LA RELIGIÓN… ¿OPIO DE LOS PUEBLOS?
CARACAS (VENEZUELA).
ECLESALIA, 07/07/04.- Después de la muy interesante y amena charla con la que nos obsequió el Dr. Enrique Alí González en la reunión mensual de PROTEOLOGÍA sobre el tema de «Religiosidad popular» una inquietud quedó flotando en el ambiente. Si las manifestaciones de religiosidad popular son numerosas entre los católicos, los musulmanes y los cristianos ortodoxos, pero no entre los protestantes, ¿no habrá una correlación entre religiosidad y subdesarrollo? ¿Entre religiosidad y «tercermundismo»?
A nadie se le escapa que la religión, como toda ideología, es un arma de doble filo. Puede ser liberadora u opresora. Al pueblo de Israel lo liberó de la esclavitud en Egipto, pero fue opresora para el pueblo cananeo en lo que es hoy Palestina. A la caída del Imperio Romano sirvió para rescatar valores importantes de toda civilización, pero posteriormente se utilizó para justificar innumerables arbitrariedades de las clases dominantes además de unas muy sangrientas e imperialistas cruzadas. El Islam permitió la unificación y progreso de tribus nómadas dispersas muy primitivas. En la conquista de América, la evangelización sirvió de excusa para innumerables desafueros, pero hubo voces que se levantaron recordando el Evangelio como la de Bartolomé de Las Casas. La religiosidad cristiana de un Martin Luther King inspiró uno de los movimientos de resistencia pacífica frente a la discriminación racial más extraordinario de toda la historia. El doble filo consiste en que las ideologías al dar unidad de propósito a ciertos grupos humanos, éstos no tardan en utilizarla contra otros grupos humanos e internamente para oprimir a sectores o clases de la misma sociedad.
¿Y qué decir del papel que juegan las religiones en los momentos actuales? Ante todo es importante no sobreestimarlo sin negar su importancia. Los enfrentamientos que observamos en este mundo globalizado son más por los recursos naturales y por niveles y estilos de vida, que religiosos. A escala mundial estamos presenciando la confrontación entre los llamados «primermundistas» y los «tercermundistas». Grosso modo son los primeros los que están «in» en el aparato productivo y los segundos los que están «out». Estar «in» supone que hay demanda en el mercado de trabajo para sus habilidades; en caso contrario se es un «marginal». En un mismo país mal conviven unos y otros; es el porcentaje de los mismos lo que se suele utilizar para clasificar a los países. Lo anterior determina el nivel de ingreso personal que se hace en general en proporción a la calidad del trabajo o habilidad empresarial ocasionando que el valor del recurso natural incorporado en el producto final queda distribuido en forma muy poco equitativa entre la población.
Pasemos ahora a analizar el muy importante papel del resurgimiento de la religión musulmana en el mundo actual. Ante todo vemos que las previsiones del modernismo en el sentido de que las religiones estaban llamadas a desaparecer -pues eran «ilusiones sin porvenir» según Freud- resultaron equivocadas. Claro que el modernismo, que incluyó al marxismo, resultó ser a su vez una ideología qué como hemos visto en el caso de las religiones hay que tener cuidado de no subestimarlas. Pues resulta que el Islam está aglutinando a un gran porcentaje de población que hemos definido como «tercermundista». ¿Estará jugando un papel liberador u opresor? Se puede alegar que el imperialismo protestante anglosajón que como resultado de las guerras napoleónicas se extiende por todo el mundo y particularmente en el musulmán cometió numerosos excesos. Pero también es cierto que el Islam en muchos de esos países fue utilizado para justificar sistemas de gobierno inoperantes, es decir como un opio, pues estimulaba la sumisión a lo que las clases dirigentes invocaban como la «voluntad de Alá». En todo caso sería difícil calificar a la resistencia actual al imperialismo primermundista como pacífica aunque la Revolución Iraní inspirada por el ayatola Jomeini fue en sus inicios no violenta. La Historia tendrá la última palabra pero en todo caso no sólo el terrorismo islámico es condenable pues también lo es el talante belicista del llamado Cristianismo Occidental que resulta ser de lo más anticristiano.
En el caso de Latinoamérica es conocida la suspicacia de la administración Reagan en los EEUU sobre el catolicismo, especialmente con la aparición de la Teología de la Liberación en los 60’s. No iban los asesores de Reagan del todo descaminados pues al menos reconocían el potencial de la religión como aglutinador de conciencias. Pero hay que reconocer que en este mundo globalizado todos dependemos de los demás tanto a nivel individual como de países. Tendríamos que empezar a pensar en una Teología de la Integración pues el «tercermundismo» no podría subsistir sin el primero y viceversa según estamos viendo por el fenómeno del terrorismo sea éste de origen religioso o secular. Es por lo tanto imprescindible integrar la llamada marginalidad tanto en la producción como en el consumo restando importancia al producto total y preocupándose más del reparto del mismo. Aquí el cristianismo podría jugar un muy importante papel, si deja de lado el talante belicista tantas veces invocado por el llamado Occidente y está dispuesto a aceptar lo de «la otra mejilla» naturalmente sin permitir que los violentos se salgan con la suya. Los valores cristianos necesitan ser reinterpretados incorporando los muy importantes aportes de la modernidad y la necesidad de pensar a un nivel universal o global sin excluir a nadie, incluyendo dentro del vocablo «prójimo» también a los «lejanos». Quizás de la actualización de esos valores cristianos dependa nuestra supervivencia como especie humana.
El caso de Venezuela es especialmente interesante pues la polarización que se observa es debida al equilibrio entre las fuerzas primer y tercer mundistas. Esas fuerzas ocasionan confrontaciones de una violencia extrema en otras partes del mundo. Pero en Venezuela el sincretismo religioso logrado que refleja el mestizaje étnico y que incorpora una buena dosis de cristianismo permite confiar en que se logrará la necesaria integración en forma pacífica. Ojalá -Alá lo quiera- sea así.
