SIERVO
A propósito de Marcos 9, 30-37
BERNARDINO ZANELLA, bernardino.zanella@gmail.com
CHILE.

ECLESALIA, 24/09/21.- Hermana, hermano: El instinto de poder tiene raíces profundas en el corazón del hombre, y se manifiesta en miles de formas. También en el ámbito religioso, se pueden usar palabras como “servicio”, “dedicación”, “entrega”, pero hace falta mucha vigilancia para darse cuenta si detrás del lenguaje no se esconde una sutil voluntad de poder.

Jesús atravesaba la Galilea junto con sus discípulos y no quería que nadie lo supiera, porque enseñaba y les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará”. Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas. Llegaron a Cafarnaúm y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: “¿De qué hablaban en el camino?”. Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: “El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos”. Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: “El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a Aquél que me ha enviado”.

Marcos 9, 30-37

Jesús se dedica a la formación de sus discípulos, una formación que no transmite sólo conocimientos, sino una experiencia, opuesta a los criterios de vida de la sociedad.

Aparecen claramente dos opciones diferentes. De un lado Jesús, que va anunciando por segunda vez cuál es su destino: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará”. Es un camino de entrega de la vida, de humillación y muerte que le infligirán “los hombres”, los que no son guiados por el Espíritu del “Hijo del hombre”. No se dice, como en el primer anuncio de la pasión, quiénes son “los hombres” que “matarán” a Jesús: “los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas”, sino que se da una indicación más general, no limitada a la experiencia personal de Jesús, abierta en el tiempo, en el conflicto permanente entre “los hombres” y “el Hijo del hombre”.

Por otro lado se revela el sueño de poder que tenían los discípulos, que “habían estado discutiendo sobre quién era el más grande”. Ellos no pueden entender el anuncio de Jesús, ni se atreven hacerle preguntas. Son como un sordomudo. No puede entrar en su mente la visión de un Mesías humilde, servidor, perseguido y derrotado. Aunque estén acompañando físicamente a Jesús, están totalmente en otra dirección, seducidos por la vanidad, el éxito, el deseo de sobresalir y dominar. Pelean y “discuten” entre ellos. El ansia de poder divide la comunidad. Marcos lo subraya, porque tal vez era un problema también de su comunidad, como lo será siempre.

Jesús, en “la casa”, se sienta: es el maestro en medio de la comunidad, y quiere dar una enseñanza esencial para los que lo siguen. “Llamó a los Doce”: los convoca desde la lejanía de sus sueños ambiciosos, hacia un mundo diferente: “El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos”. Jesús no rechaza el deseo de ser primero. Ojala que cada discípulo trate de ser el primero, y no se reduzca a una vida mediocre y apagada. Pero Jesús indica con claridad el camino, que él mismo recorre hasta el extremo: “Hacerse el último de todos y el servidor de todos”. No es la propuesta de esconder los dones y enterrar los talentos que cada uno tiene. Al contrario, es la indicación de desarrollar plenamente todas las potencialidades, no para usarlas para la competitividad y el prestigio propio, sino para servir mejor a los demás, construyendo una comunidad de hermanos.

Jesús fortalece su enseñanza con un gesto simbólico muy eficaz: “Tomando a un niño, lo puso en medio de ellos”, en su mismo lugar. Es sólo un niño, totalmente dependiente de sus padres; o tal vez, en el sentido más propio, es un jovencito que tiene que atender y servir a todos. No tiene poder ni reconocimiento social. Y Jesús se identifica con él. Acogiendo “a uno de estos pequeños”, los discípulos reciben a Jesús mismo, y en él, al Padre que lo ha enviado. El mensaje es explícito y directo. “Habían estado discutiendo sobre quién era el más grande”: en la comunidad de los discípulos, la máxima jerarquía es la de ese “pequeño”.

María, la “bendita entre todas las mujeres”, elegida para ser la madre de Jesús, le cantará a Dios: “Ha mirado la pequeñez de su sierva”. Elegida porque pequeña (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).