CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO
Magnificat
Lc 1, 46-55
Grito la alegría que surge de mi centro.
Levanto los brazos y saltando
grito,
giro en mis pies y saltando
grito
la alegría que no se puede contener.
El movimiento me lleva
de la sombra a la luz,
de la seguridad a lo nuevo.
Me has mirado a mí, toda vulnerable y en muchas partes
rota
y aún así, y desde siempre, has deseado bailar conmigo.
Mi único mérito ha sido
extenderte las manos vaciadas,
encaminar hacia Ti mis pies no saciados
y dejarme vencer por Tu Música.
Vencerme sin mi esfuerzo, solo con
Tu Música.
Y ahora grito para que me escuchen todas las mujeres de la Tierra:
Tú transformarás su vagar sin forma
en ritmo y latido y plenitud.
Esta es mi profecía. Y también mi danza.
Mari Sol Pérez Guevara, InesperadaLuz2022@gmail.com
© 2022 Mari Sol Pérez Guevara
CC BY-NC-ND
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