HUMANO COMO JESÚS, SOLO DIOS PUEDE SERLO
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 18/03/22.- Partimos de algo extraordinario. Dios, omnipotente e increado, inmanente y trascendente del que ni siquiera podemos balbucear nada suyo excepto lo que amorosa y gratuitamente nos ha sido revelado; es decir, que se hace uno de nosotros adquiriendo la condición frágil y limitada en todo, excepto en la maldad, sin atajos de ningún tipo… Ni siquiera se avino a nacer en una familia media o acomodada, mucho menos entre las seguridades de un palacio; al contrario, llegó de manera humilde, vivió como uno más la vida cotidiana en un pueblecito de mal nombre y en una zona peligrosa como era Galilea. En un momento dado, Jesús salió del anonimato para acompañarnos en nuestros dolores e injusticias poniendo lo esencial de Dios a nuestro alcance: su amor desbordante e infinito, sanador y lleno de sentido, especialmente con los más desfavorecidos precisamente por eso: porque son los más lo necesitan.

Cuando nos quejamos a Dios de los sufrimientos y dolores, no solemos reparar  en lo esencial: por amor nos mostró la manera de vivir mejor desde la propia condición humana. Aun así, fue incomprendido y rechazado por lo que suponía de cambio hacer el bien. Su amor inquebrantable quiso festejar la verdadera vida, pero tuvo miedo, decepciones, oró muchísimo para pedir luz y fuerza… Su paso por este mundo fue una renovación de la Alianza del Sinaí, aunque no desde una deidad al estilo de Aristóteles, lejana estática, motor inmutable, o simplemente sin implicarse en nuestras vidas. Tampoco desde la ostentación de su poder, algo que aplastaría nuestra libertad.

Su ejemplo, más allá de no hacer el mal nadie, nos acompañó en el día a día humano revolucionando la existencia sin escatimar dificultades, dolores ni frustraciones; alegrías y plenitudes, todo lo que implica vivir la condición humana hasta lo más hondo y de manera plena. Lo más gordo y lo paradójico, es que fracasó como ser humano dando la imagen aparente de que el mal es más fuerte que el bien.

Su vida no fue la que se esperaba del Mesías, de libertador poderoso contra los enemigos del pueblo judío, gracias a un dios con el perfil de las deidades griegas y otras similares, pero no el Dios Amor que se va revelando a lo largo de la historia en nuestras experiencias diarias.

El Mesías se mimetizó en un humilde sembrador de Vida plena sin haber disfrutado de la recolección de sus frutos, pues el domingo de Ramos pronto se transformó en la peor de las pesadillas en medio de calumnias y el descrédito total, humillaciones, tortura y muerte a manos de quienes aparentaban defender a Dios.

Esto es algo que debiera interpelar a nuestra vanagloria pues no somos eslabones sueltos sino partes de una larga cadena de sembradores, incluidos quienes van en la misma dirección sin ser cristianos, algo que ha actualizado la apuesta sinodal de Francisco. Todo lo que va en la dirección del amor solidario, en cualquiera de sus manifestaciones, están en la dirección de Cristo, tal como lo recogen Marcos (9,40) y Lucas (9,50): Quien no están contra mí, está conmigo.

Todos esperaban un Salvador a la manera humana, es decir, alguien con vitola de poder que ponga las cosas en su sitio a los que no aceptan sus mandamientos. El primer sorprendido fue su primo, Juan el bautista que esperaba otro estilo de Mesías más severo y vencedor.  Aun así, quienes no están dispuestos a prescindir de su estatus para mejorar la vida de los que peor viven, pronto entienden que Jesús es peligroso precisamente por lo buena persona que resulta con todos. Y por ser fiel a vivir despojado de su rango, es calumniado y asesinado como un malhechor fracasado ante el oprobio y la cobardía de casi todos.

Ahora bien, esa Cruz está revestida de la Buena Noticia de la resurrección. Vivimos ya pequeñas muertes y pequeñas resurrecciones. No acaba todo con la muerte; al contrario, ahí comienza la experiencia de la fe que no debe ser tan fácil cuando sus propios discípulos se negaron a creer en ella cuando las mujeres fueron apóstoles (enviadas) a comunicarles que Jesús había resucitado. He dicho bien, apóstoles. Os recomiendo vivamente que leáis de seguido los cuatro relatos evangélicos de la Buena Noticia del resucitado. Veréis la claridad con la que se destaca el papel exclusivo del apostolado de las mujeres… Curiosamente, de una mujer nació el Mesías, y unas mujeres fueron las enviadas a comunicar que Cristo ha resucitado…

Ningún otro relato de otras divinidades ha llegado a tanto. Qué acertado está Evaristo Villar cuando escribe “Humano como Jesús, solo Dios puede serlo”. Nadie más.

El riesgo permanente es conformarnos con conocer la cruz someramente, culturalmente, sin transformación verdadera ni ligada a la Buena Noticia auténtica del Dios-Amor a la manera del relato del hijo pródigo. Sin embargo, ahí están las procesiones de Semana Santa, donde el sufrimiento y la muerte de Jesús juegan el papel estelar concitando mucha mayor atención que la Resurrección.

Ojalá estas reflexiones ayuden a vivir mejor la Cuaresma (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia. Puedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).