

Lenguaje. Esta actitud está sutil y hábilmente fomentada por el uso constante, desde hace siglos, de la palabra «hombre» para referirse a hombres Y mujeres, de manera que se ve como «normal» puesto que «se entiende» que diciendo «hombres» «estamos todas».

Los varones que leáis este comunicado, haced la prueba a leer cualquier texto de la Misa sustituyendo la palabra “hombre” por “mujer, o mujeres” Por ejemplo: «Jesús vino a salvar a los hombres». Seguramente os identificáis sin problemas con el grupo al que Jesús vino a salvar. “Jesús vino a salvar a las mujeres” ¿Y ahora? ¿Os sentís identificados con este grupo?. A las mujeres nos pasa lo mismo con la palabra «hombres» que a vosotros, varones, con la palabra «mujeres».

Reflexión. ¿Es necesario aclarar cuál es el papel fundamental de la mujer en la iglesia? ÉSTA ciertamente no es la iglesia en la que las mujeres podemos desarrollarnos plenamente como personas y mujeres.

¿Será por esta razón por la que la iglesia católica NO ha firmado la Declaración de Derechos Humanos de la ONU? Por lo menos han tenido la decencia de NO firmarla ya que la igualdad entre varones y mujeres esta prohibida por razones difíciles de entender, cuando no totalmente obsoletas.

Está claro que somos miembros de la iglesia de 2ª fila -detrás de los hombres- y por tanto es fácil entender que nuestro papel es secundario: las decisiones nos las dan ya tomadas y nosotras las ejecutamos.

El cambio de lenguaje es el primer paso para que todas las personas que formamos la iglesia nos demos cuenta de la situación de marginación del colectivo de mujeres. El esfuerzo de buscar las palabras adecuadas nos ayuda en la reflexión y es un paso importante para que gradualmente alcancemos la visibilidad que todavía no tenemos. No podemos seguir ocultándonos detrás de las palabras. Y así también quizá nos demos cuenta de que existen otros colectivos que están marginados en la iglesia, como son los colectivos de personas divorciadas, homosexuales, sacerdotes secularizados,…

Proponemos dos sencillas actividades que podemos hacer todas las personas cristianas que deseamos que la Iglesia sea la del s XXI, sabiendo que llegar a ser las mujeres miembros de 1ª fila -en igualdad verdadera con los hombres- está todavía muy lejos.

1.- Cada vez que oigamos en una homilía, lectura, oración de los fieles, etc., la palabra «hombre» u «hombres» pretendiendo referirse con ella a «hombres y mujeres», presentemos a la persona responsable del acto la necesidad de modificar el lenguaje, pues está claro que está dirigido sólo a los hombres y nosotras no tenemos nada que ver con ello.

Es hora de cambiar el lenguaje excluyente por el incluyente. Por suerte todos los idiomas tienen, por ejemplo, la palabra «persona», y también la expresión «ser humano» (que aunque humano se deriva de hombre es, al menos, más amplio) y otras. No hay excusas para no utilizarlas.

2.- Las mujeres deberíamos desaparecer de las iglesias y de todo el entorno de la iglesia institucional al menos durante 2 o 3 meses seguidos. Así quedaría patente nuestra aportación. Sabemos en teoría que determinadas personas tienen una gran influencia en nuestras vidas pero realmente nos damos cuenta de cuánto les debemos, cuando desaparecen. NO SE TRATA DE ABANDONAR LA IGLESIA DEFINITIVAMENTE. NO HEMOS TERMINADO NUESTRA RELACIÓN CON JESÚS, NI CON DIOS. SOLAMENTE QUEREMOS CONSEGUIR ESA IGUALDAD QUE AHORA NO SE NOS CONCEDE. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Dedicación de la Sagrada Familia

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