EXPERIENCIAS DE COMUNICACIÓN CON ECLESALIA
MARIO GONZÁLEZ JURADO, un lector más de Eclesalia
MADRID.
01/09/03. Como recordaréis, hace algunos meses la redacción de Eclesalia nos envió a todos sus lectores unas preguntas, para que pudiésemos transmitir nuestras opiniones sobre este informativo, su incidencia en nosotros y la utilización que del mismo estamos haciendo. De las 2.000 personas e instituciones suscritas, dicha redacción recibió nada menos que 252 respuestas, es decir, un 12,6% del total, que le ha servido como realimentación de su tarea a favor de todos.
Al mismo tiempo, a los responsables de Eclesalia se le antojó como buena idea hacer un artículo que, de algún modo, plasmase las grandes líneas y coincidencias expresadas a través de esas respuestas. Para ello, buscaron a un lector más de Eclesalia y amigo (el que escribe) para elaborarlo, con algo más de objetividad y distancia de la que quizá tuvieran ellos. Con gusto y algo de temor acepté dicho encargo, pensando que la heterogeneidad en las respuestas haría harto complicada la elaboración de dicho artículo. Tengo que compartiros que la coincidencia en opiniones y hasta en expresiones me ha resultado muy elocuente y significativa, aunque he preferido no emitir ninguna opinión personal al respecto, dejando que los datos que expongo a continuación, hablen por sí mismos.
El primer aspecto que llama la atención es la diversidad de procedencias de los suscritos a Eclesalia que han enviado una respuesta. Teniendo en cuenta lo que se ha dicho de modo expreso, este informativo llega a: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, España, Filipinas, Guatemala, México, Mozambique, Nicaragua, Paraguay, Puerto Rico, Uruguay, USA, Venezuela; por tanto a cuatro continentes, con prevalencia de América, aunque seguro que, entre los que no han respondido y los que lo han hecho sin decir de dónde son, nos encontraríamos ciudadanos de otros países.
Relacionada con esta diversidad nos encontramos con una gama extensísima de situaciones eclesiales o pertenencias que voy a intentar enumerar (he optado por no citar con nombres y apellidos, ya que desconozco si eso puede suponer un problema para alguien, dado que las respuestas fueron privadas):
Páginas web de contenido cristiano, revistas e informativos cristianos, comunidades cristianas de inserción (de laicos y de religiosos), sacerdotes particulares y grupos de sacerdotes, coordinadores de pastoral en colegios, departamentos de comunicación diocesanos y parroquiales, comunidades cristianas de base, comunidades de órdenes y/o congregaciones religiosas, parroquias en barrios o zonas pobres, equipos bíblicos, corrientes laicales, laicos particulares (docentes, madres de familia, misioneros…), un consejo nacional de mujeres, personas que se declaran ateas, comunidades ecuménicas, misiones cristianas evangélicas, una comunidad de la iglesia presbiteriana unida, institutos de pastoral, grupos de derechos humanos, grupos de trabajo con sectores marginados, compositores de música religiosa.
Dando un paso adelante, sintetizo la imagen que tenemos de este informativo.
Percibimos Eclesalia como una revista de prensa que refleja información de lo que ocurre en la Iglesia y en el mundo leído desde una óptica cristiana, sirviéndose de varias firmas, distintos periódicos y diversas fuentes.
Lo vemos como un informativo “católico”, o sea, universal y englobante. Pero también como un canal en el que se comparte un pensamiento alternativo, una línea librepensante, frente a los que intentan que haya un pensamiento único.
En este sentido, se pueden leer los planteamientos de personas que no tienen acceso habitual a los medios de comunicación pero que tienen mucho que aportar por su formación y experiencia. Algunas de estas personas están marginadas por la Iglesia oficial e incluso amonestadas.
En cuanto a los artículos resultan profundos, equilibrados, propositivos y actuales, por lo que nos aportan reflexiones inquietantes y generadoras de conciencia.
Finalmente, se considera como una puerta de comunicación entre todos aquellos que queremos una Iglesia diferente, como lugar plural de encuentro y de diálogo interreligioso, interconfesional e intraeclesial.
Si nos centramos en el impacto que Eclesalia está causando en todos nosotros, tenemos las siguientes ideas centrales.
Está suponiendo la renovación de nuestra esperanza en que otra Iglesia es posible, lo cual ha sido expresado con metáforas conciliares: “aires de renovación”, “inyección de aire fresco”, “brisa de aire limpio”…
En general, está reforzando nuestros deseos de un mundo nuevo. Y, particularmente, está fortaleciendo el compromiso personal y de las comunidades por ser una Iglesia viva, activa y renovada.
De hecho, está ayudando a que disminuya la sensación de estar solos en la búsqueda de una Iglesia abierta, renovadora, tolerante y auténticamente cristiana.
En el terreno de lo concreto, Eclesalia está ayudando enormemente en la reflexión y formación personales.
Diversos suscriptores resaltan que están obteniendo una información poco accesible para ellos bien por falta de recursos económicos, por estar en iglesias locales muy controladoras o por no hallarse en los cauces habituales de información.
Finalmente, ha generado agradecimiento por la fidelidad en el envío y el hecho de ser gratuito.
Pero además de lo que cada una considera sobre Eclesalia y del impacto que nos está causando, también son múltiples las iniciativas de los suscriptores para aprovechar este material. Se podría decir como comentario general que es casi imposible imaginar cuántas personas acaban finalmente leyendo o escuchando lo que se publica en Eclesalia, porque la dinámica del compartir se hace muy patente en nuestras respuestas. Fijaos en qué diversas ámbitos utilizamos lo que recibimos de Eclesalia:
– Como instrumento de meditación y participación en reuniones de comunidades.
– Para clases universitarias.
– Reenvío por redes universitarias.
– Reenvío por redes parroquiales.
– En hojas informativas de parroquias.
– Difundiéndose entre personas sin acceso a Internet.
– Para clases escolares.
– Para preparación de oraciones y celebraciones.
– Con los catequistas y agentes de pastoral de las parroquias.
– Para preparación de homilías.
– Para programas de radio.
– Para la formación de seminaristas.
– Para formar grupos de estudio teológico.
– Para periódicos.
– En boletines diocesanos.
– Reenvío por redes personales (libreta de direcciones).
Pasando a una penúltima cuestión tengo que deciros que, aunque la tónica de las respuestas es tremendamente positiva y favorable a lo que se hace en Eclesalia y al modo en que se hace, hasta el punto que, si nos hubiesen pedido puntuarles del 1 al 10, no dudo que la media habría estado muy cerca de la nota máxima, sin embargo, también se han manifestado algunas discrepancias así como diversas sugerencias, con el objeto de enriquecer aún más esta iniciativa. Paso a enumerarlas, dirigiéndoselas cariñosamente a la redacción de Eclesalia como retos para el futuro:
– Posibilidad de hablar sobre temáticas más regionales.
– Editarlo en otras lenguas, concretamente portuguesa e inglesa.
– Alguien opina que la comunicación de Eclesalia, a pesar de servirse de Internet, es unidireccional, que no produce un diálogo y considera que, precisamente, es en el diálogo donde se va haciendo la luz sobre las diversas cuestiones.
– También hay quien dice que no se oye la voz de todas las partes de la Iglesia, sino que se nota claramente una tendencia en la frecuencia con que salen artículos de opiniones similares o de autores que están en una misma sintonía.
– Se piden aportaciones sobre celebración / liturgia, experiencias de oración o vida religiosa (temáticas poco tratadas a juicio del que hace esa petición.)
– Se propone que cada artículo incluya al principio un par de líneas que avance su contenido, con el objeto de seleccionar lo que interesa o no, sin necesidad de leer todo el artículo, ya que andamos justitos de tiempo.
– Asimismo que los artículos sean más cortos, bajo la premisa de que los excesivamente largos (según el que opina) se leen poco.
– Se solicita la inclusión de recomendaciones de libros, así como de técnicas para la vida comunitaria.
– Se sugiere la búsqueda de artículos en los que prepondere lo propositivo sobre lo crítico.
– Junto con lo anterior, varias personas solicitan que se aumente el número de envíos, pues dicen que, aunque no les dé tiempo a leerlos en el momento, les resulta de utilidad como material de archivo del que echar mano con posterioridad.
– Y finalmente, una persona reclama conocer al equipo de redacción de Eclesalia.
En fin, redactores de Eclesalia, ¡a ponerse las pilas! Pero también podéis sentiros satisfechos y darle gracias a Dios por el efecto que está causando la semilla que humildemente sembráis día a día, a tenor de las respuestas que habéis recibido.
Y termino este “no breve” artículo, recogiendo las palabras de un compañero anónimo que, a mi juicio, reflejan bastantes de las experiencias que he leído entre líneas, al tener la suerte de conoceros a través de vuestras opiniones. Os dejo con este testimonio (que no es mío, os lo aseguro) y os doy gracias por el entusiasmo y el espíritu que me habéis transmitido.
“Cuando era un chaval iniciaba mis estudios de teología en la Facultad de Granada… Hoy vivo y trabajo en una diócesis de tantas donde se abre camino el miedo, el silencio, el oscurantismo, el cristianismo más rancio, la defensa del dogma y del orden eclesial, siempre desde miradas uniformantes y excluyentes. Son todo un cúmulo de ideologías y de actitudes y de orientaciones parroquiales arrolladoras donde cada día es más difícil la disidencia. En estas circunstancias vivir aislado es lo peor que nos puede pasar porque la tentación de asumir la situación con mentalidad de derrota y abandonar se hace cada vez más presente. Internet, y vuestro servicio entre otros, se ha convertido para mí en una ventana abierta donde a veces cuando más bajo tengo los ánimos me llega una página que parece que hubieseis escrito para alentarme, para decirme que no estoy solo, que no he perdido el norte, que hay mucha gente ahí detrás, que el Espíritu sopla… Agradezco vuestra presencia acercándome la otra Iglesia, esa en la que creo y la que cada vez extraño más. Animo, un fuerte abrazo.”
